diciembre 22, 2014

Patria mía

El honor de un gaucho

Al gran gaucho Antonio Rivero
Que amó a su patria
Defendiéndola en todos sus rincones.
                                                                
A los próximos héroes que vendrán
Inspirados y guidados por el ejemplo
De la sangre valiente predecesora.


“Cuando los sacrificios se hacen por la patria
No hay dimensiones contempladas”.
Adentrándose

Ser gaucho jamás ha sido una cosa sencilla. Verdades son que la vida en relación íntima y constante con la naturaleza pudieran ser envidias para el hombre urbano, porque se arremete en libertades. Pero tal vez están olvidándose las tantas otras penurias e incomodidades que a la vida gauchesca también les pertenece sobradamente.
         Imagínese entonces cómo debió haber sido la vida de un ejemplar de gaucho nacido en los últimos años de la colonia, en 1808, por Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos. Recibiendo con la frescura de su infancia la independencia de la patria en 1816… Hay que realizar un trabajo de apreciación muy grande para imaginarnos acabadamente a este gaucho con alrededor de veinte años, y del Litoral, yendo a realizar sus tareas, que es trabajo, a las mismísimas Islas Malvinas, por entonces más al sur que en nuestros días.
         El gaucho al que me refiero, y al que iré conociéndolo junto a ustedes, con la intención admirada y un alto compromiso de exigencia, es Antonio Florencio Rivero. Porque es posible que casi todas las vidas gauchas merezcan cuentos y seduzcan poesías, pero la de este hombre en particular, exalta a la leyenda haciéndolo con bravura ensangrentada por la patria.
         En dos hechos históricos tiene participación nuestro personaje, nuestro héroe, tal como me lo propongo demostrar. El primero está bien corroborado, que es el de haber encauzado una rebelión en las Islas Malvinas tras la ocupación británica de 1833. El segundo, que si bien hay versiones contrapuestas, bien pudo haberle correspondido como dignísimo final a una vida tan poco celebrada, y es muriendo en el combate de Vuelta de Obligado en 1845; otra vez los ingleses, y sumándolos por enemigos, en esta posible última ocasión, a los franceses.
         Lo que me propongo, si los espíritus nobles del campo y de la patria me lo permiten, es recrear el camino de Antonio a lo largo de su vida, porque muchas veces he soñado con ser cómo él: El Gaucho Rivero.

Madrid, Zagreb, Split 2010/11
Avgvstinvs Eliyahu

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