mayo 11, 2011

Sueños del más allá (de todo)

Carla soñaba en Camboriú poder algún día dejar la lavandería donde trabajaba y dedicarse a estudiar filosofía en el país que inspirara a Nietzsche, Schopenhauer o Kant. En ese mismo instante, Johannes en su zapatería de Berlin, colgaba fotografías de las playas del Brasil, e imaginaba cuán feliz podría ser si tuviera la suerte de vivir escuchando bossa nova frente al mar.

Un día ambos se animaron a perseguir sus sueños.

Ella viajó a Deutschland sin hablar alemán y él voló a Suramérica con un diccionario de portugués. Cuando Carla arribó a Berlin, en Migraciones encontraron sospechosas sus intenciones de estudiar filosofía y sólo vieron una lavandera con ganas de fregar en moneda más fuerte. Ante los distintos oficiales que se ocupaban del caso, es decir de ella misma, escuchaba sin entender el lenguaje que habían hablado sus personajes tan admirados y, en vez de estar hablando del ser, de la moral y la voluntad, encontró unas palabras en un sello rojo que la deportaban apresuradamente a su mundo natal.

Sucedió aquello en el mismo instante en que Johannes escuchaba frente al mar una canción de carnaval en sus auriculares. Sorprendido halló con la mirada las instalaciones monstruosas de una compañía de su patria en las puertas de un barrio marginal. Aunque expresara en un imperfecto portugués su amor por la cultura brasilera, unos muchachos del lugar, reconociéndole y en triste represalia, le despojaron de todo lo que tenía, incluido el pasaporte. Uno de los atracadores, como si necesitara explicarle un porqué, le señalaba la industria enriquecida en la desigualdad. Otro, en gesto piadoso, le indicaba la dirección del más próximo consulado alemán.

Volvieron a coincidir.

Carla volaba deportada intentando hallar una razón filosófica de su devenir. Se juró a sí misma reescribir la historia de la filosofía pero en portugués.

Por su parte, Johannes no escuchaba bossa nova en el avión de regreso porque ya no tenía con qué, y sólo se atormentaba pensando qué culpa de este mundo le correspondía a un muchacho como él. Al otro día, en su zapatería, mirando confundido las fotografías de la pared, se preguntaba si en Alemania ocurrían también atracos como los que había sufrido él.


Madrid, 2010
Avgvstinvs Eliyahu

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Así como un hueco en la tierra se llena de ramas, de lluvia, de nieve o quizás de ceniza.
Así es como los huecos en el alma se llenan imprevistamente y sin ánimo de que sucedan.
Cuando la ilusión recae con expectativas nulas, uno se da cuenta al final que estamos llenos de circunstancias que nos muestran nuestros vacíos, la emergencia es no perder la cabeza, es la forma de sugerirle a la vida que lo inevitable se puede trascender con fortaleza, porque al final estamos solo para ser felices y en ese trabajo diario de ver lo mejor de cada uno es donde la incertidumbre nos lleva a realizar acciones impensadas y no buenas del todo para Nuestra alma.
La angustia se tiñe de mil frases, de mil historietas, solo lo bueno queda, porque lo verdadero de nosotros mismos no se puede imaginar, se trasmite y a la larga cada uno tiene lo que se merece y en especial lo que desea con todo su espíritu, la visión de lo que uno anhela es la base para llegar a nuestras metas, pero en el camino, hay una lucha interna para atravesar los miedos.
Serás piedra de tropiezo o canal de progreso .el amor siempre es liberador.(el verdadero).

vuelo de madrid a bs as.

Príncipe de Albanta dijo...

¡Mucha suerte en Buenos Ayres! Ya verás que es una ciudad con mucho para ofrecer, y espero te llenes de tango... Besos dálmatas...