junio 26, 2012

Soliloquio de un analfabeto

Ahora cuando me pregunten, ¿qué voy a decir? Tengo que conseguir este trabajo. Lo tengo que pensar muy bien. En la charla tengo que estar piola, muy. Ser jardinero en esa casa tiene que ser algo bueno. Si me dan de comer lo que al perro, me basta. Si yo que soy flaco, y que tampoco quiero ser gordo. Me causa gracia pensar en el gordo del barrio que va al gimnasio, y el flaco de la esquina que manguea; deberían cambiar los puesto y ya está. Pero debo concentrarme en esto. Porque si me piden que les dé mis datos qué hago. Mi nombre Emilio sé cómo se escribe, pero no estoy seguro si va alguno de esos acentos que les dicen. Me lo tatuó una mina en el brazo, la que fue mi novia. Pero no puedo ponerme en cueros para tratar de copiar el dibujo. Igual, si les digo Emilio, ellos sabrán cómo se escribe, ¿para qué me van a pedir a mí que escriba mi nombre? Pero si me atienden los chicos de la casa sí que me va a dar vergüenza, porque seguro que ellos saben escribir, que saben leer. Me vuelvo a casa y punto. Tengo que buscarme un colegio. Sé que hay colegios para grandes, pero no sé dónde hay uno. Y si me piden que pague algo, ¿con qué lo pago? Por eso lo primero es el laburo. ¡Qué voy a andar pagando colegios si este año gasté todo lo que tenía en arreglarme una muela! Por eso necesito este laburo antes que nada. Tengo ropas como para trabajar de jardinero pero podrían pensar que soy un chorro también. ¿Me convidarán unos mates? Quizá zafo los desayunos alguna vez que venga. Pero tampoco me van a pedir que les corte el pasto todos los días. Bueno, che, que se vayan todos al carajo, voy a tocar timbre.

Casero - ¿Sí, quién es?
Emilio – Soy Emilio, jardinero.
Casero - ¡Ah, qué tal? ¿Cómo le va? ¿Emilio de Rousseau?
Emilio – No, Emilio de Sarmiento.
Casero – Claro que sí, General Sarmiento.
Emilio – No, Presidente Sarmiento, en la calle Jorge Ele Borges.
Casero – Perdón, ¿usted sabe leer y escribir?
Emilio – ¿Cómo sabe que no sé leer y escribir? ¿Usted es yuta?
Casero – No se ofenda. Digo porque podríamos hacer un intercambio en el cual mientras corta el pasto yo le enseño.
Emilio - ¿A trueque? Yo necesito trabajar. Necesito plata.
Casero - ¿No le gustaría saber escribir el nombre de las flores?
Emilio – La verdad es que si me las pudiese comer, me las comería, sin importarme un carajo cómo se llaman.
T i n
Tierras de Adrogué 2012 

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