abril 25, 2013

“Está claro que cuando se va un ser querido se siente un dolor jodidamente inefable. Yo he perdido a mucha gente de mi mundo de afectos más cercano y lo que me ha servido es sentir que se metieron con los mejores recuerdos y enseñanzas en mi corazón para vivir en mí. También me tranquiliza saber que tengo afectos en esta Tierra y en ese otro barrio que está detrás de las estrellas. Si hay suerte de que seas cristiano, pensá que su alma se ha liberado y, mejor aún, entonces creerás que existe el día del reencuentro”. Tin

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