agosto 28, 2011

Máquinas de escribir

De lo que dicen los escritores
A mis colegas escritores,
Con quienes comparto la aventura
De vivir la vida Derramando
La tinta que habita nuestros corazones.
        
A todos los otros que,
Junto a nosotros,
No saben ser otra cosa en esta vida
Más que una máquina de escribir.

“¿Qué decir de mi vida?
En los libros que me queden por escribir
Intentaré explicármela”
Adentrándose

Es cierto que tengo un interés particular por los escritores. Pero esto no es porque yo sea uno de ellos, es porque creo que estos individuos, con sus acciones, pueden afectar al colectivo. Porque esos seres que crean en soledad pueden recrear otras vidas brindando compañía y sugiriendo caminos.
         Son personas que sienten la irrefrenable pulsión de tener que escribir lo que les sucede, lo que sienten, lo que piensan. Luego no se quedan tranquilos una vez acabado el texto o el poema. Necesitan, también, darlo a conocer, entregarlo y publicarlo.
         Pueden disentir entre ellos acerca de innumerables cuestiones. Es natural que sus circunstancias y vivencias sean muy diferentes. Pero, sin embargo, debe haber muchas más razones esenciales por las cuales todos ellos reconozcan en el otro a un igual, a un ser con mucho parecido.
         No intentaré explorar los puntos en común que pudiera ver en diversos temas entre gentes que comparten un mismo oficio, sino en más profundas razones. Lo haré entre colegas que los considero mis amigos, y esto es algo bien poético habiendo entre ellos algunos que ni siquiera hemos compartido un abrazo. Al igual que los romances, el intercambio de letras entre colegas también logra edificar, en este caso, amistades.
         Arrojaré iguales preguntas. Veremos luego qué resulta de este intento por hallar, entre muchas diferentes expresiones, un mensaje común, una necesidad compartida. A los colegas les estoy invitando a curiosear en el otro que, muy sensatamente, pudiera llevarnos a una incursión hacia nosotros mismos. Y para quienes ven a los escritores como esas máquinas que escriben, podrán ver qué hay detrás de sus locas manos agitadas por un noble corazón.
Zagreb, 2010
Avgvstinvs Eliyahu






¿Quiénes somos?

Jorge Castañeda: Nací en la ciudad de Bahía Blanca el día 23 de Agosto de 1951, residiendo desde el año 1973 en la localidad de mis padres: Valcheta, en la provincia de Río Negro, Patagonia Argentina.
Tengo publicados más de 10 libros destacando entre ellos "Sentir patagónico", "Los atabales del tiempo", "Poemas sureños", "Valcheta, un pueblo con historia" y varios inéditos entre novelas y obras de teatro.
         Sentí la necesidad de escribir desde muy temprana edad y al decir de Valle Inclán creo que los "idiomas nos hacen y nosotros hemos deshacerlos".

Daniel Cichero: Nací en Quilmes (después del desembarco de Beresford) y vivo en la Capital Federal.
         Libros publicados: El corsario del Plata y Bombas sobre Buenos Aires.

Víctor Marcelo Clementi: Nací en Capital Federal, por ese entonces, 1957, en Montserrat. También viví por San Telmo, luego a los 13 años trasladaron a mi viejo del laburo y toda la familia se radicó en Mar del Plata. Publiqué como 15 cuadernillos, desplegables, trípticos y dirigí un par de pasquine bien de barricada.

Patricia Corrales: Nací bajo el signo de Leo en la Ciudad de Nogoyá, Provincia de Entre Ríos. Luego me mudé a Buenos Aires y actualmente resido en Ciudad Autónoma. Desde pequeña jugaba a escribir guiones de películas con actores conocidos, luego poemas breves de amor que intercambiaba con una compañera de escuela. Siempre tuve la intención de viajar a Buenos Airess y dedicarme a ser escritora, no me fue tan diferente a lo anhelado.
         Libros publicados: Los sonidos del alma, Golpes en la piel, Caprichos de la noche, El duelo de la rosa, El deseo lleva tu nombre, Lobos del harén.

Juan Luis Gallardo: Nací en Buenos Aires, a fines de de 1934. Viví hasta los veintiún años en el campo, cerca del pueblo de Pirovano, que lleva el nombre de mi bisabuelo materno. Me recibí de abogado en la capital, donde trabajo todavía. Vivo en San Isidro, en la misma casa desde hace casi medio siglo.
         Libros publicados: Nueve versos, otros y otros más (1960); Canto a la patria argentina (1968); Frida (1972); Los ombuses de Falucho (1974, 2008); La rebelión de los semáforos (1977); Las cosas (1977); Los días del principio (1979); Más cosas (1980); Los misterios del Rosario (1980); Los trenes de mi infancia (1981); Mi bisabuelo Pirovano (1985); El penúltimo ataque (1985); Padre Castellani (1986); Operación Algeciras (1989); El gallito Bataraz (1989); Historia sagrada para chicos argentinos (1995, 2001, 2006); Crónica de cinco siglos (1995, 1998, 2007); Omega 666 (1996); Viajes, viajeros y lugares (1998); Vida y circunstancia de Enrique Julio (1998); Comparancias y sucedidos (1999); Historia argentina para chicos argentinos (2004); Las lecciones del capitán (2006); Historia de las Malvinas para chicos argentinos (2007). 

Leonardo Killian: Nací en Buenos Aires el 25 de mayo de 1952. Estudié en varios colegios donde sistemáticamente me echaban por escribir en las paredes... hasta que me recibí de Bachiller en Letras en un nocturno a los 29 años. Estudié Cine. Estudié y me recibí de Profesor de Historia. Soy docente e historiador profesional del CONICET en el Instituto de Arqueología de la UBA. Aunque siempre escribí no siempre fue exactamente literatura.
De joven militante escribía en las paredes y era el encargado de crear las frases ocurrentes y de redactar los partes y manifiestos. Más tarde entré en los talleres de poesía de la SADE. Colaboré como poeta en revistas ignotas y cuyo nombre prefiero olvidar. Escribo cuentos fantásticos que aparecen en publicaciones escritas o en Internet. Figuro en varias antologías aunque edité mi propio libro de cuentos Los cuentos de El Gato Canoso.
Desde hace cuatro años me dedico a la Arquería. Con un amigo escribimos una Historia del Arco desde el Paleolítico a la actualidad El Camino del Arco y que se ha distribuido con buena crítica en Argentina, Hispano-América y España.
Somos una tribu en estado de contradicción perpetua.

Christian Agustín Masello:   Nací el 23 de junio de 1976 en Mar del Plata, Argentina. Desde hace cinco años resido en San Carlos de Bariloche. Lo más común, dado mi cambio geográfico, es que digan que cambié el mar por el lago, pero no es cierto, en realidad por mis venas corre agua salada, y, si ahora, al ver por la ventana, observo un lago y no agua marina, por momentos hay viento y se levanta cierto oleaje que me traslada mentalmente hacia lo costa oceánica. Además, extrañar suele servir también como inspiración…
   Si me remonto en el tiempo, puedo decir que me sentía escritor incluso antes de escribir mi primera línea, y en determinado momento de mi vida, tras una temprana crisis existencial, decidí buscar algún lugar donde aquellos primitivos instintos de tinta y papel pudieran emerger y ser guiados. Como me interesaba más la práctica que la teoría, en vez de cursar alguna carrera donde predominara la teoría, intenté encontrar algún sitio donde realmente el tiempo fuera utilizado en escribir. Así, con veintitrés años, llegué a DeporTEA, instituto formador de periodistas. Ahí, en máquinas de escribir eléctricas que inundaban el edificio, liberé a mis demonios por vez primera.
   Y, mientras cursaba, comencé a trabajar en el diario El Atlántico de Mar del Plata, donde viejas Olivetti desdentadas fueron mis más fieles compañeras.
   Hoy, con treinta y cuatro años, tengo tres libros publicados: “Miscelánea Serratiana (Diario desordenado de un andar utópico)”,   “Un sueño fuera de ambiente”, “Tras las huellas del capitán Sabina”.

Juan Pomponio: Nací el 23 de septiembre en una ciudad llamada Berazategui de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Actualmente resido en dos lugares, vivo un poco en el barrio de Almagro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otro tanto en un poblado de la zona sur llamado Ranelagh.
         Mis obras publicadas son Salvaje (2002), Fragua Universal (2008) y Lluvias Torrenciales (2010).
         Las primeras líneas las escribí allá por el año 1995 cuando contaba con 29 años de edad.
         Sentí que era escritor cuando dejé todo lo que no me interesaba (casa, familia, novia, trabajo, auto, etc.) y me lancé al mundo de la literatura sin esperar resultados. Sólo hacer lo que siente mi corazón, escribir.

Rolando Revagliatti: Nací y resido en la ciudad de Buenos Aires, estimado Agustín. Mis obras publicadas en soporte papel la integran dos volúmenes con cuentos y relatos, una con mi dramaturgia y quince poemarios, además de una breve antología poética personal que titulé “El Revagliastés” y de “Revagliatti – Antología Poética” con selección y prólogo de Eduardo Dalter. Excepto uno de los volúmenes de narrativa, los demás cuentan con ediciones-e disponibles gratuitamente, lo mismo que un par de poemarios inéditos en soporte papel. Es más fácil responder cuando escribí mis primeras líneas: como tantos, en la adolescencia.

Fernando  Sánchez Zinny: Nací en Buenos Aires en 1939 y salvo un breve período, entre 1959 y 1964, en que llevé vida andariega, anclé siempre en esa ciudad. Apareció  mi primer libro en 1965, “Renacimiento”, que ha conocido diversas reediciones y reformulaciones. De 1971 es “Ofrenda a los dioses fugaces” y  hubo después un largo paréntesis hasta 1999 en que salió “Segunda poesía”; del 2000 es “Éxodo” y de 2003, “Recuerdos de apuestas perdidas”. De 2004, “Sombra adentro”; de 2006, “El azar cotidiano” y “Cenizas del sol” (aforismos), y de 2009 “Primera poesía”, “Carmen del otoño” y “Elegías y llanuras”.
Pero, hasta aquí son todos de poesía y afines y yo, en lo personal, siempre me he considerado poeta y apenas escritor, según cierta convicción que me ganó de manera clara por vez primera a fines de 1963, por lo que tal vez ciertas generalizaciones envueltas en la pregunta no me caben de manera absoluta. Por otros motivos he escrito libros no precisamente de creación literaria, en alguna medida extensión de mi paso por el periodismo y la docencia: ”El periodismo en el virreinato del Río de la Plata” y “El periodismo en la Revolución de Mayo”, son de historia de esa actividad; “Huracán y Parque Patricios”, “Apuntes sobre el cementerio de la Recoleta” y “Conflictos y armonías en la nomenclatura porteña”, tratan de antigüedades de Buenos Aires y “Asedio a la poesía de las letras de tango” y “Orígenes de las letras de tango” rondan aspectos de esa expresión populares.

Màxim Serranos Soler: Nací en Vilanova i la Geltrú, una ciudad de provincias a orillas del Mediterráneo, a unos cuarenta kilómetros de Barcelona. Actualmente resido en el Grand Ducado de Luxemburgo, uno de los países más pequeños y singulares de Europa, por motivos profesionales.
Empecé a escribir en la escuela, cada vez que tenía alguna tarea de redacción. Mi primer texto con intención «artística» lo escribí, más o menos, a los dieciséis años pero lo perdí inconcluso poco después. Cuando escribí mi segundo texto me faltaba un mes para cumplir dieciocho años: presenté un cuento a un concurso del instituto donde cursaba secundaria.
He publicado tres libros de relatos: Incipit vila nova (i la Geltrú) (2002), La seducció de la vida/La seducción de la vida (2005) y Paramites (2006).
www.maxsersol.cat

María Cristina Valle: Soy Cristina Valle, resido en Adrogué, Buenos Aires, Argentina, como mi hija vive en Roma viajo seguido a verla.
Escribo desde los 8 años más o menos porque siempre me pareció más fácil expresarme por escrito pero no pienso en mí como escritora, tal vez me sienta hacedora o  nexo.
Tengo algunas obras publicadas: La piel de una lágrima, Breve inmortalidad, Poemas del valle, Los ritos del crepúsculo, Los demonios de la pasión, Peregrina del aire, Otros otros.

 Avgvstinvs Eliyahu: Nací en las Tierras de Adrogué, Provincia de Buenos Ayres, La Argentina. Hace varios años que vivo en Europa y actualmente en la ciudad de Zagreb, Hrvatska (Croacia). Mis obras publicadas son Reino de AlbantaSecretos de la percepciónGemidos del corazónLa voluntad de la esperanza; y demasiados libros inéditos.  
         Quizá por legado familiar, quizá por atrevido, pero desde mucho tiempo antes de escribir mis primeras líneas ya me presentaba como escritor, o sentía que lo era. Aunque mis primeros versos los escribo a los once años luego de leer el libro Ramón del uruguayo Roberto Bertolino. Ese día fui a comprar un cuaderno y escribí algunas poesías; la primera de ellas se tituló La paz.

¿Por qué se escribe?

Jorge Castañeda: Uno escribe por una imperiosa necesidad interior, a veces cualquier frase puede ser el disparador de una novela, un cuento o una poesía y sí también hay inspiración en momentos interiores y de la naturaleza pero también mucho trabajo, o sea "oficio y disciplina".

Daniel Cichero: Porque me obliga a hurgar en historias perdidas.

Víctor Marcelo Clementi: Porque me resulta más fácil que componer una sinfonía o hacer un cuadro. Además, siempre estuve en la duda si me dedicaba a la poesía o a la filosofía. Por suerte encontré en la sabiduría china un complemento exacto para mi desorden, un ejemplo de cómo coordinar ambas arbitrariedades.

Patricia Corrales: Escribo porque es una forma de hacer en el decir, creo que si hay una persona que puede sentirse identificada y ayudan en algo las palabras, bienvenido sea, es una forma de comunicar, de compartir, de manifestar.

Juan Luis Gallardo: Para no empacharme.

Leonardo Killian: Escribimos para trascender.

Christian Agustín Masello:   Porque se siente, porque no se puede evitar. Le robo sin pudor a Mario Vargas Llosa y digo que escribir es una forma de expulsar los demonios internos. Y siempre es mejor que estos belcebúes giren por el papel y no que se queden atorados en nuestro ser.

Juan Pomponio: Escribo porque es una fuerza imparable que me lleva a pulsar estas letras. La escritura es. Viene sola. Arranca desde un lugar imposible de explicar por intermedio de la palabra escrita. No puedo describir lo que existe en mi corazón. Es un caudal de tinta inagotable que viene en oleadas espasmódicas y las palabras surgen una tras otras sin freno ni pausa. Sólo vienen. No tengo explicación posible. Son temblores cósmicos, azules. Cualquier realidad que quiera transmitir por la palabra, nunca será lo real de todo lo que siento cuando escribo. Todo es un estado de inspiración. Viene y ya no puedo escapar. La fuerza me atrapa y dejo que todo emerja sin tiempo hacia la eternidad.

Rolando Revagliatti: Estímulos abundan, y en ocasiones, punzan, incitan, desafían y desencadenan.

Fernando Sánchez Zinny: Escribo por necesidad de comunicación: para contar lo que siento o para exponer cosas que creo debo compartir con los demás.

Màxim Serranos Soler: No existe un porqué. Escribir es inútil. Sin embargo, se escribe. Escribo. En mi caso porque imagino que suceden historias que después no puedo evitar explicar. Si las contara a la gente, de repente, tal y como se me ocurren y tal y donde se me ocurren, ya no me quedarían amigos... por pelmazo. No creo en la inspiración como algo divino, ciencia revelada o espíritu posesor. Sí creo en la inspiración en el sentido de ver algo real, tener una idea y transformar el conjunto.

María Cristina Valle: Dicen que la inspiración es transpiración y trabajo. Escribo espontáneamente y con pluma, donde acontezca el deseo de hacerlo y después trabajo los versos y su esencia se mantiene más clara.

Avgvstinvs Eliyahu: Puede ser que el dolor me lleve a la escritura, pero al escribir siento un alivio. Puede ser que para escribir necesite tener atormentada el alma, por la angustia o por los mareos del enamoramiento, pero al escribir, sea cual fuere el motivo que me llevó a ello, sentiré desahogo.
La inspiración, cuando sucede, es una brisa sobre el fuego creativo e insatisfecho del alma.

¿Qué clase de rectoras son la angustia y la felicidad?

Jorge Castañeda: He finalizado la escritura de una novela reciente y en ella hay mucha angustia y una especie de sinsabor que luego de terminarla me dejó un gran vacío en el alma, un estripicio prolongado, pero también una especie de alivio que no llega a felicidad por haberla terminado y dejar a los fantasmas encerrados en sus frases de tinta y papel.

Daniel Cichero: Sí, existe una angustia previa que muta en pulsión por escribir cuando uno siente haber encontrado un camino inexplorado.

Víctor Marcelo Clementi: La angustia, en tanto momento negativo y de acuerdo a la  dialéctica marxista, es el motor de la historia, lo que hace superarnos. En cambio la felicidad es la aspiración máxima a la que deberíamos acceder, la finalidad. El Logos Supremo.

Patricia Corrales: Escribir siempre satisface, hay un sentimiento que necesita seguir su curso. Alguna vez dije: cuando estoy triste; escribo, cuando estoy feliz, vivo. Pero no siempre fue así aunque la angustia, la bronca, la impotencia me han hecho escribir interesantes poemas. 

Juan Luis Gallardo: No soy proclive a desnudar mi alma. La felicidad me inspira más que la angustia, que prefiero guardar para mí.

Leonardo Killian: No conozco la felicidad. La angustia y el miedo son la única compañía que no me abandonó jamás.

Christian Agustín Masello: Cuando me embarco en la escritura de algún material determinado, siento la necesidad, y la obligación, de permanecer con la cola pegada en el asiento hasta, por lo menos, haber encauzado el pensamiento en el papel. Si no lo hiciera, si no escuchara a mis voces internas (o, en realidad, si me comportara como si no las oyera), la angustia sería tremenda. Y, una vez que consigo explayar en tinta, lo más fielmente posible, lo que la mente imaginó, soy feliz. A veces es una felicidad efímera, pero felicidad al fin.
   Por ejemplo, cuando trabajo en un libro, puedo permanecer días, e incluso semanas, sin salir de mi casa, despierto hasta muy tarde, con la luna como compañera, hasta que las palabras adecuadas fluyan como uno presiente que lo van a hacer.

Juan Pomponio: Hoy no existe la angustia. No tiene poder. La angustia llega cuando vienen los pensamientos, nos vamos al pasado a sumergirnos en un mundo de pesares antiguos o nos evadimos hacia el futuro a pensar en un mundo ilusorio. No estamos centrados en el tiempo real que es AHORA. Todo lo que existe en éste momento es la tinta y el estado de escritura para responder las preguntas ¿Dónde está la angustia? No tiene poder. Lo pierde por completo. La angustia llega con los pensamientos. Sin mente todo es lo que es.
         La felicidad reside en el simple hecho de SER, me embarga la plenitud de responderte. Soy inmensamente feliz porque no pienso en nada, sólo respondo con sumo placer cada pregunta. La felicidad en la vida es Hoy. Hay una inmensa felicidad por estar vivo y poder respirar, entonces la felicidad aparece en los actos simples de la vida. Se termina la búsqueda. Ya no importa la fama, el dinero, el poder, las realidades ilusorias forjadas por el sistema se caen y aparece lo Otro. Uno ha regresado a casa. No hay más caminos. Sólo lo que tengo. Eso es todo.

Rolando Revagliatti: Latente o manifiesta la angustia es rectora. Y la felicidad. Y el afán por clasificar y describir.

Fernando Sánchez Zinny: Para responder apelo a esa aludida ambivalencia entre poeta y escritor general: la poesía nace siempre de la angustia y a veces ayuda a calmarla. Lo otro tal vez se origine en la satisfacción y posiblemente contribuya a aventarla.

Màxim Serranos Soler: Ambas se presentan casi siempre unidas. Querer escribir y no lograrlo genera angustia. Pero esa misma angustia permite sentir la felicidad de estar vivo y de tener algo que decir aunque duela. Completar un texto produce una cierta felicidad, teñida de angustia porque los resultados a menudo quedan lejos de lo proyectado. Peajes de la imperfección humana. Pero rebajar la dosis de angustia de todo preparado de felicidad no debe de ser imposible.

María Cristina Valle: Angustia y felicidad son excelentes disparadores pero depende de la circunstancia y el tiempo. Hoy escribo a la duda, abstracta y existencial de ser  y no ser.

Avgvstinvs Eliyahu: La angustia de muerte es quizá la herida más avasalladora que me impulsa a escribir. Mis letras intentan calmar a la angustia que me impulsa a escribir, encerrándome en una trampa (o designio) donde la creación no muere jamás porque es inmortal mi melancolía.
La poesía, aún cuando es hija de la angustia y la tristeza termina siendo un destello de felicidad espiritual.

¿Hay diferencias motoras en el amor y la lucha por una causa?

Jorge Castañeda: No hay diferencias si entendemos que toda la causa de un escritor es dar una respuesta a los viejos problemas del hombre, como lo hacían los griegos en su teatro y escribir en última instancia es un acto de amor.

Daniel Cichero: Una causa es siempre hija, de alguna forma, del amor. Pero también supongo que el amor no se agota en una causa.

Víctor Marcelo Clementi: El amor y la felicidad son causas finales, logros;  en cambio la lucha por una causa es una necesidad.

Patricia Corrales: Particularmente he escrito a la pena de amor cuando hubo soledad, al amor estando enamorada.
Lucho por la preservación del alma, del individuo todos los días, es mi afán revertir la maldad, la hipocresía, el egoísmo.

Juan Luis Gallardo: No lo sé.

Leonardo Killian: No existe lucha por una causa sin amor. El amor y el odio son motores poderosos. Sin ellos no hay lucha posible.

Christian Agustín Masello: En realidad, las motivaciones para que uno tenga el deseo irrefrenable de escribir pueden venir de infinitos lados. El amor y el desamor tal vez sean el motor principal, claro, pero, bajo determinadas circunstancias, la lucha por una causa puede provocar un impulso también muy fuerte como para expresar los ideales en papel y tinta.

Juan Pomponio: El amor es inteligencia. Se terminaron las luchas en mi alma. Las motivaciones para escribir son las mismas que me impulsan a ser. Escribo porque escribo. Ya no hay más preguntas ni espero nada a cambio. La escritura puede transformase en un acto de sanación espiritual cuando no la encaminamos por las rutas del ego que siempre busca la satisfacción del elogio. Escribo porque existe una pasión por la misma vida. No importan los aplausos ni las críticas. Estoy sobre la faz de la tierra y mi función es moverme dentro del arte. Los pájaros cantan porque cantan, no se preguntan los motivos del canto. Sólo lo hacen y embellecen nuestro mundo. La escritura viene porque viene. Es así. Cuando le ponemos AMOR a todo lo que realizamos, se abren puertas dimensionales sin golpearlas, todo va tejiendo una urdimbre invisible para que las letras lleguen a donde tenga que ser sin buscar nada a cambio. Simplemente escribir porque nace de adentro, donde mora el refugio de la palabra.

Rolando Revagliatti: No accedo, Agustín, a respuestas cabales. La pasión es nuclear.

Fernando Sánchez Zinny: Sí, la poesía tiene momentos y es probable que nazca del hecho de percibir el amor o el desamor, de imbuirse uno de luz o de sombras. El resto corresponde a un compromiso intelectual tomado para el caso como imperativo categórico: esto es lo que debe escribirse y estaría en falta si no lo hiciera.  
Màxim Serranos Soler: No suelo escribir por amor, pero es un tema inevitable al ser uno de los motores de la humanidad. Nunca he escrito por defender una causa: defiendo las causas en las que creo por otros medios. Sin embargo, entiendo perfectamente a los artistas que ponen su arte a favor de una lucha.

María Cristina Valle: La lucha por una causa también involucra al amor, no mido la frecuencia ni la cantidad, hago porque es como respirar tan necesario.

Avgvstinvs Eliyahu: El amor es la única droga que hasta las religiones bendicen. Yo me dedico a la política porque todas mis poesías proscriben a la violencia y hacen campaña por el amor.
         Por un lado me siento muy anarquista y poeta y sólo proclive a embanderar causas universales, pero también muchas veces me indigna el más mínimo detalle de la mezquindad política sensibilizándome demasiado y recordando mi destino latinoamericano.

¿Cómo conviven la soledad creadora y la publicación?

Jorge Castañeda: El escritor es el ser humano más solo en el mundo, sentado frente a sí mismo que es como sentarse un poco frente a todos los hombres. Es una hoja en la tormenta como supo decir Lin Yutang.
Publicar y presentar los libros ya es un acto más ajeno y en mi caso particular me deja más indiferente que el acto de escribir. Tampoco podría ser de otra manera.

Daniel Cichero: En términos muy personales, escribir es un momento de alegría (aún cuando el tema sobre el que se trabaja sea ingrato). La publicación es un trabajo adicional, casi un lujo que no siempre ocurre. Por eso, cuando se logra interesar a un editor, me aseguro de que mi correo quede bien visible para que sean los lectores quienes cierren el círculo.  

Víctor Marcelo Clementi: Como estadios independientes, uno tiene que ver con la necesidad, lo segundo con el ego.

Patricia Corrales: No conviven satisfactoriamente, el artista pinta un mundo con las letras, sueña, percibe, se comunica, juega y propone; en la publicación entra el materialismo, la disponibilidad sólo económica y la espera.

Juan Luis Gallardo: Bien. El escritor que no escribe pensando en publicar no es escritor.

Leonardo Killian: Son caminos que a veces se cruzan...

Christian Agustín Masello: Yo solía decir que escribía para mí, por la necesidad de hacerlo, sin importar que leyeran o no esas páginas garabateadas… hasta que publiqué mi primer libro y empecé a recibir cartas de lectores con comentarios sobre lo que mi obra les había generado, entonces me di cuenta de que, si bien escribo por una necesidad espiritual que se trasluce también en física, una vez que se ha decidido la publicación de un texto, lo mejor que puede pasar es que el eco del grito escrito llegue hasta el literato, sobre todo si la voz que arriba es positiva, entonces se trata del mejor mimo que puede recibir nuestra alma.
   También podríamos hablar de cuando se siente la necesidad de publicar y aparecen los obstáculos para hacerlo, pero para qué ponernos de mal humor…

Juan Pomponio: Si escribo pensando solamente en la publicación, me pierdo el estado de gracia de la escritura. La soledad es mi eterna amiga, estoy en paz con ella, ya no me perturba, todo lo contrario, es la mayor fuerza que siempre acompaña mis pasos. Si no aprendo a convivir con ella, adviene el sufrimiento, la angustia.
         Ha dejado de preocuparme la respuesta del lector, de las editoriales o de los críticos o del cómo lograr la publicación. Sólo trabajo todos los días con una FE inquebrantable y sin pensar en nada de todo lo que pueda llegar. Si vienen a mi vida, producto del trabajo, serán bienvenidas. No busco resultados con la literatura. Sólo quiero escribir lo que siento. Todo lo demás llegará cuando tenga que ser.

Rolando Revagliatti: Conviven como viven: solas y conectantes.

Fernando Sánchez Zinny: Conviven en lo fatigoso del trabajo: cuando se advierte qué difícil es publicar termina uno de comprender qué difícil fue escribir. Pero cuidado: publicar es una cosa y ser leído y digerido otra muy distinta.

Màxim Serranos Soler: En mi caso, mal. Durante siete años escribía sin considerar siquiera la posibilidad de publicar. Como dijo Salinger, publicar era una intromisión intolerable en mi vida privada. Después pensé que había llegado el momento de abandonar mis monólogos y publiqué tres libros. Tuvieron muy poca respuesta: nula atención de la crítica, pocos lectores, frías reacciones entre los amigos y, lo peor de todo, reticencias en los editores. Es decir, ninguno de los editores con los que había publicado ha querido después publicar textos posteriores. Busqué otros editores, de los que obtuve la misma respuesta: no, gracias. En vista del éxito, he tenido que aceptar que la publicación no es el camino, al menos en mi caso. En el fondo, fue una liberación: estoy más tranquilo si sé que escribo sólo para mí.

María Cristina Valle: ¡Mal conviven mal! La soledad creadora es maravillosa y me vuelve intangible y etérea, atemporal e invisible. La publicación me expone demasiado a la realidad, lector no existiría así que ¡es una cierta contradicción! Como tantas otras cosas que tenemos los humanos.

Avgvstinvs Eliyahu: La soledad no es tan mala si ayuda a pensar mucho. Pero puede ser sacrificada la tarea. Cuando hablo de sacrificio no hago más que recordar las vidas de los grandes escritores. Todos ellos han tenido que sufrir la soledad, el desprecio, la incomprensión,  pero siguieron adelante. Si no hubiese sido así, ¿qué tendrían de grandes? Uno no es según el reconocimiento de los demás; uno es su verdad, más aproximada, cuando está en absoluta soledad.
         Yo experimento la misma sensación de liberación cuando escribo un poema mío en la pared del baño de mujeres de un tren o cuando se publica en una revista especializada de renombre. Porque la calidad estará únicamente en el lector, y ese esquivo personaje nunca se sabe por dónde paseará su mirada.

¿Es el idioma español una patria ante el resto del mundo?

Jorge Castañeda: Yo por ser depositario como todos los americanos de la inmensa riqueza del idioma español creo que es el más maravilloso de todos. Sus palabras son como joyas a las que nosotros los orfebres del idioma tallamos y les damos forma.
Por supuesto que hay un idioma universal que nos habla a lo profundo del corazón y todos entendemos aunque no lo hablemos: allí con suerte se pueden encontrar algunas difusas respuestas a los viejos interrogantes.

Daniel Cichero: Mi lector imaginario entiende español.

Víctor Marcelo Clementi: Sin duda es el más rico del universo.

Patricia Corrales: Se escribe, el artista no puede estar midiendo y si lo hace está comercializando y no creo que el verdadero arte se lleve bien con el comercio, aunque este sea el motor que impulse la comunicación. Un sueño: un idioma único de amor, respeto, integración.

Juan Luis Gallardo: Soy monoglota, lo cual condicionaría mi respuesta hasta invalidarla.

Leonardo Killian: Sin duda. Aunque me atrevo a corregirte. El concepto de idioma ha sido sustituido por el de "lengua" mas abarcador y menos restringido. Por otra parte prefiero llamarlo "castellano". En España se hablan más de una lengua y todas son españolas. Llamar español al castellano es una especie de imperialismo cultural. Mi viejo profesor Nicolás Rosa nos decía que nuestra lengua, la de los argentinos, es "Una forma dialectal rioplatense del Castellano".

Christian Agustín Masello: Creo que sí. En el sentido de que hay algo que nos une más allá del lado del charco salado en que nos encontremos.
   Mi último libro se publicó en España. Una palabra escrita en el sur del mundo voló hasta la península ibérica para ser leída por un español.
   También me ha pasado recibir mails de mexicanos y colombianos que habían leído textos míos.
   Podríamos decir entonces que el idioma español es una patria… o que quienes lo hablamos pertenecemos al mismo club.

Juan Pomponio: Cuando escribo no pienso en nada. Es el flujo que emerge desde las entrañas. No hay búsquedas intencionales para impactar a determinados grupos o agradar a ciertas personalidades del mundo. Escribo porque no puede frenarse el vendaval y dejo que todo salga sin tiempo. El idioma universal de la literatura es la realidad de escribir, sin importar la lengua que sea, no hay barreras porque los traductores se encargarán del trabajo. Escribo para todo aquel que quiera leer mis palabras, si quieren y tienen ganas, no escribo pensando y tampoco pienso lo que escribo. Sólo me fusiono con la tinta y mimetizado con ella me disuelvo en el papel de los tiempos inmortales.

Rolando Revagliatti: Intencionalmente escribo para quienes, en una de esas, se hallen predispuestos a mis registros de intencionalidad (y aunque les llegue traducido).

Fernando Sánchez Zinny: El idioma es la patria del poeta: él es de todos y para todos los que pueden entenderlo. Ese universo luego suele achicarse y hasta llega a ser minúsculo, pero nadie inicia la jornada con esa expectativa.

Màxim Serranos Soler: De hecho, yo escribo en catalán, mi lengua materna y mi interfaz para entender y expresar el mundo. No pienso en ningún colectivo determinado cuando me pongo a escribir, aunque, claro, al ser en catalán el público potencial se reduce. De todos modos, mi público real es mucho menor. He escrito algunos textos pensando tan solo en las dos o tres personas que los iban a leer. Mi primer libro publicado tenía la intención vanidosa de llegar a la humanidad entera aún estando formalmente dirigido a un grupo bastante reducido: los ciudadanos de Vilanova i la Geltrú, mi ciudad natal. Reescribí en español un libro que creía orientado a un público amplio, pero, una vez más, soñaba con llegar a todo el mundo, no a un colectivo específico. Todos los artistas quieren ser universales, ¿no?

María Cristina Valle: Yo escribo por la música también y esa es la respuesta grata que me dan los lectores y los oyentes de otros países: ¡aman la musicalidad de mis versos!

Avgvstinvs Eliyahu: Nuestra patria es la literatura y, yendo a lo particular, la lengua española. Las traducciones, o las segundas lenguas que uno habla, son como visitas guiadas por otros mundos, pero carecerán siempre del andar particular por el barrio en el que uno creció.

¿Cuánta esperanza tiene en la humanidad a la que le escribe?

Jorge Castañeda: Tengo esperanzas en la humanidad pero descreo que con el arte se pueda cambiar en mucho el rumbo de la misma. Los poetas somos un poco "profetas" y avizoramos el porvenir. Algo de zahorí tenemos pero más allá de advertir creo que no podemos influenciar mucho en el rumbo de la historia.

Daniel Cichero: Creer en grandes cambios por los textos propios sería un delito de omnipotencia. Pero sí cambian las microhistorias de las personas y algunas sensaciones compartidas que hacen a la identidad común entre el escriba y los lectores.

Víctor Marcelo Clementi: Ninguna, es otra lucha de especies. La nuestra, como dominante, inmundamente respaldada por una cita bíblica de dudoso criterio (reinarás sobre las bestias blablabla) nos pone en ejecutores.

Patricia Corrales: No se sabe con certeza si un escrito puede modificar la esencia de un individuo pero es necesario intentar concientizar, hay que escribir tantas veces sea necesario, desde el momento que una persona se conmueva, modifique sus pensamientos positivamente a través de la lectura entonces se ha ganado un individuo y hoy le hace falta al mundo.

Juan Luis Gallardo: Confío en la humanidad solo porque confío en la Divina Providencia.

Leonardo Killian: La misma que tengo en la Revolución.

Christian Agustín Masello: Aunque la objetividad del día a día no puede hacerme más que negativo, suelo sorprenderme cuando encuentro receptores que demuestran tener inquietudes similares a las mías… Se podría decir que escribir me ha servido para encontrar algunos pares en medio de un enorme mundo impar.

Juan Pomponio: No tengo esperanza. Tengo FE. Son dos realidades muy diferentes. La humanidad es una creación nuestra. El mundo que vemos ha sido forjado por cada uno de nosotros durante eones de tiempo. La realidad que vemos es el producto de nuestro estado interno. Todo dependerá de la Conciencia que podamos recobrar cada uno de nosotros y actuar desde el Amor sin los impedimentos mentales que significan las ideologías, nacionalismos, religiones, que cercenan la libertad del ser humano. Nos dividen en pequeños fragmentos para someternos más fácil. Si YO cambio, el mundo se transforma. No tengo dudas. La lucha desgaste, es mucho mejor deslizarse con fluidez para dejar que todo sea como tenga que ser, comenzando por mi realidad. Mi transformación interior impacta en los demás porque aquellos que comprendan el verdadero sentido de una escritura despojada del ego podrán tener la visión del ojo cosmológico y así comprender cuál es la razón de la escritura y la misión de cada uno. El futuro –que es hoy– depende de todos nosotros: los seres humanos. No busco conmover con las palabras ni transformar a nadie, pero si uno de ustedes es tocado por la palabra que emerge de mi corazón: Bienvenido sea.

Rolando Revagliatti: Absolutamente ninguna esperanza tengo. Aquí o allá instalo en algunos lectores mi cuota trasmisora. Que es lucha.

Fernando Sánchez Zinny: Soy amigo de las palabras: me simpatizan. ¿Esperanzas? Pues sí: puesto que escribo y publico es porque aguardo que a alguien le interese o lo admita… Por cierto que colaboro en enmendar y mejorar el mundo; todos lo hacemos si es verdad aquello de que “aun el pelo más delgado”...

Màxim Serranos Soler: Nula. No creo que mis palabras vayan a cambiar ni siquiera a un ser humano. Confío en que los escritores de verdad sí lo consigan.

María Cristina Valle: Creo que la palabra que es arte cambia al mundo si conmueve y eso pretendo humildemente hacer, por lo tanto lucharé cada vez más para sostener su fuerza.

Avgvstinvs Eliyahu: La poesía –y la literatura- puede salvar a la humanidad. En nuestros poemas no sólo hablamos de nuestros pesares o metejones, sino que siempre está presente un mensaje poético como espada.
         La esperanza, entre las más bellas virtudes humanas, tiene el inquebrantable compromiso, ejercido por la voluntad, con la resistencia. Los poetas poseemos esa fuerza inextinguible y superior a cualquier otra, porque es divina.

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