mayo 07, 2018

Milonga de mi sangre

Soy en una calle de Zagreb la encantada
piedra que cuenta su leyenda a mi mirada.
Puedo ver desde todas las antiguas ventanas 
el dilema que alumbra el farol en sus entrañas.

En el Sava hay más de un río
que deviene por el rito del olvido.

En el humo de tu secreto bebo
el festejo de tu amor malevo.
Van mis botas por tu cuerpo
en baile nocturno y de lamento.

En el Sava hay más de un río
que deviene por el rito del olvido.


Zagreb, libro Letras descarriladas

abril 08, 2018

Ya nos conocemos demasiado

 Tanto me han hablado de lo misteriosa que eres, ¡ay, mujer!... Por mucho, que yo, este yo, por ocultar lo nuestro, jamás lo haya deslizado, y ni siquiera alertado, en ningún tipo de entredicho. No podría decir nadie que, alguna vez, háyase insinuado que, entre nosotros, hay cosas que nos suceden, que hay cosas que nos unen, porque hay cosas de lo nuestro, de lo que no, de lo que no debería hablarse. 
Porque al verte siempre allí, al borde de mi cama, te quiero sólo mía, y ¡jamás te deseé con otro! En estas palabras algunos recibirán lo mío como muestra de  egoísmo, pero serán más los que coincidirán que, si yo me quedo contigo, los demás podrán continuar con sus vidas más tranquilas, y que yo, al enrollarnos, evito que otros caigan en tus trampas y acepten lo que no podrían.
Tanto me has visto, y tanto te he dejado verme, que las veces que te he rechazado nunca fue porque no te qusiera, o porque no te respetara... Quizá fueron tus maneras, o puede que tus tiempos, sí, más que otra cosa, tus tiempos, los que por mi escasa voluntad, ante tu prepotencia, no logramos llegar a algún acuerdo. 
Pero aún te veo todas las noches en mi cama, esperando que yo deje de esperarte, y que te invite a meterte entre mis sábanas, y hacer lo que siempre sabemos has tramado. Y sería la primera vez que nos amemos, pero también sabiendo que no se volvería a repetir el acto, porque después, de mí, no quedaría nada, y una vez tuyo, no volvería a ser el que yo soy.
Ya sé, que existieron muchos besos, y que hemos cruzado alguna vez los protocolos, pero sabiendo lo que yo podría darte al amarte, tengo a veces una sensación que no es de miedo. Es la prudencia, la que me pide que cuando lo que deberá suceder finalmente suceda, sea con exquisitez. Y con la pasión que me haga tuyo, también quisiera, pidiéndote que, en ese instante orgiástico donde yo te dé la bienvenida, y tú vengas por mi despedida, también sentir, por igual, que yo, peligrosa dama, te hice un poco mía.
Como dijera Luis Eduardo, ¡ay, muerte de mi vida!
Split, MMXV
Tin Bojanic

abril 02, 2018

Aplausos sobre Puerto Argentino

(foto de Anibal Eduardo Rotondo)
No recuerdo bien si aquel 2 de abril de 1982 ya experimentaba cierta fascinación por el calendario siendo un niño en un jardín de infantes, cosa que sí fue sucediendo con el correr de los años. Tampoco recuerdo bien cuál fue el primer 2 de abril que comencé a levantarme emocionado, pero sé que sucedió cuando cursaban la escuela primaria. Y desde entonces, aún hoy, siento ese deseo, de estar allí, desembarcando, recuperando el territorio que nos falta, para ser un país completo, libre, y soberano. Porque cada dos de abril quisiera estar allí, en 1982, aún sabiendo lo que luego sucedería. Aún si me tocara la derrota y ese dolor que conllevan de por vida nuestros veteranos. Aún, si feliz como Giachino, muriese tras haber cumplido el sueño de ver a nuestra bandera flameando victoriosa sobre las Islas.
            Pero qué difícil se hace reconocer tantos errores cometidos por quienes comandaron la guerra sin estar a la altura de las circunstancias. Pero qué difícil se hace reconocer a la derrota cuando nuestros soldados estuvieron dispuestos a pelear la gran pelea, y que lo hicieron sin reconocer sus limitaciones. 
            La Argentina es una nación que no está en paz, y que no lo estará, hasta que no le devuelvan lo que le fuera usurpado. Que no encontrará la paz en plenitud hasta no recuperar el pleno ejercicio de su soberanía. Porque no existe la libertad cuando se vive con una parte de nuestra patria ocupada militarmente por el enemigo.
            Se perdió una batalla. Es cierto. Pero las guerras se pierden cuando ya no existe el deseo de victoria, el deseo de revancha, el deseo de honrar a todos aquellos que murieron sin haber visto que, una vez más, arriaron nuestra bandera en nuestra propia casa. 
            Aquí se me hace incomprensible que no se haya recibido a quienes pelearon en el frente como la historia argentina y el honor nacional lo exigía, y que aún lo exige. 
Es por eso que yo tengo un sueño. 
El mismo consiste en que deberían todos nuestros veteranos ser desplegados al mismísimo lugar de arribo desde el frente tras ese 14 de junio tan doloroso. Pero esta vez, ser recibidos como si regresaran del frente en este momento. Como si fuera hoy 1982, porque la causa Malvinas no es del pasado, es presente, y es un sueño del futuro de cualquiera que se digne de llamarse argentino. Además, posee la virtud de arrojar toda mezquindad en el pozo hipócrita de la grieta impuesta por todos aquellos que no aman al país y que generan deshunion.
            Imagino la caravana de soldados marchando desde el sur recorriendo toda la patria libre, y tal vez realizando una suerte de vuelta olímpica por todo el país, para que nadie se pierda el privilegio de aplaudir a nuestros gladiadores. Para que entonces sí, finalmente, ocupen la Plaza de Mayo. Esta vez, no la gente que los alentó a la pelea, sino sólo aquellos que arriesgaron la vida por nuestra bandera. Y recién después, en ese balcón de la Casa Rosada, que se prestó para tanto circo y tantas veces, que un abanderado de los veteranos sea quien anuncie unos vivas a la patria, para lo cual, recién entonces, entremezclándose con nuestros modernos granaderos sanmartinianos, se llene la histórica plaza con toda la gente gritando con ellos y todos juntos unos vivas a la patria, Malvinas Argentinas, y un muy fuerte: ¡volveremos, carajo!
            Así, entonces, el 14 de junio, debería oírse un aplauso agradecido, emocionado y patriota, que se haga escuchar en todo el país, en todo el mundo, pero muy especialmente, sobre Puerto Argentino, y sobre nuestro faro moral, el cementerio de Darwin. Porque La Argentina no está rendida, porque Malvinas, no se olvida.

2 de abril de 2018

marzo 27, 2018

“Phantom Hour”; by James Meetze

 I would like to say that this book is full of poetry.
There are some books that are composed of poems, but this one is a poem composed of the book. It reads as if many voices inhabit it. Or, maybe, it’s that many voices echo in the heart of one poet’s voice
Reading it I thought I found some poison of Hemingway, but later on I thought I was reading non recording songs of Morrison, and sometimes I felt that Ginsberg was describing the picture of the actual world, at the present, and again.
But then I realized that I discovered what was going on: I discovered this true poet James Meetze, with a real style, just on his own.

marzo 14, 2018

“An Illustrated History of Slavic Misery”; by John Bills

“I am a reader. I confess that I read a lot, and when John Bills presented his book “An Illustrated History of Slavic Misery” at the House of the Father of Croatian Literature, Marko Marulić (or Marvlvs Library Jazz Bar), I knew it was going to be different. Maybe it was because I think that the writing and the writer should always be linked, even though that does not always happen, or maybe it was because I live in Split, Croatia, and thus have a keen interest in this part of the world. The truth is that this book is one of the most interesting, clever, and downright funny books that I have read in many years. Mr. Bills is an excellent writer, a fantastic comedian, and every word you read you will feel he is in front of you, smoking, drinking, and telling you a story that you cannot avoid, and that you will, for sure, enjoy”.

Split, Croatia

marzo 13, 2018

Excursión al fin

En la infancia, lo interesante convive con la fantasía, y la imaginación es complementaria de todo aquello que se percibe confusamente. Pero más allá de la falta de experiencia, la inocencia es, tal vez, un valor que todo lo purifica, y un lugar donde el niño halla refugio conceptual.

Una escuela primaria realizaba mensualmente una visita guiada por diferentes instituciones. Así fueron una vez al correo y le escribieron una carta a sus abuelos. Visitaron un cuartel de bomberos e hicieron sonar la sirena del carro más grande, viendo cómo los hombres que combaten el fuego descendían de los primeros pisos deslizándose por unos tubos cual dignos superhéroes. Ahora era el momento de ir a recorrer el hospital de la ciudad, ese lugar donde los hombres de blanco inmaculado se dedican a curarnos, y donde esos héroes doctores salvan vidas a diario.

En el estacionamiento del hospital descendieron ordenadamente del colectivo escolar los alumnos. Reunidos en círculo, un grupo de unos treinta chicos y chicas, de entre diez y doce años, escuchaban las recomendaciones de una joven maestra que les suplicaba la hicieran quedar bien durante la jornada. La fascinación y el respeto hizo callar a todos cuando se les acercó una médica de la edad de sus madres,  y una enfermera, de la edad de una tía.

Hechas las presentaciones se formuló la obligada pregunta de si en el grupo había alguno que cuando fuera más grande quisiera ser enfermero o médico. A lo que temerosos ninguno respondió positivamente por las dudas si ello implicaría ir a ver sangre en algún oscuro laboratorio. Expectantes comenzaron la excursión en el mundo de los hombres que salvan vidas.

Mientras el enfermero cuidaba que los chicos no tocaran el instrumental a sus alcances, y recordándoles con insistencia que debían hacer silencio al explorar los laberínticos pasillos, la doctora explicaba de la manera más sencilla posible los espacios que visitaban.

Primera sala. Gente mayor recostados en sus camas, y en una de las paredes un gran televisor con una telenovela en su pantalla.
Doctora – Aquí es donde cuidamos a nuestro abuelos. Contamos con  especialistas que saben de los dolores que tienen nuestro mayores y cómo tratarlos. Y si nos acercamos de a uno, pero muy despacio, a las camas de estos abuelos, me parece a mí, pero creo que tienen caramelos para darles.
Enfermero - ¿Vieron qué lindo que es cuidar a nuestros abuelos?

Segunda sala. Un quirófano de alta complejidad con muchas máquinas indescifrables.
Doctora – Sobre esta mesa metálica se realizan intervenciones al corazón. Con la tecnología de hoy nos es posible, inclusive, realizar un transplante del mismo. Esto es gracias a la donación de órganos. Cuando lamentablemente se pierde una vida, hay veces que el destino, en sus misterios, le prolonga la vida a otra persona.
Enfermero – Entonces, chicos, cuando les duele el corazoncito por amor, vendrán aquí y la doctora les va a curar.

Tercera sala. Unos pocos niños con vendajes o con las cabezas rapadas.
Doctora – Ahora pueden visitar a unos nuevos amiguitos que están pasando unos días difíciles, pero que pronto podrán jugar con ustedes. Con muchísimo cuidado pueden acercarse a darles un besito e intercambiar sus números de teléfono para enviarles mensajes de ánimo y arreglar para visitarlos otro día.
Enfermero – Ya han visto cómo cuidamos a nuestros abuelos, cuánto nos preocupa el amor, que los niños son lo más importante, pero ahora, iremos a ver  a los bebés…

Cuarta sala. Hay dos madres con sus recién nacidos en brazos tras unas puertas con ventanas muy grandes. Y pasa una camilla a toda velocidad con una madre y sus últimas contracciones, siendo empujada por una enfermera y quien pareciera ser el padre del bebé por nacer por el pasillo y entre los alumnos. Todos percibieron la inmensa ansiedad entremezclada con la alegría del momento.
Doctora – Miren aquella mamá que esta a punto de dar a luz, de la misma manera pasó por aquí la madre de cada uno de ustedes. Y luego estará ella con esas otras madres cuidadon a su hijito recién nacido.
Enfermero – No podremos acercarnos mucho porque debemos cuidar de cualquier tipo de infección a estos nuevos hermanitos que llegaron al mundo. Hay que tener muchísimos cuidados con estos bebotes.

Al dejar la sala donde nacen los bebés, y antes de salir finalmente al estacionamiento, despidiéndose del mundo de los que salvan vidas, a los chicos les llamó la atención ver a varias mujeres sentadas en unas sillas desordenadas, con las miradas perdidas, e ignorando con la mayor indiferencia la presencia de ellos.
Doctora – Qué bien se portaron estos alumnos en el día de hoy.
Enfermero – Uno de los mejores grupos que nos ha visitado, sin duda.
Maestra – Ahora que ya no hay que mantener tanto silencio, si alguno quisiera hacer una pregunta, puede hacerla.
Alumno con anteojos –dirigiéndose a una de esas mujeres- Disculpe, ¿usted viene a dar a luz?
Señora – No. Estoy aquí para una interrupción de embarazo.
Maestra – Por favor, chicos, no molesten a la gente.
Doctora – Esas son cosas que le explicarán cuando sean más grandes.
Alumno con anteojos –dirigiéndose al enfermero- ¿Qué es una interrupcion de embarazo?
Enfermero – Bueno, es cuando una madre no quiere ser madre… y decide terminar con el embarazo para… no dar a luz a ese bebé.
Alumno –dirigiéndose a la doctora- ¿Por qué no quiere a ese bebé si es la mamá? Y si no lo quiere, ¿por qué no se lo da a mi mamá que le gusta ser mamá? ¿Qué harán con ese bebé?
Maestra – Por favor, chicos, no pregunten sobre cosas que no entienden. Les damos las gracias a la doctora y al enfermero por haber sido tan buenos anfitriones y vamos a saludar diciendo todos juntos un gracias, como hacemos siempre tras una visita, ¿qué les parece?

Alumna con trenzas – Seño, ¿podemos decir malas palabras?

Split MMXVIII
Libro Quitamiedos

marzo 07, 2018

UNA ACCIÓN DESESPERADA

Me dicen que piense en positivo. Que intente alejar las malas sensaciones y los terribles pensamientos que me hablan. Pero es domingo y no tengo que ir a la oficina. Allí puedo murmurar mi bronca con la gente a la que atiendo por teléfono y con mis compañeros. Toda mi bronca va en silencio para mi jefe cuando me dirige la palabra. Todos me parecen ridículos en el trabajo: ¡mucho más de lo que les pueda parecer yo a ellos! Entonces, como es domingo puedo extender mi decepción a todos los hombres de esta gran oficina de rutinas que es el mundo. ¿Por qué viven los demás o qué les hará tener algún motivo mejor que los que tengo yo para no encontrarle el sentido a esto de vivir, de estar acá? Cuarenta y dos años intentando hallar una motivación cualquiera. Sí, quizá los demás no se odian a sí mismo como yo. Hay que joderse. Cartesianamente esto es lo único que sé: “me odio, ergo odio existir”. Es que no entiendo que alguien pueda quererse siendo nuestra especie tan torpe para siquiera sobrevivir sin perturbarse. Aunque mi madre me quiso, a su manera, pero las madres tendrán otra cosa, ¡que yo no soy madre ni tengo hijos! Que yo fui un niño normal, siempre algo enojado, eso sí. Y miro desde el balcón y ni ganas de saltar me dan, ni ganas de sentir el vértigo antes de matarme… Y allí el zoológico cruzando la calle… Sí, malditos hombres, y maldito yo por ser de su tribu. ¿Cómo es que los tienen encerrados a esos bichos, a esos animales que bien pudieran estar viviendo salvajemente y libres?; ¡cosa que yo no puedo! Que también yo vivo en una cajita dentro de esta colmena de olores y de ruidos espantosos. Debería destruir esa cárcel de animales.  
Lo tengo todo estudiado. Los horarios de los guardias. Por donde entran y salen. ¡Hasta qué galletitas comen! Cómo y por dónde entrar por la noche y cómo alcanzar la jaula de los leones sin ser visto, ni que me atrapen antes de tiempo. Y seré un héroe de leones, que la opinión de verdaderos reyes me motiva más que la de los tantos que se creen jefes. Yo los soltaré para que hagan lo que quieran, que no mueran en vida como yo. Ojalá se venguen. Quizá ellos harán un desastre por mí, que soy cobarde en este punto, y será también mía la venganza a través de sus garras. Tengo las herramientas, mi traje oscuro, gafas para despistar o para generar sospechas que no sospecharán jamás correctamente… Tantos años observando el zoológico y nunca antes había entendido que era como una señal. Allí no abriré solamente la jaula de los leones: ¡será abrir la jaula donde me lastiman mis miedos! Ya van triturando mis dientes en felicidad nerviosa la tanta angustia que soy… Estoy frente a la jaula. Los leones duermen. ¡Tlac! No hizo mucho ruido la puerta al romperse. La abro… Abierta… ¡leones, destruyan esta jaula de cemento! ¡Jajajaja!... ¡Joder!... ¡Son muchos! ¡Cuidado!... ¡Leones de mierda! ¡Nooo! ¡Aaaaaah!
Tierras de Adrogué