junio 29, 2012

Un espacio con otras realidades

 Todos los lunes a las seis de la mañana me despertaba para ir a trabajar cuando tenía diecinueve años y cuando vivía en mis Tierras de Adrogué. Un lunes fue igual a los demás en cuanto a respetar las rutinas. Sonó el despertador y de un salto inicié mi andar a la ducha. Recordando lo que había soñado, no lograba desprenderme de una angustia entremezclada con serenidad, como si el miedo se transformara en cierto alivio.
         Uno de mis hermanos había golpeado la puerta de casa. Se encontraba reluciente, dichoso y con una mochila a cuestas. Nos vimos a través de una gran ventana. En cuanto notó que abriría la puerta de calle comenzó a alejarse. Me saludó sonriendo y comenzó a andar alejándose y saludándome con su brazo y mano, a la vez que yo, lentamente, comenzaba a despertarme.
         No podía desprenderme de esa imagen mientras me encontraba en la ducha. Sabía que algo había sucedido. Sentí que mi alma había sido mutilada, a la vez que sentía una fuerza inusual que invadía el corazón: otra vez una extraña serenidad.
         Preparándome ya para ir a trabajar, aún abstraído por mis pensamientos y sensaciones, sonó el teléfono de la casa y, al atender, otro hermano me comentaba que aquél del sueño, había muerto por la madrugada.
         ¿Cómo puede explicarse la conexión que yo he sentido con él, en mi alma, quizá en el preciso momento en que él falleció, o bien, instantes posteriores y durante el sueño, cuando vino a despedirse y a brindarme serenidad?
         Esa tristeza por habernos separado en el camino, y esa tranquilidad de saberlo ya con el Padre, no es una convivencia sentimental fácil de sobrellevar. Por ello, unos nueve meses después, volví a encontrármelo en un sueño, escoltado por un ángel de facciones femeninas. En esa nueva experiencia fascinante, esta vez, tomando una pluma que poseía en mis manos, escribió: “Disfruta de la vida, ahora y ya”. Así, con ese mensaje, mostrándose feliz de su nueva vida más allá de la que creemos única vida, volvió a irse y volvió a brindarme serenidad. Dos años más tarde escribiría el texto Libertad Esclava recordándolo a mi hermano, su despedida y su visita.
Gubbio 2010
Avgvstinvs Eliyahu

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