marzo 13, 2018

Excursión al fin

En la infancia, lo interesante convive con la fantasía, y la imaginación es complementaria de todo aquello que se percibe confusamente. Pero más allá de la falta de experiencia, la inocencia es, tal vez, un valor que todo lo purifica, y un lugar donde el niño halla refugio conceptual.

Una escuela primaria realizaba mensualmente una visita guiada por diferentes instituciones. Así fueron una vez al correo y le escribieron una carta a sus abuelos. Visitaron un cuartel de bomberos e hicieron sonar la sirena del carro más grande, viendo cómo los hombres que combaten el fuego descendían de los primeros pisos deslizándose por unos tubos cual dignos superhéroes. Ahora era el momento de ir a recorrer el hospital de la ciudad, ese lugar donde los hombres de blanco inmaculado se dedican a curarnos, y donde esos héroes doctores salvan vidas a diario.

En el estacionamiento del hospital descendieron ordenadamente del colectivo escolar los alumnos. Reunidos en círculo, un grupo de unos treinta chicos y chicas, de entre diez y doce años, escuchaban las recomendaciones de una joven maestra que les suplicaba la hicieran quedar bien durante la jornada. La fascinación y el respeto hizo callar a todos cuando se les acercó una médica de la edad de sus madres,  y una enfermera, de la edad de una tía.

Hechas las presentaciones se formuló la obligada pregunta de si en el grupo había alguno que cuando fuera más grande quisiera ser enfermero o médico. A lo que temerosos ninguno respondió positivamente por las dudas si ello implicaría ir a ver sangre en algún oscuro laboratorio. Expectantes comenzaron la excursión en el mundo de los hombres que salvan vidas.

Mientras el enfermero cuidaba que los chicos no tocaran el instrumental a sus alcances, y recordándoles con insistencia que debían hacer silencio al explorar los laberínticos pasillos, la doctora explicaba de la manera más sencilla posible los espacios que visitaban.

Primera sala. Gente mayor recostados en sus camas, y en una de las paredes un gran televisor con una telenovela en su pantalla.
Doctora – Aquí es donde cuidamos a nuestro abuelos. Contamos con  especialistas que saben de los dolores que tienen nuestro mayores y cómo tratarlos. Y si nos acercamos de a uno, pero muy despacio, a las camas de estos abuelos, me parece a mí, pero creo que tienen caramelos para darles.
Enfermero - ¿Vieron qué lindo que es cuidar a nuestros abuelos?

Segunda sala. Un quirófano de alta complejidad con muchas máquinas indescifrables.
Doctora – Sobre esta mesa metálica se realizan intervenciones al corazón. Con la tecnología de hoy nos es posible, inclusive, realizar un transplante del mismo. Esto es gracias a la donación de órganos. Cuando lamentablemente se pierde una vida, hay veces que el destino, en sus misterios, le prolonga la vida a otra persona.
Enfermero – Entonces, chicos, cuando les duele el corazoncito por amor, vendrán aquí y la doctora les va a curar.

Tercera sala. Unos pocos niños con vendajes o con las cabezas rapadas.
Doctora – Ahora pueden visitar a unos nuevos amiguitos que están pasando unos días difíciles, pero que pronto podrán jugar con ustedes. Con muchísimo cuidado pueden acercarse a darles un besito e intercambiar sus números de teléfono para enviarles mensajes de ánimo y arreglar para visitarlos otro día.
Enfermero – Ya han visto cómo cuidamos a nuestros abuelos, cuánto nos preocupa el amor, que los niños son lo más importante, pero ahora, iremos a ver  a los bebés…

Cuarta sala. Hay dos madres con sus recién nacidos en brazos tras unas puertas con ventanas muy grandes. Y pasa una camilla a toda velocidad con una madre y sus últimas contracciones, siendo empujada por una enfermera y quien pareciera ser el padre del bebé por nacer por el pasillo y entre los alumnos. Todos percibieron la inmensa ansiedad entremezclada con la alegría del momento.
Doctora – Miren aquella mamá que esta a punto de dar a luz, de la misma manera pasó por aquí la madre de cada uno de ustedes. Y luego estará ella con esas otras madres cuidadon a su hijito recién nacido.
Enfermero – No podremos acercarnos mucho porque debemos cuidar de cualquier tipo de infección a estos nuevos hermanitos que llegaron al mundo. Hay que tener muchísimos cuidados con estos bebotes.

Al dejar la sala donde nacen los bebés, y antes de salir finalmente al estacionamiento, despidiéndose del mundo de los que salvan vidas, a los chicos les llamó la atención ver a varias mujeres sentadas en unas sillas desordenadas, con las miradas perdidas, e ignorando con la mayor indiferencia la presencia de ellos.
Doctora – Qué bien se portaron estos alumnos en el día de hoy.
Enfermero – Uno de los mejores grupos que nos ha visitado, sin duda.
Maestra – Ahora que ya no hay que mantener tanto silencio, si alguno quisiera hacer una pregunta, puede hacerla.
Alumno con anteojos –dirigiéndose a una de esas mujeres- Disculpe, ¿usted viene a dar a luz?
Señora – No. Estoy aquí para una interrupción de embarazo.
Maestra – Por favor, chicos, no molesten a la gente.
Doctora – Esas son cosas que le explicarán cuando sean más grandes.
Alumno con anteojos –dirigiéndose al enfermero- ¿Qué es una interrupcion de embarazo?
Enfermero – Bueno, es cuando una madre no quiere ser madre… y decide terminar con el embarazo para… no dar a luz a ese bebé.
Alumno –dirigiéndose a la doctora- ¿Por qué no quiere a ese bebé si es la mamá? Y si no lo quiere, ¿por qué no se lo da a mi mamá que le gusta ser mamá? ¿Qué harán con ese bebé?
Maestra – Por favor, chicos, no pregunten sobre cosas que no entienden. Les damos las gracias a la doctora y al enfermero por haber sido tan buenos anfitriones y vamos a saludar diciendo todos juntos un gracias, como hacemos siempre tras una visita, ¿qué les parece?

Alumna con trenzas – Seño, ¿podemos decir malas palabras?

Split MMXVIII
Libro Quitamiedos

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