junio 15, 2012

Fiestas de Don Esteban

Quedará mejor decir que muchas veces ya he dicho que soy nativo de las Tierras de Adrogué a decir que muchos ya lo sabrán, porque no quisiera presumir en algún grado estadístico en cuanto a los lectores que tuviese, y porque además, lo importante –siempre debería proponérselo- es el texto y no el autor. Y en este caso, lo es aún más, porque me referiré al pueblo donde he nacido, que sería igual en todas su características así yo hubiera nacido en otra parte. El que hubiera sido distinto sería probablemente yo.
         Las Tierras de Adrogué esconden bohemia y tranquilidad a pesar de la cercanía de la gran Ciudad de Buenos Ayres; y por muchas razones que intento determinar, y espero algún día lograrlo, ha sido cuna de diversos e interesantísimos personajes. Por favor, situarme fuera de esto, que no quiero contradecir la primera intención de contarles algo especialmente importante que tiene mi pueblo.
Acertadas descripciones y fervientes detalles encontrarán entre sus tantos enamorados, sus habitantes, y también sus visitantes. En lo personal he descripto lo que dicen mis ojos en el texto Susurros de Borges del libro Secretos de la Percepción, o entre los tantos poemas que le contienen tales el precisamente Tierras de Adrogué, o bien Secretos de mi pueblo
         Recorriendo diversos países siempre me ha gustado vivir las celebraciones especiales que acontecen y, con felicidad, verme envuelto en ellas. Y no lo es sólo porque admiro la voluntad de los pueblos defendiendo su historia y su cultura. Es porque en esos días es cuando todo el esplendor de un comunidad, de una ciudad, de un país quizá, sale a seducir y a lucirse ante los ojos del mundo que por allí vaguen. Así fue cuando estuve en el Día de San Patricio en Dublin, el de San Marco en un barrio de Zagreb, las Fiestas del Barrio de la Paloma en Madrid, el Día de la Independencia en Oaxaca, las del Barrio de Gràcia en Barcelona, el aniversario de la Revolución en La Habana, la de Sveti Duje en Split… Cuando estuve en esas fiestas y celebraciones de muy diferente raíz, recordaba a las de mi pueblo, a las Fiestas de Don Esteban, aquel que tenía por apellido, Adrogué.
         Este pueblo fue fundado en el año 1873 un 30 de septiembre por quien le dará su nombre, como se acostumbraba en aquel entonces homenajeando al donador de las tierras. Adrogué fue luego declarado cabeza del Partido de William Brown, que incluye otros simpáticos barrios de los alrededores tales Mármol (poeta porteño), Rafael Calzada (doctor), Burzaco (familia terrateniente), Longchamps (homenaje a Francia), Glew (terrateniente)... Pero fue para honrar a ese marino irlandés que el callejero del pueblo cuenta con algo divinamente extraño. La plaza principal se llama Brown, donde está la Municipalidad, y ésa representaría al buque “25 de mayo” durante la defensa de la patria, la que comandara aquel genial hombre nacido en Foxford. En esa plaza se rinde homenaje, a su vez, a sus hijos históricos: aquellos que perdieron la vida en el Crucero General Belgrano durante la última Guerra por las Malvinas de 1982. Pero tan así de particular es el asunto del homenaje que si uno despliega el mapa del pueblo verá que hay otras placitas menores formando un cerrojo alrededor de aquella más emblemática. Esas otras representan a las embarcaciones que secundaron al Almirante, y tienen entonces, por nombre, a los comandantes de las mismas: Bartolomé Cerretti (italiano), Juan Bautista Azopardo (maltés) -que de muy chico imaginé que en realidad se tributaba a Hippolyte de Bouchard (francés) porque su calle por allí pasa-, James George Bynnon (galés), Tomás Espora (porteño) donde hay una estatua de Don Esteban. Están todas ellas en casi perfecta simetría, y en un falsa escuadra, un poquito más alejado, Leandro Rosales (porteño), quizá cubriendo un flanco ciego. Y cada plaza debería tener una escultura con el nombre de las naves comandadas.
         En el año 2001, tras la aparición de la Revista Tierras de Adrogué muchos comenzaron a denominarlo de esa manera en el mundo entero oficializándolo sin la imposición de nadie…
         Pues, ¿qué sucede todos los 30 de septiembre en mi pueblo desde 1904, cuando fuera el primer aniversario de la muerte de su fundador? Les contaré lo siguiente como si contara la historia de las columnas de mi orgullo.
         Todo comienza el día 29 al mediodía.
Se deja de trabajar si cae la fecha en día laboral y todo el pueblo da rienda suelta a los preparativos para las Fiestas de Don Esteban. Debo destacar que semanas antes son muchos los que ya pintaron sus casas, arreglaron los jardines, limpiaron sus coches, enviaron sus trajes a la tintorería (muchas de japoneses llegados tras la Segunda Guerra Mundial)… y así va la ansiedad transmitiéndose de boca en boca, de acción ejemplar en acción de imitación. También la Municipalidad, con anticipación, fue arreglando sus calles, emprolijando las plazas mencionadas, ubicando luminarias temporales para los festejos, pintando edificios públicos, y cuanta cuestión de maquillaje estético correspondiere.
Pero ya estamos a las 12 del mediodía del 29 de septiembre.
         Los barrios comienzan a poner mesas de largos tablones y sillas en las calles, dejando sólo a las avenidas con libre circulación vehicular. Es por eso que durante esos días se vuelve una ciudad de bicicletas. Algunas calles, porque hay vecinos más simpáticos que otros, crean una atmósfera entrañable. Tal es así, que algunos deciden sumarse a los tablones de otras calles donde tienen amigos, parientes, o tal vez algún amor. Surgen mateadas extraordinarias y comilonas, tales asados, que se preparan en las mismísimas veredas y asfaltos y calles de tierra.
Los cafés y restaurantes ofrecen especiales ofertas y rebalsan de gente. Los comercios hacen lo propio con descuentos y es el día de mayores ventas del año… Las colectividades y feriantes hippies se adueñan de las calles céntricas, ya peatonales, para ofrecer sus productos, música y todo lo que pudieran como símbolo claro de querer unirse a los festejos. Compiten el flamenco y la tarantela… ¡También es el día de mayor cantidad de casorios en el Registro Civil!
         Los Bomberos pasan con sus carros por las grandes calles recibiendo donaciones de alimentos y ropas para luego distribuir entre los más necesitados.
Hospital y salitas de emergencia despliegan extraordinaria atención con campañas de vacunación y chequeos varios para los que tienen ya décadas festejando.
 Los colegios organizan olimpíadas de matemática y presentan obras teatrales, y fomentan preciosas campañas de alfabetización. También se dictan cursos para erradicar el analfabetismo funcional…
En el Centro Cultural suceden recitales de poesía y se proyectan cortos y largometrajes filmados en el pueblo. Se cuelgan pinturas en paredes y árboles para exhibirlas y rematarlas.
El equipo de fútbol Tricolor organiza un torneo entre los distintos barrios con figuras invitadas y para descubrir nuevos talentos; el Club de Tennis hace lo propio invitando a los jugadores más destacados del ámbito nacional; el Club Pucará disputa un test match contra un seleccionado irlandés por la copa William Brown; el Club Paleta con su tradicional competencia de natación, y el Fogón responde con uno de básquet…   Mientras todo eso se corre la carrera de “10 kilómetros de árboles” que organiza la policía con una altísima participación de los entusiastas lugareños. En su trayecto pasarán por las cinco plazas mencionadas para llegar a la meta en la “25 de mayo”.
Los más pequeños junto a sus padres plantan árboles en aquellas casas que no poseen uno en la vereda, porque ¡existe una ley antigua que así lo estipula y ese día ha de cumplirse! El lema es: “que haya más árboles que personas, para que haya personas”.
         En las plazas, ininterrumpidamente, suceden conciertos y bailongos tangueros y folklóricos, dándole lugar también al cuarteto y otras yerbas… Se va corriendo la voz de “tango en la Espora” o de “Folklore en la Azopardo”… Pero estarán siempre los que yiran por todas las múltiples destrezas ya que les da el cuerpo, o porque no encuentran la pareja pretendida. En las calles cortadas pueden encontrarse también bandas de rock, jazz…
         Ya el día 30 la gente se despierta trasnochada y están los que se mantuvieron en festejo eterno… Y todo el pueblo se encamina hacia la Plaza San Martín, que recibe a la estación de trenes. Hay que estar allí a las diez de la mañana. Debe hacérselo de manera muy particular. Los mujeres portando un lazo blanco en sus muñecas, cabellos, cinturas…, y los hombres uno celeste donde consideren mejor lucirlo: muñequeras o binchas los más chicos, o en la solapa del saco los más grandes. Últimamente hemos visto cómo la Municipalidad se ha ocupado de vestir con lazos a los ya característicos perros callejeros que todos quieren y alimentan… Es que ese lazo, entrada la noche, uno podrá cambiárselo a su enamorada, o aprovechar el movimiento como intención para conocerse… Es cierto, porque se ha visto, que algunos muchachos tienen varios lazos en los bolsillos para más de un intento, o los que parecen haberlo cambiado por uno blanco ya desde el primer momento en que nacieron…
En un escenario montado en esa Plaza San Martín, estará el Intendente con los representantes de la comunidad, y no es sorprendente encontrar allí al Gobernador de la Provincia y, por la importancia del evento, ha presidido la ceremonia la mismísima Evita en una ocasión, o embajadores de Irlanda. Se entregan títulos a los flamantes ciudadanos ilustres de cada área tras haber sido seleccionados por el Consejo Deliberante por sugerencia popular: a quienes se destaquen en las artes, ciencias, deportes… Aunque en ello, se realiza un minuto de silencio antes de las doce por aquellos hijos del pueblo que murieron en Malvinas y los veteranos lanzan unos “vivas a la patria” que son respondidos en eco por la inmensa cantidad de gente reunida en la plaza, calles aledañas y balcones privilegiados. Sin que esté fijado en el protocolo, se suele cantar el Himno Nacional Argentino...
         Cuando llega el primer tren con las doce, cargado de turistas y sin importar de qué dirección provenga, el Intendente alza el bastón de Don Esteban, el que se traspasa de representante en representante, y se oyen los campanarios de todas las iglesias puntualmente. Es el momento en que se dan por comenzadas las Fiestas de Don Esteban. Entonces, el Intendente, va caminando hasta la Plaza Espora con un mar de cánticos con el tradicional “Ahh Ohhh Ehhh” (las vocales sonoras del pueblo). Encuentra siempre allí otra gran cantidad de gente que le espera. Ante la estatua de Don Esteban golpea en brindis con ese otro bastón de bronce subiéndose a una escalerita. Es todo alegría… Falta que haga el trayecto final por el empedrado de la Diagonal inmerso en fiesta popular hasta ingresar en la Casa Municipal. Una vez en el balcón del edificio público hay un silencio exquisito entre la muchedumbre. Porque se grita a viva voz el nombre del lugareño que se haya adjudicado, por medio de un sorteo, del “Negro”, que es un caballo tal como el que usaba Don Esteban para recorrer las que fueron sus tierras. A la vuelta manzana, en el Castillo Castelforte, se espera que vaya a buscarlo ante el aplauso y gritos de los festejantes, saliendo de allí el adroguense afortunado montado cual noble ciudadano…
         Festejos. Festejos. Festejos.
La sirena de los bomberos avisa a las doce de la noche para determinar que se nos fue el día 30, pero esa noche, hasta la madrugada, continúan los festejos. El día 1 de octubre son los últimos asados al mediodía y comienza a normalizarse la vida de un pueblo que volverá a soñar, en la espera, con la próxima Fiesta de Don Esteban…

…Quedan todos ustedes comprometidos conmigo para que alguna vez esto, con grandes hazañas de alegría, finalmente suceda, y no sea yo el único con un lazo celeste gritando ¡vivan las Fiestas de Don Esteban!, en la Plaza San Martín todos los 30 de septiembre, ni despertarme ya el 1 de octubre con una resaca de fantasmas…
Avgvstinvs Eliyahu
Tierras de Adrogué, 2012

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