agosto 18, 2013

El gran combate


Todas mis fuerzas, Señor,
sin tu comando y respaldo,
no pueden ni saben pelear,
ni lograrán jamás triunfar.

Contigo, mío único Señor,
no hay combate perdido;
pon mi muerte en tus brazos
en un gran epílogo de vida.

Dame, pues, Señor, tu fuerza 
para cantar tu nombre por acá, 
y así en el altísimo cielo después,
¡sea siempre victoria de tu voluntad!


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