enero 01, 2012

Granma por las nubes


A Fidel Castro

Cuando ya no esté, mi Comandante, ¿qué será de mí y de mis tantos sueños? Cuando ya no esté nuestro Comandante, ¿quién será el que nos defienda de los que siembran pesadillas?
         Pero cuando se vaya, que quizá lo haga para darnos el ejemplo de su sangre mortal, y aún ello, habernos creado el concepto de ese otro ejemplo de ser un corazón inmortal.  Pero cuando se vaya, muchos como yo, querremos irnos siguiéndole en su próxima contienda, para no sentirnos desolados sin su reflexión, sin su palabra.
         Perdón por la torpeza de mi juventud creyendo que los que son mayores partirán antes. Perdón por acosarle con los años transcurridos. Perdón por olvidarme que hay jóvenes que también se van, y que lo sabemos desde que al Che nos lo quitaron.
         Lo que intento decir, Comandante, es que cuando se vaya, que cuando ya no esté, que si yo aún me quede por aquí y no sepa que por allí anda también Usted. Lo que quiero decirle es que, yo necesito saber, si cuando lo extrañemos mucho y no sepamos ya más qué hacer. Si depositáramos demasiado nuestras ansiedades en el recuerdo de su guía, y si fuéramos discípulos indignos sin saber valernos por nosotros mismos con, y tras, tantas enseñanzas. Lo que necesito decirle, de compañero a compañero, que yo no soy médico ni rosarino, y que soy solamente un poeta y que quisiera ya no tener que usar nunca más algún fusil. Lo que le digo, Fidel, es que cuando decida volver con otro Granma desde alguna nube para liberar esta gran isla que es el mundo, yo, allí estaré. Y estaremos todos soñando que por su palabra y ejemplo ya no hay forma de hacernos, bajo ninguna circunstancia, sentir que nuestro líder no volverá. Que yo siento que en expedición poética vendrá cada vez que lo necesitemos, para rescatarnos de sentir alguna vez la palabra rendición neciamente con más fuerza que esa otra que nos enseñó: Revolución.
Tin
Tierras de Adrogué, 2011

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