mayo 11, 2011

Libertad Esclava

El adiós a un hermano
A mi querido hermano,
Andrés Lucas,
Que siempre ilumina mi camino,
Y a quien terriblemente extraño.

A quienes han perdido a un ser querido,
Y confían tiernamente en el reencuentro.

“Solamente en el sueño
Encuentro a la coherencia;
Únicamente en la realidad
Percibo el absurdo” 
Adentrándose 

El siguiente es el recuerdo de un hermano. Por su partida temprana y por las tantas cuestiones que quedaron sin discutir, y por muchos guardados sentimientos, que en vida pocas veces se dicen, intento, difícilmente, reanudar el diálogo.
         Esperando que en sus poesías, y en mis contestaciones imaginarias, puedan sentir el deseo de expresión encaminado a dejar un mensaje de Libertad, Paz y Amor.
Tierras de Adrogué, 1998
Avgvstinvs Eliyahu

El adiós a un hermano

Un atardecer de domingo, invitando a la noche. Quizá como muchos, seguro distinto. Las personas muestran sus rostros extrañados, presintiendo el reinicio cíclico de la semana, cargada de problemas, que muchas veces ni siquiera lo son para el ánimo de querer solucionarlos. Toda una despedida al fin de semana.
         Me encuentro como ellos pero aún más angustiado. Flechas tristes atacaban mi corazón en su recorrido nostálgico de observar mi vida.
         Mi nombre es Agustín Elías y tengo diecinueve mil inquietudes. Y aquella noche se desparramarían en mi cabeza obligándome a intentar ordenarlas coherentemente. Sería una noche diferente. Puede que lo sabía.
         Tratando de darme cuenta del momento que paso de la vigilia al sueño, sin darme cuenta en absoluto, me duermo. Pero hay una angustia que no duerme, se mantiene al acecho desgarrándome. Pero ella no es mala, es realista. Me muestra las cosas tal como son y no como quisiera que sean. Por ello no me enojo con ella, sino conmigo mismo, por no poder refutarla. Es una noche tensa.
         Sé que estoy en el sueño, inmerso en su magia, pero nunca fue tan real como aquella vez. Golpean a la puerta de mi casa. Me dirijo acongojado. Observo por la ventana y lo veo a Andrés Lucas, uno de mis tres hermanos. Está en la vereda y muy inquieto. Lleva en sus espaldas una mochila y se mueve algo indeciso. Le hago señas para abrirle la puerta y se aleja. Me acerco a la ventana nuevamente y él lo hace desde afuera. Nos miramos. La angustia me envuelve. Sé que no quiere entrar porque se va. Vino a despedirse. Tal vez era imposible el abrazo, tal vez era exigirle demasiado a las instancias. En ese momento me doy cuenta que emprendería el viaje definitivo, el regreso al Padre. Encuentro en él una sonrisa, que no logró tranquilizarme en ese momento, pero que la recordaría en los ataques de tristeza. Y ahora decidido se aleja ya sin mirar atrás porque no volverá, porque se va.
         El reloj despertador me trae nuevamente a la supuesta realidad. Suena el teléfono en mi casa y es un hermano para informarme que hace minutos –cuando precisamente soñaba- aquel hermano había fallecido.
         Las lágrimas que recorren mis mejillas marcaron surcos invisibles, que muestran el camino para conocerme a aquellos que puedan verlos. Porque son profundos, se dirigen al más íntimo rincón de mi interior.
         Llorando como nunca, con lágrimas grandes como mi corazón. Aprieto fuertemente la almohada descargando la impotencia, y escucho el crujir de un papel, debajo de la misma. La levanto y encuentro un poema que decía lo siguiente...

Muerte

Para mí, para vos, para todos,
día tras día, se termina,
me muero, me estoy muriendo,
estoy sufriendo, no hay razón.

Libertad Esclava, sueño olvidado,
oscura e incansable felicidad,
como un arcoíris que perdió sus colores.

El cielo, no tiene estrellas,
golpea tu puerta, te llama,
la carrera, te agota, se acaba.

Dad vuelta esa moneda,
responde, continúa, perdona,
¿quién te sufrió?
vos no sabes el momento, tal vez sí.

Tierra fértil,
bajo un árbol, mucha sombra,
una lágrima, te quería, adiós,
pero a pesar de todo yo era mi mejor amigo,
¿quién me conoció?
Andrés Lucas

Después de mucho llorar y reflexionar decidí escribirle, esperanzado que dejando mi carta bajo la almohada, por la noche, él se la llevaría.

Hermano Andrés Lucas,

Recibí tu carta, tu muerte, tu despedida. Te agradezco y te reprocho. Importantísimo fue que te despidieses de mí, terriblemente estúpido que te hayas ido tan rápido. Me llevabas siete años, no más, hasta podíamos habernos ido juntos en una aventura en común, como las que tantas veces soñamos, planeamos, y que nuestra imaginación se ocupó de concretar. ¿Pero acaso no lo sé? Jamás hubieses consultado. No era tu estilo. La libertad al extremo. No hay límites en la vida. Y te digo que lo aprendí. Un hombre debe conocer sus límites para no reconocerlos jamás. Creo que sí lo entendí, porque creo que sí te entendí.
         Pero hay tantas cosas que dejaste sin hablar. Y no pienso dejarte tan tranquilo hasta que no las hayamos discutido, como siempre, como ahora. Así que, hermano, si bien es la despedida, la estiraremos un poco más. Disfrutémosla. Saquémosle el jugo, como a todo, siempre.
         Tu poesía, definitivamente, profunda. Como el abuelo, como vos. Estoy convencido que incluís el tema global de todas nuestras charlas y futuras cartas, Libertad Esclava.
         Con esas palabras lo definís todo, y te entregas a conocer. Es la perfecta combinación de palabras para expresar la perenne contradicción que acosa al hombre en su imperfección. La libertad, es el emblema de todas tus batallas, tu estandarte contra la mediocridad, tu escudo ante el insulto, la bandera que flamea en lo más alto del cielo. Y la Esclava, es la otra cara de la vida y la realidad, quizás la enemiga de la precedente o quizás, con o sin ironía, su amiga. Porque para que exista la una o la otra es necesario que exista su opuesta.
         Ahí, te reitero, está el eje de lo nuestro. La esencia del objeto de discusión. Espero pronto tu próxima carta bajo mi almohada. La vida y la muerte me acompañan en el camino. La primera me invita a sentir, y la segunda, amenazante, me enseña a su compañera.                                                                  
Agustín Elías


Niñez 


El comedor está en silencio,
un hermano en el sillón,
es el tiempo en que pienso,
en los títeres de cartón.

¡Qué inocencia, qué ilusión!
hoy recuerdo y revivo
una extraña y dulce infancia,
me río y me lastimo
yo era un niño de cartón.                                                                  
A los niños

Ayer escuché por mí
que una anciana comentaba
que el futuro es de los niños,
y me replanteé de dejarles
algo digno.

 

Andrés Lucas



Querido Andrés Lucas,

Gracias por contestarme, pues no sé tus responsabilidades allá en lo alto, pero sí sé que siempre supiste hacer las cosas sin que los demás se enteren. Todo lo burlabas, de todo te reías, pero todo, también, hasta lo más insignificante, te afectaba.
         Será por eso que papá, el otro día, me decía que temía ir a visitarte al cementerio, encontrarse con un circo y entre la confusión, que te hubieras escapado.
         Leí tus poesías, muy lindas. Son verdaderamente tu opinión. Siempre te preocupabas por los chicos, de la calle en especial, aquellos “Olvidados de la Calle”, que tanto te conmovieron y vos los trataste por iguales. Como corresponde. No te gustaban las reuniones refinadas, preferías compartir un choripán con algún chico de la calle en las estaciones de trenes, y eso, debo decirte, fue tu mayor poesía.
         Te preocupabas mucho por ayudarlos, alejándolos de la maldita droga que no le deseabas a nadie. Porque sabías lo que era, conocías la esclavitud de sus falsas libertades y no querías víctimas, ni compañía. Tus broncas hacia aquellos que teniendo el poder de resolver el problema no lo hacían o no les interesaba. Te convertiste un poco anarquista. ¿Qué otra doctrina hubieses adoptado? Conocías desde el fondo la miseria. Viste con tus propios ojos falsos señores públicos, esclavizados, pero cínicamente enamorados de la droga.
         Y cuando yo te hablaba de ideales, que había que cambiarlo todo en el mundo, no me desanimaste pero me advertiste, que resulta difícil mejorar este mundo, aunque imposible no intentarlo. Te interpretaba, aunque diferíamos, te entendía criticándote.
         Sé que me iluminas al escribir. Cuando escribo algo bello sé que estás detrás de mí, soplándome al oído con tu mano sobre mi hombro, como decía cuando era más chico lo hacía nuestro abuelo.
         Te pido no me dejes de alentar. Te pido me observes y me critiques cuando me aleje de la razón y me acerque al mundo animal, ayúdame a ser siempre hombre, leal y correcto, como ser valiente. ¿Qué es la valentía? Pues, ser valiente es actuar bajo la observancia del Bien desconociendo sus consecuencias. Nunca permitas que me aleje de ello.
         Amigo, hermano, un muy fuerte abrazo. Y no hará falta te recuerde la exigencia, que próximo a mi cumpleaños, deberé recibir una carta tuya. Es largo el camino, pero estoy corriendo.

Agustín Elías


Cumpleaños

Agustín Elías,

Hoy no es un día más. El día de hoy ha de ser el más importante de este año. Es cuando uno se detiene y se dice a sí mismo, cómo pasa el tiempo, cómo he crecido.
         Bueno, yo también esperé mucho este día que para mí también es muy importante ya que tú eres mi hermano a quien re-quiero y admiro. No aflojes nunca. Yo siempre estaré junto a vos, no lo olvides, un gran abrazo, mi amigo y hermano.
         Este es momento que quiero que todos los días te esfuerces en dedicarlos a Dios y a mí.
         
Fuerza Agustín Elías, un abrazo.
Andrés Lucas



Compañero Andrés Lucas,

Luego de leer y releer tus hermosas palabras por mi cumpleaños recordé la poesía que te escribí cuando cumpliste dieciocho. Yo tenía once y ya veía cosas que intentabas ocultar...

“El cumpleaños del vago Andrés Lucas, mi hermano”

Siempre por ahí, sin preocupaciones
y mi padre con ilusiones,
porque él tenga preocupaciones;                       
es vago con ilusiones.

Bueno, llegó el cumpleaños,
perdona en el día la costumbre diaria,
lo digo ahora que cumple dieciocho años:
¡olvida el pasado y a renovar el futuro!

Agustín Elías


Crecer

Ya nadie queda,
ya nadie espera,
cuando tuve que partir
nadie me vino a despedir.

Y el dolor no me ganó,
y nueva gente conocí,
otra... otro rumbo,
no me verás caer.

Y con vos, con Él crecí,
es el camino que yo elegí;
y hoy por hoy estoy contento
porque soy hombre y siento.

El Árbol Amigo

Creciste y te fortaleciste,
a tu adultez has llegado,
cuando en principio eras semilla,
en la tierra y con lluvias naciste.

Inviernos y veranos pasaste,
alguna vez te lastimaron
y también te podaron,
pero fuertes vientos soportaste.

Esa meta y objetivo
superaron el dolor,
y en angustia y soledad
hoy sos árbol y estás vivo.
Andrés Lucas
 
Te Busco Hermano,

En tus últimas poesías te referís al crecimiento. Es la etapa quizá más difícil y decisiva de todas. Porque en ella los cambios son tantos y tan bruscos que no dan tiempo muchas veces para asimilar o entender acabadamente el significado de los hechos.
         Es donde nace tu rebeldía incontrolable, salvaje. Donde esperabas respuestas, escuchaste evasivas; donde esperabas apoyo, recibiste indiferencia. Al igual yo. Nuestra paideia fue sufrir en dilemas. Mientras papá y mamá nos enseñaban las buenas cosas: la riqueza interior ante la bancaria, ser buena gente ante todo y demás, en nuestros educadores recibimos la más dura de las agresiones, el resentimiento. Y la burla siempre jugueteando por ahí.
         Los ideales causaban risa y el chantaje exigía su estudio para aplicarlo. Nunca lo entendí. Te acordás cuando le mostré a una profesora de literatura unas poesías que había escrito y se me rió en la cara e hizo motivo de risa mi humana condición de querer expresar lo que uno lleva dentro. Horrible.
         Sería porque nos consideraban tontos, por nuestra corta edad, que todavía no estábamos preparados para escuchar acerca de cosas tan importantes, como el sexo, las drogas, nuestros derechos, Malvinas. Odiabas ese menosprecio hacia el alumno. Y sabías que yo también, por eso cuando me retaba un profesor o me ponían amonestaciones por mis indagaciones reías disfrutando.
         No hacía falta hablar de esos temas. A ellos no les importaba, aquel que contrajo SIDA con una chica que ni siquiera sabía su verdadero nombre, el que moría de sobredosis, o aquel que iba preso por no tener para comer. Y las preguntas encontradas de quiénes eran aquellos soldados en los trenes y subtes que la gente los miraba como delincuentes, ¿no eran héroes? Claro que sí, ambos lo sabíamos.
         Cuando necesitábamos escuchar qué hacer vimos al menos lo que no había que hacer. Y te reitero que jamás me molestó en absoluto el trato distinto de muchos por ser tu hermano a raíz de los problemas que ocasionabas con tus reclamos. Sino por el contrario, me sirvió para darme cuenta quiénes eran las personas que valían entre vecinos, educadores, conocidos...
         Te cuento con relación a lo expuesto más arriba, muchos reclaman la pena de muerte para determinados delitos. ¡Qué brutos!,  dirías. El hombre sabe escapar de los hechos, así sea con la imaginación, pero no puede de su conciencia. En vez de solucionar el problema radicalmente buscan taparlo o quitárselo de encima. Sólo con educación se soluciona la  necesidad siquiera de discutir la penosa muerte. La sociedad cría a sus hijos.
         Somos seres frágiles porque sencillamente podemos morir; tenemos que ser fuertes porque difícilmente debemos vivir.
Agustín Elías

Amigo

Un amigo que me invita
a permitirme sentir,
Tú me escuchas y yo te entiendo,
tu amistad me hace vivir.

No me dejes, nunca aflojes
porque a Ti he de seguir,
un abrazo siempre pediría
para sentir tu compañía.
Andrés Lucas

Te Extraño Hermano,

Me gustó mucho tu poesía acerca de la amistad y pude darme cuenta, que aquel amigo era el gran amigo que decías tener, Jesucristo.
         Creo que será la más cómica de tus poesías esta última. Porque en un mundo tan materialista, individualista y sin, o con falsos ideales, no le dan oportunidad a Él.
         Aquel que fue amor todo, ternura completa y entrega absoluta. El personaje histórico más importante que haya pisado este contradictorio mundo, es pocas veces recordado.
         Los buenos actos no deben ser sólo para complacer a Dios, pues estarían subordinados a la falta de humildad. Deben ser buenos en sí, nacer dentro de nosotros, en el corazón, y poseer la voluntad de realizarlos ignorando la existencia de Dios.
         En este mundo donde la Libertad, la Paz y el Amor son menospreciados es difícil la esperanza, pero no debe perdérsela nunca por ser nuestro tesoro más valioso. Buscaste a Jesucristo por todas partes, hasta que lo encontraste dentro de vos y brindaste amor desinteresado.
         La felicidad no puede ser alcanzada individualmente, pues se alcanzaría el egoísmo. A la felicidad sólo se llega en compañía.
         Entendiste que la vida es algo más que una vegetación, el hombre es un ser que ama y se apasiona, no puedes quitarle eso porque dejaría de ser hombre. Vive cada día con la certeza de la incertidumbre de no saber si será el último. Porque tenías la certeza, el hombre enfrentará a la muerte; su distinción será su particular circunstancia.
         Aquel mensaje social tan materialista vos supiste opacar, no con algo mayor porque no se trata de cosa material sino con palabras que poseen grandeza. Cuando decimos que somos nunca lo hacemos con relación a algo complementario sino con respecto de lo que uno es desde que vino al mundo, simplemente un ser humano. No pretendas llevarte algo al Cielo; preocúpate en dejarlo todo aquí en la tierra.
         Me enseñaste a leer el evangelio, me pediste que lo hiciera, sabiendo que me gustaría. Iluminaste mi camino con generosidad y humildad.
Agustín Elías

Reencuentro

Esta tarde fue distinta,
distinta porque te vi,
hoy sentí tu ausencia
y también tu presencia.

Esta tarde fue distinta
y me callé lo que sentí,
todo lo que quiero saber
es ¿por qué me reprimí?

Amarte

Amarte sin tocarte,
amarte sin hablarte,
amarte sin tenerte,
amarte tanto es amarte. 

Andrés Lucas

Amigo Andrés Lucas,

Tocaste finalmente el tema del amor, El Tema. Aquí coincidimos siempre en que era lo esencial para poder vivir. Amar. No hay otro camino. El amor es la solución a todos los problemas. Pudimos distinguir tres tipos de amores. El Religioso, El Existencial, y La Mujer.
Amor Religioso es el amor supremo, pues encierra la espiritualidad de cada hombre. Su interior y su bondad. El Amor Religioso es el que uno manifiesta cuando con torpeza, intenta, imitar a Jesucristo. Él es amor. Nos enseñó que el camino que debemos elegir será el del amor. Porque es el más puro y verdadero. ¡Cuánto amor falta en la sociedad!  Cuánto de Jesucristo falta en ella.
         Amor Existencial es el amor que le da sentido a la vida misma. Amor como sentido a la vida. Una vida tiene sentido cuando en ella hay amor. El hombre que ama le encuentra sentido a la vida. Sea amando su trabajo, el profesor que ama ver aprender a sus alumnos, el policía que salva la vida de una criatura...  están amando y por ello le dan validez y sentido a sus vidas. Aquellos que no le encuentran sentido a sus vidas es porque no están amando: la vida, el prójimo, el mundo...
         La Mujer es quizá el amor más difícil de explicar. La Mujer por el sólo hecho de existir su fuerza es tal que justifica cualquier otra existencia. Además, son quienes provocan la vida misma. Es La Mujer el ser más hermoso que hay sobre la tierra. Es la bendición más perfecta que Dios nos da. La Mujer suscita la exaltación hasta el infinito de todos nuestros sentidos. Enloquece nuestro equilibrio. Atormenta nuestra tranquilidad y no por nada. Es así porque estéticamente es: la forma más preciosa que embellece el mundo, el perfume más hermoso que rodea el ambiente, el gusto más sabroso, el sonido más perfecto en su voz y la textura más suave que pueda encontrarse. Porque interiormente: La Mujer tiene la palabra justa, la sonrisa encantadora, sus consejos poco apresurados, sus caricias comprensivas, su tranquilidad y apoyo, su instinto materno.
         Claro que compartís conmigo todo esto, si viviste enamorado. Vivir bajo el ansioso dominio, e incontrolable fluir, del libre pensar.
Agustín Elías

Malvinas

Grandes y cargadas nubes
proyectan su sombra en tu tierra,
en arados con viejas esquirlas
un llanto y angustia contuve.

Un día una ambición te atacó,
un ejército de jóvenes llegó,
no sabías que pasaba
y de repente una guerra desató.

Hoy recuerdas una herida,
cubierto de cruces el campo,
tu pasado te recrimina
la Gran Guerra de Malvinas.
 Andrés Lucas

Joven heroico 

Al soldado sólo conocido por Dios


Aquel joven adolescente
que un otoño partió
a sellar un sueño insistente
y que no volvió.

En las Malvinas
él confesó
que son Argentinas
y por eso murió.

Agustín Elías

Afectuoso Hermano,

Antes que nada quiero agradecerte por recordar mi poesía. Ambos cuando chicos escribimos acerca de las Malvinas. Nos afectó terriblemente el hecho que muchos tratan de olvidar. Nosotros no nos íbamos a olvidar de aquellos valientes que descansan bajo cruces en las Islas. Olvidar las Malvinas es olvidar a los que murieron por ellas.
         En todas nuestras charlas estaban presente, ellas, silenciosas. Soledad y Malvina fueron compañeras de nuestras aventuras idealistas. El lugar más hermoso para morir era Malvinas. Lo sabíamos, y hasta teníamos celos de aquellos que permanecen ahí. Los admirábamos. Sus nombres en la Plaza del General de San Martín, en la capital, conformaban un altar a la admiración y al respeto.
         Nos quedábamos boquiabiertos al ver a los combatientes por las calles. Estábamos presenciando héroes de carne y hueso y no aquellas estatuas lejanas de la historia. También veíamos la indiferencia de mucha gente. Pudimos ver el extremo de la ignorancia en el desprecio y olvido de aquellos soldados, marinos y aviadores que lucharon por nosotros. No podían ser olvidados, debían ser condecorados con las medallas morales de la valentía, patriotismo, sacrificio y desinterés personal.
         Claro hermano, nosotros sí que los admirábamos. La injusticia existe, pero no desesperéis, la justicia también existe, y ésta última prevalecerá y triunfará. Bajo extraño pabellón, mientras haya injusticia, no habrá paz; si se lucha por la justicia habrá esperanza.
Agustín Elías

Mamá

Tan dulce, tan dulce,
tú estás y tú me cuidas,
junto a ti yo aprendí
y en la vida yo crecí.

Tu calor incomparable,
tu ternura admirable,
gracias a ti madre mía
hoy yo soy mi propio guía.
Andrés Lucas

Soñador Andrés Lucas,

Es una hermosísima poesía la que le enviaste a mamá. Le encantó, pero la emocionaste mucho. Siempre quisiste a mamá con un amor muy especial, difícil por tus rebeldías pero todos sabemos que tu ternura coloreaba los sinsabores.
         Te lo perdonaba todo. Ella te malcrió, y te encantaba abusar de su cariño. Al igual con Papá. Les complicabas las vidas y al otro día aparecías con regalos y abrazos; era muy divertido mirar las caras de desorientación y confusión total en que los dejabas.
         Los amaste y te amaron. Pero esas son cosas que tenés que hablarlas con ellos.
         Presiento que es tu última carta. Me da lástima cortar este diálogo aunque me encantó que haya existido. Hermano te extraño cada día y sucederá siempre. Diariamente debo enfrentarme a dos impostoras; la impotencia en la tristeza y la sonrisa en la felicidad.
         Tu mensaje estará presente. Ni siquiera intentes diferenciarte por lo exterior de ti; sino busca destacarte por tu interior y sí tendrá valor. Tan grande como tu ilusión, busca en Libertad, encontrarás el Amor, abrazarás la Paz.
         Olvidarte sería imposible. Esperame en una nube hasta el reencuentro. Cuidate y, en la medida que puedas, cuidanos a nosotros, tu familia. Yo estaré bien, nadie podrá quitarme la vida, pues antes del intento, ya la habré entregado. Con pasión desbordada, sin límite alguno repetiré siempre nuestra frase: Vive sobre el escenario y haz la mejor representación de ti mismo.
Un regalo para vos. Papá escribió en el aniversario de tu despedida:
 
Sencillo, grácil, armonioso.
Mirada profunda, toda ternura.
Soñador como ninguno, la realidad lo hería.
Fuerza indomable, sensibilidad exquisita.
Visionario, guía fantástico que a todos conocía.
Marcó un rumbo, sembró amor y esperanza.
Fue Quijote, Poeta, Hijo Pródigo.
Se quedó sin nada para no dejarnos las manos vacías.
Partió al llegar la primavera, con las primeras flores, al amanecer,
para que no olvidemos que para que la vida merezca ser vivida
tenemos que hacerlo con generosidad y alegría.
Papá
  
Aquel Hermano
La vida es distinta,
mi mirada es más aguda.
La ilusión y sueño son mayores
porque la crítica es superior.

Ya no te veo,
es cuando más te siento,
cuando más te extraño.

Esperame en una nube eterna
con los brazos abiertos
en pícara sonrisa y con la inocente
frescura de tu mirada fugaz.

Prepara el abrazo,
con fuerza indeterminada,
para el momento,
por aquel gran reencuentro.


Agustín Elías

Hermano, ha llegado nuevamente la despedida y quiero decirte que sí, yo te conocí. Hasta el reencuentro, siempre. 

Adentrándose nuevamente
Habiendo transcurrido unos nueve meses de la partida de mi hermano, en un sueño, como si pariese el luto su desahogo, nos reencontramos.
         Este sueño, junto con el que viví la noche de su partida, es tan real y recordado que hace dudar todo argumento fantasioso. Prefiero aceptar mi subordinación plena, como hombre, a la verdadera reina de la razón, la Fé.
         Con éste segundo mensaje reafirmo el precedente, me extiendo en el presente, intentando no dejar algún mensaje ausente.
         Esperaré entonces seguir soñando, huyendo del absurdo, refugiándome en la coherencia.
                                                                 
Laetus in praesens

Inmerso en el silencio. Alejado del absurdo, tranquilo. Me encontraba soñando, tal vez en la verdadera realidad. O bien era la promesa del reencuentro y su celestial comprobación. En definitiva estaba sintiendo, algo así como viviendo.
         Estaba sentado en una silla construida de caña, con los pies en una mesita de vidrio y el diario desplegado ante mis ojos. Fue congelante la imagen de mi hermano Andrés Lucas entrando a la habitación, con una sonrisa alimentada por el tiempo transcurrido y la distancia del último abrazo. No logré incorporarme por completo al intentar pararme cuando lo tenía a él abrazándome fuertemente y yo intentando ganarle con más fuerza. Nos miramos algo así como extrañados, reconociendo los cambios que pudieran haber experimentado nuestros rostros. Él estaba en una de sus mejores formas, como cuando más feliz se lo viera. Su rostro era limpio e impecable. Irradiaba un esplendor de ausencia de angustias. Y no estaba solo. Había una mujer con él.  Era una morocha también de rostro impecable, pero que impedía verse bien por sus ojos que atrapaban mi mirada no pudiendo reconocerla, y es por ello que me atacaba esa maravilla luminosa. Acompañaba a mi hermano, y creo que lo estaba cuidando. No quería interrumpir nuestro encuentro y se mantenía unos pasos distanciada, pero no quería perderse nada y nos seguía con su mirada sin dejar un gesto o una expresión fuera de su alcance. La habían mandado para que controlara la situación, o quizá, simplemente mi hermano le había pedido que lo acompañase para que comprendiera yo la felicidad que él deseaba transmitirme. Sabía él como yo, que la felicidad se encuentra en los brazos de una mujer.
         Con un nerviosismo y ansiedad sorpresiva lancé mis expresiones indecisas hacia aquel rostro esplendoroso que mostraba en su mirada todo el dolor y la alegría.
         Me quedé observándolo tomándole los pelos con mis manos, fuertemente como queriendo comprobar si era cierto que estaba aquí.
         - ¿Cómo estás?, me preguntó.
         - No entiendo que hacés aquí. ¿No debés estar en el Cielo?, respondí.
         - Sí, pero vine a visitarte. Y mucho más importante, vine a dejarte un mensaje. Es muy importante, tanto, que a ello se debe mi visita.      
Seguía todos sus movimientos, sin perder la imagen de los ojos femeninos que iluminaban el escenario de la más envidiada obra teatral, El reencuentro en el abrazo de dos hermanos de distintos mundos... o del mismo sin saberlo. Con cierta euforia prosiguió.
- No quiero que desperdicies tu vida. Debés aprovecharla desde ahora, ¡ya!
Luego, con su pluma, escribió una frase en un papel agachándose a la altura de la mesita de vidrio donde antes apoyaba mis pies: “Disfruta de la vida. No la desperdicies. ¡Disfrútala desde ahora y ya!”
Volvió a mirarme, ahora sí como lo hacía antes, con total tranquilidad, por haber cumplido con su misión en la visita y pudiendo ver mi alegría del reencuentro con él y sus palabras. Fue silencio. Fue emoción compartida y lo fue todo. La mujer tomó las manos de Andrés Lucas y juntos parecieron perderse, como el sueño también lo hizo... Luego un susurró llegó a mí... “Mira hacia delante y deja entrar el sol”...

El abrazo en el reencuentro


Fue una sorpresa
como lo fue su vida entera
fue tal extrañeza
en un mundo que no deja que lo crea.

El afecto fue un abrazo,
el defecto fue su tiempo,
cómo explico esto acaso
si solamente yo lo siento.

Fue volver a verte
y dijiste otra vez
que no olvide y que disfrute
como la última vez.

Que no desperdicie mi vida 
disfrutarla ahora y ya,
te aseguro que mi vida
se dirige hacia allá.

Y si no lo ves así
te pido me iluminen
unos ojos hoy a mí
y como a ti también me mimen.

No hay comentarios.: