junio 09, 2011

Danza con un espíritu premonitorio

El exceso en la percepción de los sentidos aumentó la embriaguez natural de mi alma, envolviéndome en una fantasmagórica escena donde la realidad se confundía con el entorno.

El desconocimiento de lo corpóreo me trasladó más allá de donde yo estaba, para poder observarme, o bien juzgarme, con la plenitud de una mirada más, más profunda, de crudas sutilezas y marcadas sugerencias.

Me vi en el futuro como quien puedo llegar a ser, habiendo logrado mis más reservados secretos, percibiendo también allí que podría echarlo todo a perder, siendo capaz de conducir mis fuerzas hacia el bien o hacia el mal, y llegar en ambas direcciones hasta el final.

Esa era la causa de la lucha que dentro de mí acontecía, y cuando la pelea se calmaba, cual mirada desorbitada suplicaba llamando a la contradicción, donde la angustia acusadora, y asesina por vocación, alimenta mis defensas sin quererlo.

Entre la advertencia de la muerte y el escenario triunfal de mi mensaje, fue la poesía temeraria la que prevaleció y sació a mi alma.

El cuerpo mío, que ya no respondía, danzaba desbordado regresando al terreno en un festejo circular donde mis brazos dibujaban un escudo protector.

Seguí danzando y la angustia se refugió, y lo sucedido sólo yo entiendo, como está desde ese día en mí: la decisión de vivir lo anunciado.
Príncipe de Albanta

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