octubre 01, 2012

Destino Desarmable

Es cierto que tengo un prejuicio favorable por todo aquel que se dedique a escribir poesía. Porque lo siento un otro yo, o porque no conozco, al día de hoy, alguien que escriba poesía y sea mala gente. También podría decir que estoy algo acostumbrado a la calma de encontrarme con poetas que me ayudan, a través de sus experiencias, a entender mejor qué es de mi propia vida.
         Como estoy diciendo, siempre me resulta placentero encontrarme con un poeta. Pero lo que me causa una sensación mayor es la de encontrarme con uno de ellos que, no sólo aprecie su condición de tal, sino que también lo admire por sus virtudes. Y si ese poeta al que de por sí aprecio, y al que admiro en su arte, para agregar felicidad, también lo sienta un amigo, entonces, encontrarme con él es absolutamente una experiencia atesorada.
         Bajo esas palabras es que tuve la oportunidad, después de muchos desencuentros geográficos, de asistir a la presentación del libro Destino Desarmable en Buenos Ayres del ya declarado: colega, admirado y amigo, Víctor Marcelo Clementi.
         Me encontré con un poeta que mira caminando el cielo como si ignorase la arbitrariedad de lo que pudieran elegir sus pasos. Nos hallamos en un abrazo con sabor a whisky y pudimos unir en complicidad nuestras miradas. Y más luego, finalmente, pude escuchar su voz recitando sus poemas en un bar tanguero, como ingrediente absolutamente necesario de todo esto.
         Luego, ya en mis noches del recuerdo de aquel encuentro, fui leyendo con delicia siempre sorprendida, los versos de este poeta que desarma no solamente al destino sino a cualquier lógica que pudiera preverse en la poesía, jugando con ella, en un homenaje que la reivindica celosa y dignamente.
Porque este poeta puede hacernos sentir y saber que es conocedor de los fangos de la vida, es tal vez la razón, por la cual, ahora camina mirando el cielo y los techos de la ciudad. Porque a través de su poesía, no debe preocuparse por sus pasos, si se le ve la intención saltando por los techos intentando alcanzar siempre una renovada e inspirada poesía que lo hace vivir, y que nos hace revivir a sus lectores. Por ello, él puede decir alegremente: “Para escribir poesía uno debe embarrarse el alma. Porque solo lo sucio puede redimirse, lo inmaculado no necesita redención”.
Avgvstinvs Eliyahu
Tierras de Adrogué 2012

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