mayo 10, 2011

Tres motivos para la conformidad

Una isla... desierta de presencia humana pero llena de belleza natural... El sol me acaricia y muy suavemente me despierta... Ahí... En la playa... Plena y tranquila... El mar... Su sonido... Y el de unas graciosas gaviotas... Presentan la función de la mañana... Dormí lo suficiente... Hasta que el cuerpo decidió que no hacía falta más... Entre el azulado mar y mi relajado cuerpo, una palmera... Con paz interior... Tranquilidad transmite en sus movimientos... Se balancea y mueve sus cabellos disfrutando su entorno... No necesita trasladarse porque donde está le gusta... En su tronco una vieja y sufrida bandera argentina... Que no se rinde ante el clima y sigue flameando... Con sus colores... Que permanecen... A veces se confunde con el paisaje... Celeste y blanca... Viveza y calma... Sobre una roca el evangelio... Abierto con sus hojas en lectura por el viento... Invitándome una vez más... A ampliar la sabiduría... Y consolidar la espiritualidad... Más atrás una bella figura... Un contorno atractivo... Pensamientos encontrados... Acercándose... Una mujer... Características abstractas... Balanceando sus caderas... Con movimientos a destiempo que una palmera... Se acerca y tiemblo... Es muy hermosa... Sus cabellos... Acarician mis pensamientos... Su mirada observa el interior de mi corazón... Y me avergüenzo... Puedo olerla ya... Es perfume... Su rostro me confunde... No la recuerdo... Siento fantasía... Emoción y excitación... Se acerca y se acuesta junto a mí... Me besa profundamente y apoya su cabeza en mi pecho... Me siento hombre... Nos abrazamos más fuerte... Contemplamos el cielo azul...
Avgvstinvs Eliyahu

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