noviembre 13, 2018

Somos hijos de Dios

A René Descartes


Los seres humanos y todo el Universo somos parte de Dios. Porque si Dios es acto puro resulta imposible que haya existido sin nosotros, pues si hubiéramos sido una creación en potencia de Él negaríamos su esencia necesaria de ser acto absoluto. Ser parte de Él no significa ser igual que Él, sino que debemos ser pequeñas sustancias o almas –Dios en nosotros- que lo conforman. Así queda claro el conocimiento innato que me permitió desarrollar esto, o mejor expresado sería decir que Él lo desarrolló en mí. 
         Puedo agregar que Dios no es un inventor que nos situó en el mundo para observarnos, sino que demuestro con esto que es un verdadero padre nuestro porque la sustancia que somos proviene de la sustancia de Él y por lo cual somos sus hijos. Este despliegue de sustancia no corresponde al tiempo porque fue un hecho presente y eterno en su existencia, porque no es posible que nos ame ahora sin habernos amado antes cuando supuestamente aún no existíamos: el nos ama en verbo presente por lo cual siempre fuimos y somos con Él, ¿acaso es posible la delimitación o fragmentación de las sustancia divina o confirmar que nos hemos separado?
         Prosiguiendo con ese pensamiento, sintiendo que somos parte de Dios, entonces no puede transcurrir el tiempo tal como está concebido en pasado, presente y futuro, sino que debe acontecer una simultaneidad metafísica. Nuestra finitud no puede concebirlo de esa manera y por ello debe dividirlo en los segmentos mencionados para poder comprenderlo. Ustedes dirán que cómo puede ser que si somos parte de Dios nosotros seamos seres finitos cuando Él es infinito, y aquí vuelve a ser precisa la antigua sentencia: “el todo es superior a las partes”. 
         Si cada ser humano es habitado por esencia divina, ¿qué sucedería si todos nos reconfortáramos y uniéramos con los abrazos del corazón comprendiendo que somos hermanos e hijos de Dios? Quizá todos juntos seremos Él o, en su alternativa maravillosa, veremos su rostro de felicidad porque lo habremos comprendido todo.
         

Hijo del Padre
Tierras de Adrogué 2005

octubre 26, 2018

Canto nerudiano


Quiero volver a saborear cada palabra
para desembarcar en los senos de la poesía
y así olvidarme de los llantos funebreros
que me impiden navegar las barcas mías.
 
Me disfrazaré de piedra cuando sea oportuno
pero sabré acariciarte como lo sabe la seda,
cuando la naturaleza arregle el tiempo y yo vuelva
a sentirme el alma animalada en nuestro asunto.
 
Denme todas las montañas
que yo les traeré un ramo de estrellas;
quieran que viva como anhelo
y les dejaré mis palabras para cuando quieran.

octubre 10, 2018

Amerika

Mati Bojaniću

Stari Grad, otok Hvar, Dalmacija, početak 20. stoljeća

Brodovi se ljuljaju na moru. Jure se vraća iz ribolova. A Vlado je na terasi oštarije. Ne znam bi li trebao sjediti ovdje ispred uvale i ovako gledati mjesto, ne čini mi dobro. Ne znam bi li bilo bolje izbrisati iz sjećanja sve ove slike. Jer ako želim početi nov život na nekom dalekom mjestu, sve ovo će me gristi za srce. Ali tko bi mi vjerovao ako kažem da ću jednog dana zaboraviti moj otok i moje ljude, da se jednog dana neću htjeti vratiti da vidim barem  da li me se netko još sjeća. Zapalio bih cigaretu ali ne pušim. Sva sreća, jer bi zapalio cigaretu veću od samog mjesta. Ne želim se oprostiti od nikoga a ovdje me svi vide. Gdje je Nikola sa svojim brodom?
Znam da će moja majka plakati u krevetu jer sam je zamolio da se ne dolazi opraštati od mene ovdje, jer sam joj obećao da ću htjeti samo da me dočeka kad se vratim , ako se budem mogao vratiti.  Plakat će i zato što zna da nisam zadnji koji će otići, jer će i ostala braća vjerojatno učiniti isto. Otac sakriva suze dok radi ; znam da me je jutros došao poljubiti prije nego je otišao raditi i nije govorio o mom putu kao prije već je samo otišao hineći oproštaj.

octubre 01, 2018

El tango y el flamenco

En una plaza de Sevilla, y algunos afirman que fue en la de Santa Marta, se encontraron finalmente el tango y el flamenco. Se dice que fue al anocher en un día de limpia primavera. La gente era poca pues acontecía algún evento político o deportivo que, nuestros personajes, disfrutaban ignorándolo. En uno de sus árboles de tronco fino se hallaba ella, reposada, y era una andaluza bien morena y en vestido al rojo vivo; y sus ojos eran tan grandes como la rosa que llevaba en su cabello, y esos ojos perfumaban aún más aquello que veían. En otro de los árboles se hallaba él, como escondiéndose pero sabiéndose que era bien visto, un porteño rubio de traje negro y de sombrero gris, en concordancia con la flor que llevaba en el bolsillo del frente de su saco audaz. 
Se miraban sin disimulo y sin ocultar el sudor de sus frentes, un poco por el calor y otro tanto por el furor de ese encuentro. Se oía una canilla repiquetear en una de las esquinas agregándole tensión, y desde una ventana estirada zapeaba fuertemente una guitarra protestando la indecisión de la velada. Una pareja pasó tomada del brazo interrumpiendo la escena, y presintiendo lo que se avecinaba, aceleraron su andar sin osar mirar a ninguno de ellos a los ojos ni hacer comentario alguno. Porque podía sentirse que el tango agazapado estaba por tomar a su presa, esa mujer flamenca que comenzaba a extender los brazos como si quisiera tocar las estrellas entrelazándolos en el tronco del árbol. Mientras, el tanguero tomándose de su árbol, se asomaba por un lado y por el otro, una y otra vez, sin decidirse por cuál flanco y con qué velocidad, finalmente, atacar.
Ella seguía seduciendo al tronco del árbol y moviendo y golpeando el aire con sus caderas; mirando el cielo que ya se hacía de bella noche. Pero en repentina decisión bajó la mirada, e inclusive bajó el mentón, para mirarlo fijo y en desafío a ese hombre que ya comenzaba a deslizarse en paso cabrío sobre el empedrado, y era como si las miradas de ambos hubieran sido atrapadas por los hilos del deseo. Y los dos se negaron a parpadear siquiera.
Con la mano izquierda saludando con el sombrero y con la otra mano en la cintura. El varón se acercó hasta desplegar su mano derecha muy a punto de tocarla. Ella bajó sus brazos dejando su mano izquierda dibujando corazones en el centro de su pecho y le entregó la otra mano para poder ser guiada adonde él quisiera. Así el tango la arrimó a sus brazos para sujetarla por la espalda y en el mismo movimiento, ahí mismo, intentó besarla. 
El flamenco se negó a ser besado, y la mujer se escabulló con gracia y comenzó a zapatear y hacer flamear su falda mientras rodeaba al hombre como cual presa que tiene la oportunidad de volverse –por unos momentos- quien caza. Entonces los dos comenzaron a girar sobre sí mismos, ella golpeándole con la falda, y él saludándola con el sombrero en cada ocasión que coincidían sus miradas, que también era cuando maullaba una gata en celo en el tejado enfrentado de donde salía la música de la guitarra.

Entre la melodía y el baile ella decidió preguntar:
-¿Qué hace y quién de precisos ademanes, y en buen porte de bailaor, venir desde lejanos mares,  sin importarle mi nombre y pidiendo amor?
-Ya me perdonará tras esta noche muy atrevida, que por buscar lo que hace mucho yo deseo, que son pocas las veces en esta que es mi vida, que cuando dos danzas se baten a amor digo que es lo mismo decir que a duelo.
-¿Ah, sí? Yo que soy todo vida y buen lamento, todo el color y la gran fiesta, tengo del pueblo su antiguo gesto, y de Dios nos llega la sutileza.
-Por ello me verás presentarme de negro, porque traigo el llanto y contengo aún el sueño, de jugarme con mi poesía entero, y me digas que en el amor seré tu dueño.

Estando de espaldas parecían hablar, estando frente a frente simulaban ignorarse. En el ambiente había histeria de teatro, sexo contenido que dirigía la tensión, respeto en cada movimiento del baile. El vestido del flamenco encendía la noche, y el negro del traje servía de escondite para las fantasías que iban generándose. El flamenco avivaba a las estrellas y el tango perfumaba de intenciones a las flores. Ambos eran la vida y la muerte, la euforia y el llanto, que si coincidían en vida el taconeo el movimiento era más fuerte; que si coincidían en el miedo a la muerte, el movimiento era un temblor estremecido provocado por las fragilidades que en el amor yacen expuestas.

-Me dicen tango  y por tal he amado bien y por tal he amado mal. Si soy el tango es porque doy la vida en cada suspiro, siempre encarnando todos los sentimientos que me animan. Si voy de negro es porque no la he tenido fácil y tuve que aprender a improvisar, y porque aún tras la noche del más certero amor, siempre se corre el riesgo, de que a uno, le rompan en mil pedazos el corazón.
-Me dicen flamenco y por tal he amado bien y por tal he amado mal. Si soy el flamenco es porque entrego mi vida en cada suspiro, porque no hay medias tintas en esta inspiradora expresión. Si voy de colores vivos es porque he dejado el pasado atrás y siempre hay un mejor día que añorar, y porque aún cuando no me convenga el desamor, hay de sobra corazón para volverlo, una y otra vez, a intentar.

Girando sobre sí mismos y dibujando entre los dos siluetas diversas llegó el momento en que él la provocó, cuando llegó el momento que ella calculó, que los dos quedaron frente a frente con los labios separados por el grosor que tiene el pétalo de una flor. La guitarra tomando nota de lo que sucedía entremezclaba acordes del flamenco con los del tango. 
El tango y el flamenco se besaron ese día.
Ese beso se alargó y la guitarra se retiró. Ese beso no se detenía y las luces se apagaron. Sólo las estrellas y el repiqueteo del agua acompañaban la cita. Y el maullar enloquecido de esa gata les auguraba algo más que un beso que nos entrega algunas veces el azar.
El tango y el flamenco se besaron ese día, que fue noche, que fue duelo, que fue todo lo que es vivo, que fue todo por lo que se muere, en una plaza de Sevilla, y tal vez fuera en Santa Marta un día.

Spalatvs 2018

septiembre 28, 2018

Almuerzo de Guerra

La Argentina combate en Europa


A los héroes verdaderos de Malvinas

A los latinoamericanos y hombres justos del mundo
Que sienten como si fuera propia la impotencia y el dolor
Por haber visto caer a las bombas inglesas sobre el pueblo argentino.


“El destino no dudará jamás de aquellos que se mantengan fieles a él”.


Adentrándose

Durante la Guerra de Malvinas de 1982, entre La Argentina y el Reino Unido junto a sus aliados, por la soberanía de las Islas y en contra de la piratería y anacrónico colonialismo, hubo un plan secreto llevado a cabo por marinos y guerrilleros argentinos para hundir buques británicos en Gibraltar. Se quería lograr de ese modo el repliegue de los invasores sembrándoles la confusión sobre que todo fuera un ataque soviético en plena Guerra Fría. 
Los comandos argentinos fueron interceptados en Algeciras por oficiales españoles. Se sabe que hubo una intrigante comida en la cual se discutió la continuidad del operativo, el si hacer prisioneros a los argentinos, y otras alternativas… ¿Qué pudo haber ocurrido en ese almuerzo de guerra?  

Dublin, 2007



septiembre 06, 2018

Tus latidos míos y mis latidos tuyos

 Allí en la oscuridad sin la memoria
latiendo en milagro tierno y bendecido
sentimos tu pelea por esa nuestra vida
que nos proclamó feliz y en familia unida.

Allí en la oscuridad sin la memoria
siento esa primera impotencia real fea
de ser padre ante la suerte de los hijos
por querer estar peleando su pelea. 

Mi corazón late hace tiempo, y así sea,
sólo porque tu madre así dice que lo quiere,
Pero desde que he visto tus latidos sorprendido
daría los míos para que los tuyos sigan vivos. 


Tin Bojanic
Escenarios aledaños

agosto 31, 2018

Desde la eternidad de mi infancia

 Me emociona recordar el momento en que nos conocimos. Creo que habíamos oído hablar el uno del otro, pero no lo sé ahora porque puede ser que peque mi lado narciso. De lo que estoy seguro es que yo sí estaba acostumbrado a oír decir de muchos lo linda que eras, que con cuánta ternura hablabas, la manera única que tenías para endulzar un corazón resucitándolo de cualquier tristeza. Hasta hay quienes te criticaban adjudicándote responsabilidades insensatas como que por tu culpa distraías a todos con tonterías. Pero yo creí en vos. Desde siempre. Cada vez que escuchaba a alguien nombrarte ponía especial atención, intentando reunir información, conocerte un poco más. Era un niño pero entendía que me estaba enamorando, ¿quién dice que hay una edad precisa para caer en el idilio? 
       Entonces llegó el momento en que viniste por primera vez a jugar a casa. Nos sentamos frente a mi escritorio y miramos por la ventana de mi habitación. Observamos los colores del pino de mi jardín, le preguntamos a mi perrita qué sentía al vernos juntos y nos tomamos de la mano escuchando un vals que nos vio bailar abrazados. Inmediatamente nos sentimos uno dentro del corazón del otro y latimos al mismo tiempo. Tomamos la pluma y escribimos los primeros versos de amor, lo que primero sentimos, y aquello era paz, y así de inmensamente sencillo se tituló mi primer poema. 
       Desde ese día nos hemos visto prácticamente todas las tardes al regresar del colegio. Explorábamos mi jardín, caminábamos por las calles de mis Tierras de Adrogué disfrutando cada una de las palabras que nos decíamos. Cada árbol era un amigo y cada empedrado una isla de sueños. Yo te llevaba de la mano a todos lados. Si estaba con un amigo estabas autorizada a oírnos y te dejaba opinar, porque nuestra relación siempre fue absolutamente libre y plena de confianza. A mí no me importaba que algunos no entendían lo importante que eras en mi existencia. Cosas de niño, o está bien jugar tanto cuando se crece, parecía justificar nuestra relación. Quizá nadie entendía que ese jugar era algo serio, porque era algo importante, y que nosotros siempre supimos que el amor que nos teníamos, o para no comprometerte mucho, que el amor que yo sentía, era el sol de mi mundo. Sé que te gustaba que mis padres te miraran coma a una hija más.
       Llegó la adolescencia y comenzamos a discutir. Muchas veces me recriminaste por volverme algo más serio o mostrarme algo más triste. Te notaba afligida cuando me veías hablar de temas sin ensueño o cuando comencé a transmitirte mis problemas, a develarte mis angustias. Pero te quedaste a mi lado, siempre compañera, acariciándome y acercándome los libros que me ayudaran a resistir, brindándome la palabra justa cada vez que te necesité. Porque nunca me abandonaste. Así, pues, comencé a admirarte, a respetarte mucho porque no eras la niña con la cual yo jugaba tiempo atrás, te estabas convirtiendo en toda una mujer, y también sentía que no te hacía falta madurar. Para mí ya eras eterna en mi corazón y en la vida misma. Confesar esto quizá sea algo malo, porque en una relación uno debería complementarse de una manera más o menos equiparada, pero yo comencé a abusar de tu grandeza y me refugié en tu pecho, más de una vez atemorizado. Eso sí, contabas con mi defensa incondicional y que cuanta cosa hiciera yo en la vida te iría dedicada, en placentero agradecimiento.
       Al despedir tempranamente a un hermano te aferraste a mí, tal vez por miedo a ver que aquel corazón de niño que permaneció inocente se destruyera. Con tus manos hacías latir a mi corazón y con tus ojos te zambullías en cada una de mis lágrimas para hacerme ver a la esperanza que siempre estuvo en tu interior. Me contagiaste de religiosidad. Ya para entonces no había nadie que desconociera que vos y yo planeábamos vivir la vida juntos. 
       Lanzados entramos a la juventud. Hiciste que comenzara a sentirme escritor y confiaste en mí. Te prometí mi vida literaria como nueva ofrenda de amor, de reencuentro con aquellas tardes de la infancia que prometimos no olvidar, para seguir viviéndolas. Me acompañabas a los diferentes intercambios de tareas por dinero que debía hacer para poder sobrevivir y mantenernos. Vos parecías no necesitar nada, jamás dejabas de sonreír y darme ánimo. Yo quería devolverte tanta ternura y te complacía escribiéndote cartas y poemas, regalándote flores, besándote en cada rincón, paseándote por mi vida de la mano. Qué insignificante me sentía cuando parecía que tu vida consistía en brindarte a mí con todo tu genio, con todo tu amor. Nunca me confundí, no era porque yo fuera más importante, era porque tu bondad era infinitamente más grande que la mía. Los dos sabemos que aunque algunas veces me aproveché de tus servicios y me creí merecedor de todo lo que hacías por mí, terminaba siempre aceptando que eras mi musa inmaculada.
       Organizamos conciertos y recitales, fiestas y asados, recorrimos escenarios de cines y teatros, cafés y tanguerías… Pero vinieron tiempos muy difíciles y las circunstancias atentaron con separarnos. El naufragio y las amenazas llegaron a mi tierra y tuve que cruzar la frontera. Hablo por mí solo porque vos siempre tuviste un aire internacional, nunca te importaron las banderas y no había idioma que no sonara como tu lengua materna. Esto, de ninguna manera, le quita méritos a tu invalorable compañía las veces que tuvimos que mudarnos sabiendo los venideros sinsabores, cuando lo importante era estar juntos. Lo importante era estar a tu lado. Así cruzamos mares, cielos, y caminamos por todo el mapa hasta desfallecer.
       Como toda pareja, tenemos nuestras rutinas, pero deberíamos corregir esa expresión llamándola rituales. Porque seguimos bailando con cada tango que escuchamos, seguimos saboreando cada palabra compartida en un mano a mano de mate, leemos hasta quedarnos dormidos y nos preocupamos con cada catástrofe mundial.
       ¿Hace cuánto que estamos juntos? Hace veinte años iniciamos nuestro romance y lo hemos ido engrandeciendo con cada gesto enamorado. Quiero por ello agradecerte por este aniversario y decirte que no tengo sueño más preciado que continuar así, mis ilusiones al lado de las tuyas.  Has sido mi amiga, mi compañera, mi amante, y hoy quiero que seas por siempre mi diosa casándonos con este beso que ya tiene formas de prosa poética, y que no podría ser de otra manera. Hoy vuelvo a declararte mi amor, que soy tuyo, aunque también te siento mi propia carne. No se te ocurra dejarme, no dejes que se me ocurra dejarte. Hoy quiero que brindemos, que festejemos y que nos prometamos más felicidad, esa que nos otorga sentirnos unidos. Sabemos inocultablemente que si mantenemos esto podremos no sólo satisfacernos a nosotros mismos sino poder esparcir esperanza a los demás. Seamos para que otros sean. 
Por último quiero volver a confirmar cuánto te amo, que quiero sigamos siempre de la mano. Latirte, sentir lo imprescindible de estar a tu lado… ¡ser con vos poesía!
       
Barcelona 2008
Tin Bojanic

agosto 07, 2018

Barrilete

El destino no es más que el viento
o el perfume de una flor llamada mujer,
la vida no es más que el momento
de goce previo a desaparecer.

La libertad es la energía
que despliega las alas de la aventura
festejando como un hecho a la utopía
en los brindis entusiastas de la altura.

Vuela y fluye la asombrosa imaginación
convirtiéndose el sueño en dictador
de los únicos consejos de la inspiración
que besan locamente el corazón.

Con el tiempo perdido en el espacio
y lo necesario con sabor a universal,
un barrilete sólo es, y sabio,
¡cuando su vuelo pide a gritos amar! 


julio 06, 2018

Muse of my life

Not hugging you could be the chance
Of kissing the ugly side of life while I dance
With the ghost of the nightmare who’s never gone…
Not loving you must be, no doubt, death of love.

If I am looking forward to meet my needed muse
Means that you are being already madly harassed
As there is not any other real or important desire
Than just kissing your heart when you are nude.

Do not believe in what we think we haven’t done
Free the wings of the shaking inner feelings that advice
How much better is going to be if we finally realize
That true love flies like a seagull at night beyond the sun. 

ZAGREB

junio 06, 2018

Si Menéndez hubiera sido Moscardó


 
A mi padrino


El 13 de junio de 1982 la política por medios cruentos inglesa intenta sostener su ambición y cinismo colonial en las Islas Mavinas. Los soldados argentinos defienden la patria celebrando con su sangre la reivindicación de un pueblo que vuelve a estar unido en tierra, que es cuerpo, y en moral, que es espíritu. 
            Las batallas en la Isla Soledad son cuerpo a cuerpo. Aún resta por ver qué sucederá en la Gran Malvinas, y si el invasor intentará enmendar sus intentos fallidos por penetrar el continente. Bombardear la capital del país también pareciera estar en los planes piratas, y ya se sabe, que ellos tienen la bomba y que no temen en usarla.
            Los soldados argentinos combaten con la herencia del heroísmo de varias sangres que ahora se entremezclan hermanadas en el mismo campo de batalla, bajo la misma bella bandera celeste y blanca. Los invasores vienen de distintos países del Reino Unido, cuales súbditos cómplices, y con el padrinazgo necesario de los Estados Unidos. Y hay sangre en la turba y hay sangre en los montes, y todo honor en los corazones de los defensores.

1200 horas del 13 de junio. Primera comunicación telefónica entre el General Mario Benjamín Menéndez y el General Jeremy Moore. Sucede en el puesto de comando argentino, y el único testigo es un Teniente Coronel ayudante del mismo y que oficia de traductor. 

Menéndez – Aquí el General Menéndez, hable. 
Moore – Aquí el General Moore. Exijo la inmediata rendición para proceder al cese de hostilidades. Continuar con las acciones significará pérdidas civiles y mayor derramamiento innecesario de sangre. Ordenaré atacar el pueblo y es el defensor el responsable militar de sus vidas.
Menéndez – Señor, yo no le acepto dos cosas. La primera, que sea usted quien se me dirija y no el Almirante Sandy Woodward; la segunda, que me chantajee con matar a sus colonos. Seguiremos combatiendo.

1730 horas. Comunicación fallida entre la Task Force y el puesto de comando argentino. La suerte de las armas atraviesa una situación crítica. Los ingleses no pueden dilatar mucho más una definición. Un nuevo ataque aéreo exitoso argentino los pondría en jaque. Desde Buenos Ayres, se ordena a las tropas que contraataquen. 

2215 horas. Comunicación entre el Comandante de la Fuerza de Tareas británico Woodward y el General Menéndez.

Menéndez – Aquí el General Menéndez, en su puesto de comando de la primera línea de fuego, hable.
Woodward - Habla el Almirante Woodward. Es usted responsable de todo lo que está ocurriendo en las Islas, y le doy un plazo de dos horas para que se rinda. Tenemos prisionero a su hijo. 
Menéndez – Seguro que sí.
Woodward – Lo pondré en comunicación para que lo compruebe.
Hijo - ¡Pa!
Menéndez  - ¿Qué tal hijo mío?
Hijo – No sé, estos dicen que me ejecutarán si no se rinde Puerto Argentino. Pero yo no soy más que cualquier otro soldado argentino.
Menéndez – Si esto es verdad, encomiéndate al Padre, grita un viva la patria y otro vivan los héroes de Malvinas, porque serás como uno de ellos. ¡Un abrazo de tu padre! 
Hijo - ¡Adiós papá! ¡Abrazo de tu hijo!
Woodward  - Le exijo que…
Menéndez  - No hay más negociación, puede ahorrarse el tiempo otorgado y matar a mi hijo héroe, que las Malvinas no se rendirán porque estas islas que yo defiendo ¡son argentinas!

En la madrugada del 14 de junio las tropas argentinas coordinan un contraataque con maniobras conjuntas de la infantería de Ejército y de la Marina. La Fuerza Aérea sale a la caza poniendo en el cielo todas las naves disponibles. Buenos Ayres se prepara para ser bombardeada. La noticia de la ejecución del hijo de Menéndez emocionó la moral de todo el pueblo argentino y en especial de todos los soldados.
            Es el mediodía. la primera ministro británica se comunica con la Casa Rosada, y por medio del embajador norteamericano, se pide terminar con los combates y buscar una salida airosa de la Fuerza de Tareas imperial enviada al sur.
            El 16 de junio el General Menéndez, herido en la frente por las esquirlas de los últimos bombardeos, recibe el cuerpo de su hijo envuelto en una bandera argentina. Solicita nomás que sea enterrado en el cementerio que habrá de crearse en Darwin, y sólo pide que cuando él muera, lo entierren junto a su hijo y el resto de los héroes.


Madrid, MMXIV 

mayo 07, 2018

Milonga de mi sangre

Soy en una calle de Zagreb la encantada
piedra que cuenta su leyenda a mi mirada.
Puedo ver desde todas las antiguas ventanas 
el dilema que alumbra el farol en sus entrañas.

En el Sava hay más de un río
que deviene por el rito del olvido.

En el humo de tu secreto bebo
el festejo de tu amor malevo.
Van mis botas por tu cuerpo
en baile nocturno y de lamento.

En el Sava hay más de un río
que deviene por el rito del olvido.


Zagreb, libro Letras descarriladas

abril 08, 2018

Ya nos conocemos demasiado

 Tanto me han hablado de lo misteriosa que eres, ¡ay, mujer!... Por mucho, que yo, este yo, por ocultar lo nuestro, jamás lo haya deslizado, y ni siquiera alertado, en ningún tipo de entredicho. No podría decir nadie que, alguna vez, háyase insinuado que, entre nosotros, hay cosas que nos suceden, que hay cosas que nos unen, porque hay cosas de lo nuestro, de lo que no, de lo que no debería hablarse. 
Porque al verte siempre allí, al borde de mi cama, te quiero sólo mía, y ¡jamás te deseé con otro! En estas palabras algunos recibirán lo mío como muestra de  egoísmo, pero serán más los que coincidirán que, si yo me quedo contigo, los demás podrán continuar con sus vidas más tranquilas, y que yo, al enrollarnos, evito que otros caigan en tus trampas y acepten lo que no podrían.
Tanto me has visto, y tanto te he dejado verme, que las veces que te he rechazado nunca fue porque no te qusiera, o porque no te respetara... Quizá fueron tus maneras, o puede que tus tiempos, sí, más que otra cosa, tus tiempos, los que por mi escasa voluntad, ante tu prepotencia, no logramos llegar a algún acuerdo. 
Pero aún te veo todas las noches en mi cama, esperando que yo deje de esperarte, y que te invite a meterte entre mis sábanas, y hacer lo que siempre sabemos has tramado. Y sería la primera vez que nos amemos, pero también sabiendo que no se volvería a repetir el acto, porque después, de mí, no quedaría nada, y una vez tuyo, no volvería a ser el que yo soy.
Ya sé, que existieron muchos besos, y que hemos cruzado alguna vez los protocolos, pero sabiendo lo que yo podría darte al amarte, tengo a veces una sensación que no es de miedo. Es la prudencia, la que me pide que cuando lo que deberá suceder finalmente suceda, sea con exquisitez. Y con la pasión que me haga tuyo, también quisiera, pidiéndote que, en ese instante orgiástico donde yo te dé la bienvenida, y tú vengas por mi despedida, también sentir, por igual, que yo, peligrosa dama, te hice un poco mía.
Como dijera Luis Eduardo, ¡ay, muerte de mi vida!
Split, MMXV
Tin Bojanic

abril 02, 2018

Aplausos sobre Puerto Argentino

(foto de Anibal Eduardo Rotondo)
No recuerdo bien si aquel 2 de abril de 1982 ya experimentaba cierta fascinación por el calendario siendo un niño en un jardín de infantes, cosa que sí fue sucediendo con el correr de los años. Tampoco recuerdo bien cuál fue el primer 2 de abril que comencé a levantarme emocionado, pero sé que sucedió cuando cursaban la escuela primaria. Y desde entonces, aún hoy, siento ese deseo, de estar allí, desembarcando, recuperando el territorio que nos falta, para ser un país completo, libre, y soberano. Porque cada dos de abril quisiera estar allí, en 1982, aún sabiendo lo que luego sucedería. Aún si me tocara la derrota y ese dolor que conllevan de por vida nuestros veteranos. Aún, si feliz como Giachino, muriese tras haber cumplido el sueño de ver a nuestra bandera flameando victoriosa sobre las Islas.
            Pero qué difícil se hace reconocer tantos errores cometidos por quienes comandaron la guerra sin estar a la altura de las circunstancias. Pero qué difícil se hace reconocer a la derrota cuando nuestros soldados estuvieron dispuestos a pelear la gran pelea, y que lo hicieron sin reconocer sus limitaciones. 
            La Argentina es una nación que no está en paz, y que no lo estará, hasta que no le devuelvan lo que le fuera usurpado. Que no encontrará la paz en plenitud hasta no recuperar el pleno ejercicio de su soberanía. Porque no existe la libertad cuando se vive con una parte de nuestra patria ocupada militarmente por el enemigo.
            Se perdió una batalla. Es cierto. Pero las guerras se pierden cuando ya no existe el deseo de victoria, el deseo de revancha, el deseo de honrar a todos aquellos que murieron sin haber visto que, una vez más, arriaron nuestra bandera en nuestra propia casa. 
            Aquí se me hace incomprensible que no se haya recibido a quienes pelearon en el frente como la historia argentina y el honor nacional lo exigía, y que aún lo exige. 
Es por eso que yo tengo un sueño. 
El mismo consiste en que deberían todos nuestros veteranos ser desplegados al mismísimo lugar de arribo desde el frente tras ese 14 de junio tan doloroso. Pero esta vez, ser recibidos como si regresaran del frente en este momento. Como si fuera hoy 1982, porque la causa Malvinas no es del pasado, es presente, y es un sueño del futuro de cualquiera que se digne de llamarse argentino. Además, posee la virtud de arrojar toda mezquindad en el pozo hipócrita de la grieta impuesta por todos aquellos que no aman al país y que generan deshunion.
            Imagino la caravana de soldados marchando desde el sur recorriendo toda la patria libre, y tal vez realizando una suerte de vuelta olímpica por todo el país, para que nadie se pierda el privilegio de aplaudir a nuestros gladiadores. Para que entonces sí, finalmente, ocupen la Plaza de Mayo. Esta vez, no la gente que los alentó a la pelea, sino sólo aquellos que arriesgaron la vida por nuestra bandera. Y recién después, en ese balcón de la Casa Rosada, que se prestó para tanto circo y tantas veces, que un abanderado de los veteranos sea quien anuncie unos vivas a la patria, para lo cual, recién entonces, entremezclándose con nuestros modernos granaderos sanmartinianos, se llene la histórica plaza con toda la gente gritando con ellos y todos juntos unos vivas a la patria, Malvinas Argentinas, y un muy fuerte: ¡volveremos, carajo!
            Así, entonces, el 14 de junio, debería oírse un aplauso agradecido, emocionado y patriota, que se haga escuchar en todo el país, en todo el mundo, pero muy especialmente, sobre Puerto Argentino, y sobre nuestro faro moral, el cementerio de Darwin. Porque La Argentina no está rendida, porque Malvinas, no se olvida.

2 de abril de 2018

marzo 27, 2018

“Phantom Hour”; by James Meetze

 I would like to say that this book is full of poetry.
There are some books that are composed of poems, but this one is a poem composed of the book. It reads as if many voices inhabit it. Or, maybe, it’s that many voices echo in the heart of one poet’s voice
Reading it I thought I found some poison of Hemingway, but later on I thought I was reading non recording songs of Morrison, and sometimes I felt that Ginsberg was describing the picture of the actual world, at the present, and again.
But then I realized that I discovered what was going on: I discovered this true poet James Meetze, with a real style, just on his own.

marzo 14, 2018

“An Illustrated History of Slavic Misery”; by John Bills

“I am a reader. I confess that I read a lot, and when John Bills presented his book “An Illustrated History of Slavic Misery” at the House of the Father of Croatian Literature, Marko Marulić (or Marvlvs Library Jazz Bar), I knew it was going to be different. Maybe it was because I think that the writing and the writer should always be linked, even though that does not always happen, or maybe it was because I live in Split, Croatia, and thus have a keen interest in this part of the world. The truth is that this book is one of the most interesting, clever, and downright funny books that I have read in many years. Mr. Bills is an excellent writer, a fantastic comedian, and every word you read you will feel he is in front of you, smoking, drinking, and telling you a story that you cannot avoid, and that you will, for sure, enjoy”.

Split, Croatia