mayo 08, 2011

La Cuba

Homenaje al Che Guevara
Al Che,
Por enseñarme que los valores
No reconocen fronteras,
Y al pueblo cubano,
Que soporta la soberbia de los necios
Y la indiferencia de sus hermanos.

A Mel,
Un amigo incondicional,
Que siempre ha respetado mis locuras
Creyéndolas posibles para mí. 

“El darse cuenta que las cosas
pueden ser de otro modo
tiene por obligación demostrarlo”
Adentrándose

En la historia de la humanidad no son muchos los hombres que han hecho que trasciendan sus mensajes.  Saber crear una bandera con la intención que otros la tomen como propia, y una vez desaparecido quien la creara, sean los seguidores quienes la mantengan en pie, es la resultante de una poética obra del ejemplo. Ello es lo que ha logrado Ernesto Che Guevara, un hombre que no decía lo que hacía, sino que hacía lo que decía.
Los prejuicios son demasiados; los que confunden el accionar de alguien con su religión, orientación política, raza y demás circunstancias que bien podrían ser propias si el destino hubiese querido. No hay lugar para ellas cuando se habla de un hombre iconoclasta en su esencia y revolucionario en su andar.
Ernesto Guevara es el paradigma de su causa.
Desde muy temprana edad no aceptó las limitaciones con las que parecen resignarse las personas para justificar su mediocridad. El agotador asma que le afectaba bien podía haberle servido como excusa para no exigirse demasiado. Por el contrario, siempre quiso demostrar que podía dar aún más, y quien más le exigiera sería él mismo.
Animarse a indagar las cosas que se nos presentan es condición de quien pretenda observar más allá de la apariencia. No se conformó entonces con los parámetros de los muchos mecanismos de opresión que aún intentan imponerse ante las personas. Quiso averiguar por sí mismo, fue un escéptico que buscaba la verdad. Así inició sus viajes por Latinoamérica para confirmar que esos distintos habitantes eran iguales a él. Nunca más entendió ese extraño asunto de las fronteras en su Patria Grande.
       El destino lo condujo hasta México donde conoció a un grupo de exiliados cubanos que planeaban deponer a una dictadura en la Isla. La poesía lo envolvió y no pudo ocultar su inquietud aventurera. Los compañeros de la expedición no entendían mucho sus motivos que luego confirmaron por buenos. No era sencillo para ellos comprender a un médico argentino dispuesto a morir por gente de otro país. El Che luchaba por causas justas y ello lo hace Quijote y merecedor de mayor admiración.
         Porque si bien es cierto que morir por la gente y familia de uno es increíblemente destacable, hacerlo por otros incorporando la causa ajena como propia es ya la demostración máxima del idealismo. Su heroísmo no es producto de una circunstancia histórica que sucedió en su país, fue la búsqueda constante de querer darle un significado pretendido a la vida, y no uno accidental. Pudo así saborear el triunfo de la Revolución Cubana el primer día de enero de 1 959.
Su amor revolucionario no podía corresponderlo la liberación de una isla y nada más en su inmenso mundo afectivo. Por ello partió hacia el África intentando esparcir la libertad de determinación de los pueblos y combatir el desgraciado colonialismo. Cuando las condiciones políticas no le fueron favorables tuvo que resguardar su accionar en Praga, mientras pensaba donde continuaría su lucha.
En La Cuba él podía haber desarrollado una vida política rodeado de triunfos. Pero su lugar estaba entre los más sufridos donde soñaba aliviar las miradas que tanto le habían conmovido en sus viajes.
Dejó a su familia y a todo un pueblo que lo adoptó, no como hijo sino como padre, para partir hacia la selva boliviana donde creía necesaria su entrega. Allí se encontró ante los más grandes molinos de viento que un hombre puede enfrentar, los de la ignorancia. Lo sabía bien, aunque no le temía a sus consecuencias.
         Su intención era la de sembrar una semilla revolucionaria que aspirara a concretar verdaderamente la libertad y la justicia de los pueblos. Si él moría no importaba con tal de saber en la instancia final que otros podrían vivir de una manera mejor si se animaban a recorrer el camino señalado. Esto es algo que enaltece al Che Guevara haciendo que conquiste el mérito máximo del amor.
         Resulta estremecedor saber que no creía Ernesto en la vida después de la muerte. Entonces ello significa que todo su esfuerzo no sería evaluado por nadie cuando todo terminara. No hacía nada para seducir los buenos mandatos de Dios. Lo hacía por el amor revolucionario y porque otros viesen lo que él vislumbraba. La vida terminaba en la muerte, su conciencia continuaba en la vida de quienes conmovía con su ejemplo.
El 8 de octubre del año 1 967 cae prisionero de las fuerzas de caza bolivianas comandadas por la negligencia norteamericana. Porque son ellos quienes dan la equivocada orden de matar al hombre despertando a la leyenda; y son los bolivianos los que demuestran que en Latinoamérica aún no se ha acabado el colonialismo pidiendo autorización al Imperio del Norte sobre qué hacer con el prisionero.
Al día siguiente en el aula de una escuela se puso de pie ante la muerte y fue ejecutado. Ella ha sido su última enseñanza, y no es casualidad que el destino haya querido que muriese en una escuela, porque siempre será Guevara el más grande maestro del ejemplo revolucionario.

         Siguiendo su huella, queriendo conocer más de cerca a ese hombre, Agustín Elías con veintiún años de edad, y Mel con veinte, decidieron viajar a La Cuba anticipándose a la llegada del año 1 999, aniversario número cuarenta de la Revolución.
         Buscaban algo distinto, un lugar donde no reinara la superficialidad sino la humanidad. Fueron a buscarlo al Che...      
Tierras de Adrogué, 2001
 Avgvstinvs Eliyahu


Valores Intactos

Se habían conocido en la escuela primaria. Sobrevivieron a la inocencia e ingresaron juntos el mismo día, después de terminar los estudios obligatorios, a un mundo que no les esperaba, que nos les quería.
Muy pronto descubrieron demasiadas mentiras. ¿A qué sociedad pertenecían? Siempre les habían inculcado conceptos y pretextos, modos y conductas, situaciones y sus correspondientes reacciones. Nada era como lo habían anunciado. Lo que ellos temieron desde su desconfianza en el mundo ideal que les vaticinaron sucedió lamentablemente en la realidad, la que pudieron ver impregnada en el sudor perdido del esfuerzo sin premio y en la mirada angustiada del otro. 
Afianzaron su amistad, la única certeza en aquellos días. Aunque se hablara de traiciones y conveniencias materiales supieron sobrellevar los valores sin importar que para la sociedad fueran solamente futuros deudores.

En el tren de regreso de Buenos Ayres a Tierras de Adrogué,
después del trabajo y del estudio.

Mel – Esto es alienante. ¿Qué sentido tiene este esfuerzo? ¿Adónde nos lleva?

Agustín Elías – Creo que a ninguna parte. Estamos condenados a una vida cíclica en la cual reemplazaremos a otro parecido a nosotros cundo este ya no pueda continuar con su tarea. Quizá en ese instante él sienta que nada de lo que hizo tuvo sentido, pero no nos dirá eso, por el contrario, nos alentará ofreciéndonos el supuesto prestigio y satisfacción de cumplir una tarea muy importante por miedo a reconocerse en su insignificancia...

Mel –  La de ser una hormiguita obediente que aporta con su labor a la felicidad de la reina del hormiguero. ¿Acaso eso no es lo correcto, lo que nos han enseñado? ¿Cómo rebelarse ante el orden impuesto? Desafiar al sistema, no te olvides, es una locura.

Agustín Elías – No quieren que pensemos y no estoy dándote ninguna primicia. Pero su método es un incentivo para todos aquellos que sí se animan a pensar. Porque intentar adoctrinarnos diciéndonos cómo debemos vivir hace que sospechemos acerca del fundamento de las causas y razones por las cuales ocultan las alternativas. Si estas fueran tan equivocadas como absurdas les sería muy fácil demostrarlo, pero como no tienen argumentos deben asegurarse que nadie descubra otros caminos.

Mel – Es que además si los jóvenes hicieran las cosas de otra manera los manipuladores verían destruido su sistema egoísta donde se benefician unos pocos: quienes lo controlan. Haciéndonos creer que cada uno está predestinado a cumplir una tarea encomendada por el destino azaroso de la clase social en la que ha nacido, es algo muy infantil e ignorante para aquél que no lo cuestione.

Agustín Elías – Por eso no les conviene que nos instruyamos. La sumisión es el valor más noble para un hombre que no tuvo la suerte de nacer rico o de hallar los caminos corruptos por los cuales unirse al selecto grupo de los supuestos afortunados.

Mel – Yo no quiero ingresar a su régimen feudal y ser vasallo de los codiciosos. Yo quiero vivir en libertad y que ellos vivan felices encerrados en la bóveda de un banco si quieren.

Agustín Elías – Se hace tan difícil aceptar lo inaceptable.  Me reconforta saber que hubo hombres que se atrevieron a cambiar las cosas, a luchar sin temer por las consecuencias, por un mundo mejor, para todos. Si son más los oprimidos que los beneficiarios del sistema cómo es posible que éste se mantenga en pie.

Mel – No se mantiene, está agonizando. Nosotros mismos somos sus últimos estertores. Y el libro biográfico sobre el Che que me diste está revolucionando mi cabeza. ¿Qué estamos haciendo nosotros para cambiar las cosas?

Agustín Elías – Estoy condenado por esa pregunta. Hoy mismo desearía saber cómo mejorarlo todo. El Che es una conciencia moral que inquieta el corazón de cualquier hombre justo. Me siento tan responsable de su muerte como él se sintió por mi vida.

Mel - ¡Ya basta! No sigamos caminando en círculos. Vayamos a buscarlo a Guevara  y veamos qué nos dice. Miremos detrás del escenario.

Agustín Elías – Macho, vos y yo nos vamos a La Cuba.


Alas de Libertad

Cuando dos verdaderos amigos dicen lo que quieren hacer en voz alta, por complacer el uno al otro o para satisfacer a la amistad, es muy probable que concreten sus ideas.
         Tuvieron, por supuesto, que resolver varios inconvenientes. El primero de ellos era recaudar el suficiente dinero como para llegar a la isla, conciliar los tiempos, y en el caso de Mel conseguir el permiso de los padres para salir del país debido a su minoría de edad.
         Sentían como pocas veces estar ante una oportunidad irrepetible. Estaban en un tiempo circunstancialmente clave de sus vidas. Si postergaban un viaje como ése quizá nunca más tendrían una luminosidad semejante. Las vidas prometidas a edificar tenían algunas pequeñas ventanas que no dejaban de ser unas sutiles promesas. Ese viaje podía ser el único episodio en sus vidas en que disfrutaran de la libertad y del gobierno del corazón. Si el mundo no cambiaba lo suficiente, por unos días, ellos vivirían en uno diferente. 
En el avión rumbo a la isla

Agustín Elías – Las cosas finalmente ocurren.

Mel – No puedo creer que nos alejamos de Buenos Ayres y que en unas horas estaremos en un mundo idealista. Deberíamos desprendernos de nuestras vestimentas para llegar desnudos, como un ser humano que llega al nuevo mundo.

Agustín Elías – Estoy ansioso por conocer una sociedad que no sea de consumo. Es el único lugar que nos ofrece algo distinto. Porque de haber emprendido un viaje a cualquier otra parte lo único que podría sorprendernos es el idioma o costumbres típicas que desconozcamos. Pero un mundo globalizado significa homogeneizado. Es la manera más perfecta para extender mercados. Si todos son iguales y poseen los mismos gustos no es otra cosa que el sueño eterno de todos los emperadores y dictadores de la historia.

Mel – Llamemos a la azafata y digámosle que no trabaje para servirnos. Que se siente con nosotros a compartir la comida. Además te cuento que está muy linda.

Agustín Elías – Entonces no lo dudemos un instante, hay que decirle que venga. Porque un revolucionario como el Che, conducido por el amor, debió haber sumado buenas razones para defender la isla después de conocer a las cubanas.

Mel – La Cuba es una mujer apedreada por aquellos que se creen justos echando las culpas sobre su cuerpo y tapando los pecados de las manos de su mundo hipócrita. Por una mujer herida bien vale la pena hacer una revolución.


La Habana

Una vez que el avión aterrizó en la isla se miraron con la misma expresión que lo habían hecho tiempo atrás en un tren que no los conducía a ninguna parte. Lo hicieron con esa complicidad que lo hacen aquellos que comparten la misma soledad de un mismo sueño.
         Al salir del aeropuerto levantaron sus cabezas y abrieron sus ojos exigiéndole a sus párpados no interrumpiesen mínimamente la fiesta visual del idealismo. Caminaron algo temerosos, como pueden hacerlo los hombres que se animan a observar el mundo más allá de la caverna platónica, más allá de la apariencia.
         Se condujeron a un hotel, dejaron sus cosas tiradas en el suelo y salieron a la calle en silencio. Una música interna los entretenía mientras caminaron las primeras cuadras. De pronto, todo lo que los rodeaba estalló en sus sentidos. Sintieron el fresco aire del malecón en sus pulmones y ese verdadero olor a tabaco; vieron la historia intacta de un pueblo en sus construcciones sin encandilarse los ojos con carteles luminosos; escucharon el tráfico de palabras más increíble; estrecharon la mano cálida de hombres sonrientes y agradecidos por ser hermanos latinoamericanos y del Che.
          
Frente al malecón,  fumando unos habanos

Agustín Elías – Detengan el tiempo. Quiero permanecer contorneando la figura de las cubanas con el humo de mi cigarro. Quiero pensar en la libertad de estos hombres que no deponen sus ideas por el falso oro prometido. Quiero entender la historia de este país como un hito de detención que se burla del supuesto progreso. Quiero saber qué han perdido con cuarenta años de aislamiento.

Mel – Acá no se ha detenido el tiempo, se ha establecido. No tiene prisa en irse porque el tiempo mide a la vida y la vida vive su tiempo. Para qué quieren el oro si tienen libremente lo que allá cuesta fortuna. Por qué querrían progresar cuando ser socio de las potencias significaría depender de ellas.

Agustín Elías – ¡Ay Cuba! Yo te veo libre de la superficialidad. Me hablaron de utopías y yo te siento muy real. Me advirtieron herejías y yo solo veo tu humanidad. Inundaron nuestras cabezas con mentiras sin imaginar que podríamos nadar refrescándonos en la verdad.

Mel – En un mundo defectuoso jamás existirá la perfección, pero acá un cubano es igual a otro cubano y en La Argentina cada uno es cuánto tiene.

Agustín Elías – Es cierto que quizá la gente no pueda nunca tener su yate para recorrer el mundo. Aunque en el resto de Latinoamérica uno solamente accede a la promesa de poseerlo y unos pocos lo consiguen. Y lo que es más importante, ¿quién verdaderamente necesita un yate para ser feliz?


La Naturaleza

La Isla de Cuba, además de ser un emblema de lucha revolucionaria, tiene la particularidad y el privilegio de ser una muestra de lo que debería ser el paraíso. Quizá por estar ubicada en el centro del mundo su fuerza natural sea mayor a la de cualquier otra parte. Podría ser que la naturaleza en sus orígenes se haya expandido desde la Isla hacia norte y sur perdiendo fuerza y belleza, quedando ella como la cumbre y causa de las demás representaciones del sueño eterno.
         Enamorados de su historia arribaron a La Habana; enamorados de su naturaleza se dirigieron a Varadero. Allí encontraron las más variadas sonrisas en el otro divirtiéndose en bailes y conversaciones con gente de todo el mundo.
Aunque dos amigos aventureros están siempre dispuestos a más y pareciera que nada los puede saciar. Sus ansias inquebrantables pedían mayores recompensas de búsqueda. Así, con ese entusiasmo,  caminando por las playas de Varadero hablaron con un hombre que les ofrecía llevarlos hasta la Isla de Cayo Largo, al sur de La Cuba, en una avioneta polaca de 1 944. Prometía ser un viaje que ocultaba razones que sólo se le develarían a quienes llegaran hasta allí.
       Al día siguiente subieron al avión y volaron al Mar Caribe. Después de un breve vuelo, de pronto, las aguas se volvieron acuarelas surrealistas y la arena un oasis donde fundir su esencia de sueños. Abandonaron con rapidez la máquina y se dirigieron al puerto para abordar una pequeña embarcación que los llevaría al centro de la naturaleza. Ambos se ubicaron en la proa como queriendo conducir sus impulsos al puerto de las ilusiones.

Desembarcando en las playas celestiales
        
Mel – ¡Respira como si fuese la primera vez que tus pulmones reciben aire! ¡Cierra los ojos imaginando el paraíso y después ábrelos para comprobar que tu imaginación no puede crear tanta maravilla!

Agustín Elías – Somos personajes de una pintura, muchos artistas estarán pintando nuestra escena con la angustia de sólo imaginarla, pero con el noble consuelo del pintor que anhela otros ojos sientan la belleza con la que él soñó conmover a otras personas.

Mel – Si pudiésemos hablar con ese genio quiero hacerle saber que estos colores son la vida y que su mano reciba a la mía agradecida y hacia él extendida.

Agustín Elías – Ese artista, ese ser envuelto en belleza no es otro que Dios.

Mel – Hoy, en este lugar comprendo a la naturaleza. Siempre supimos que existía un lugar así pero nunca lo hallábamos. Fue entonces ella quien se introdujo en nuestros corazones y nos animó a venir hasta aquí y presenciar, y vivir, aquello que nuestros sueños insistían era verdad.

Agustín Elías – Si vivimos en la obra de un artista nada lo complacerá más que ser nosotros también buenos artistas. Comprendamos su belleza, vivamos en ella e intentemos como sea que ella debido a nosotros sea aún más bella.


El Altar de la Justicia

Regresaron satisfechos por sus hallazgos a La Habana. Pero ambos tenían un deber moral y un impulso que superaba cualquier otra experiencia. Necesitaban religiosamente ir hasta donde el Che no descansa en paz para aliviar sus penas homenajeándolo con los latidos nerviosos de sus corazones. El principal objetivo que los impulsó a viajar hasta La Cuba no estaba aún cumplido. Decididos a emocionarse tomaron el camino que los llevó hasta Santa Clara, donde Guevara librara la batalla decisiva de la Revolución.
         Recorrieron caminos de palmeras, soles y poblados felices. Respiraron libertad y ese aire que sólo habita en los cielos. Se sintieron en tierras propias, en las de todos los soñadores. Querían comulgar con la Libertad, con la Justicia y con el hombre que personificó esos valores edificando el refugio más grande donde abstraerse de la tempestad.
         Cuando llegaron donde están los restos del Comandante Guevara se desplazaron silenciosamente y con la más profunda admiración. Se acercaron al féretro y sintieron la desolación de comprobarlo muerto. No había nadie más, no había más vida que la de ellos ni mayor muerte que la de Ernesto. Posaron simultáneamente sus manos derechas en acto de confirmación, con gesto de consternación.      

Levantaron sus manos y las encontraron ensangrentadas

Mel – Esta sangre es de Guevara.

Agustín Elías – También es la nuestra.

Mel – Es que no está muerto, solamente está herido.

Agustín Elías – O será que sangra por el dolor que le produce cada sufrido del mundo.

Sienten unos pasos detrás de ellos y al voltearse se encuentran con la sombra del Che

Mel – ¡Es el Comandante!

El Che – “Seamos realistas, exijamos lo imposible”.

Agustín Elías – Si no está muerto y está vivo condúcenos por el camino.

El Che – “A partir de ahora consideren que están muertos. Aquí la única certeza es la muerte; tal vez algunos sobrevivan, pero consideren que a partir de ahora viven de prestado”.

Mel – En todas partes se dice que es un aventurero...

El Che – “Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”.

Mel – Lo sé Comandante. No es eso lo que nosotros pensamos, sabemos de sus causas y queremos contribuir. Tenemos odio a tanta injusticia...

El Che – “Un revolucionario es motivado por el amor y no por el odio”.

Agustín Elías – Necesitamos que vuelva al combate, estamos hartos de la opresión, la corrupción, la arbitrariedad, la marginación...

El Che – “No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas”. “Cuando las condiciones pacíficas de lucha se agotan, cuando los poderes reaccionarios engañan al pueblo una y otra vez no solamente se puede enarbolar la bandera de la revolución sino que se debe enarbolar la bandera de la revolución”.

Mel – ¿Cómo debe ser un verdadero revolucionario?

El Che – “Sobre todo traten siempre de ser capaces de sentir profundamente cualquier injusticia cometida contra cualquier persona en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más hermosa de un revolucionario”...”el escalón más alto de la especie humana”.

Mel – ¿Y cómo haremos en estos tiempos tan indiferentes?         

 El Che – “La real capacidad de un revolucionario se mide en el saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de la situación”.

Agustín Elías – Queremos confirmar nuestra decisión de sentir el sufrimiento ajeno como propio y darle impulso y sentido a nuestra encauzada rebeldía.

El Che – “Lucharemos hasta la última gota de nuestra sangre rebelde”.

Agustín Elías – No nos importará caer como usted, porque ha caído en los brazos de la gloria.

 El Che – “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que éste, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo”.

Los tres juntos – “¡Hasta la victoria, siempre!”


NOTA: Todas las veces que interviene Ernesto Che Guevara es con frases que le pertenecen realmente.

No morirás jamás

Ya sé, Comandante, que te han matado,
siempre supimos que así sería
desde el momento desalmado
en que los necios asesinaron a la utopía.

Quién se atreve a proclamarte vencido,
tus causas, permanecen aún con vida,
quién se anima a ensuciar lo que has sido,
tu sangre, es el dictamen de la historia y de la poesía.

Lo que no sabes, Comandante, es que has triunfado,
porque tu espíritu aún pelea
a los injustos del pasado,
a los de hoy, a los que con odio vengan.

Nadie podrá decir que has desaparecido,
tu ejemplo, ha quedado demostrado,
fecunda en cada nuevo libertario enfurecido,
tus valores, no mueren, son resucitados.

No morirás jamás,
el odio ya no vivirá con libertad
porque tu amor revolucionario siempre florecerá
en el corazón de los sufridos, en toda tu hermandad. 

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