mayo 06, 2011

Allí Abajo

Donde antes había un país
A Borges, Gardel,
Che Guevara y San Martín,
Cuatro nombres de mi argentinidad.

A Claudio Bulgheroni
Otro de los fantasmas con los que charlo
Y que por suerte es de verdad.

“Hay veces que se deben quemar las naves,
y otras veces, mejor haberlas dejado escondidas”.
Adentrándose

Cuando me decían de niño que allá en el Cielo nos reencontraríamos todos otra vez, imaginaba entonces que podría charlar con todos los personajes que iba descubriendo y que partieron, muchos de ellos, aún antes de mi llegada al mundo. También pensaba si esos nombres de leyenda aún podrían contemplarnos y, de hacerlo, qué estarían pensando.
         Prosiguiendo con esta idea mía, pero inculcada en el concepto de vida eterna, me puse a soñar lo que conversarían, de estar en nubes cercanas, mis admirados desde la adolescencia Gardel y San Martín, y quienes me acompañan como otros padres desde la primera juventud, Borges y El Che.
Madrid, 2010
Avgvstinvs Eliyahu

PROTAGONISTAS

Borges. En su vejez. Con saco oscuro y corbata, algo despeinado, gozando de visión, y apoyándose en un elegante bastón mientras reposa sentado en un viejo sillón. Tomando, pausadamente, un té.

Gardel. De traje arrabalero, con su típico sombrero inmortal, y con buena estampa; algo inquieto al caminar, apoyándose elegantemente y por momentos en un farol, pero siempre de pie. Whisky en mano.

Che. Fajina verde oliva, borceguíes desatados, y la boina por momentos en la cabeza y por momentos jugándola entre las manos, sentado, algo despatarrado, en el suelo. Fumando un habano.

San Martín.  De sencillo traje liso, ya viejito, con una gran escarapela nacional en la solapa. En una silla clásica muy simple, sentado y poniéndose de pie cada vez que decide, o se le pide, hablar. Tomando mate.

Evita. Muy elegante como cuando desembarcara en su viaje por España, con sombrero muy coqueto y falda larga. Lleva una flor en la mano que enseña al público y que cada tanto huele.


ESCENARIO

Es una nube, por la tanto hay niebla. Cuenta con los elementos mencionados más arriba: viejo sillón, silla simple, farol; y lo que posee cada uno en las manos: vaso de whisky, taza de té, habano, mate y pava, flor.


ESCENA I

Los personajes están como se los ha descripto. Borges en el sillón, San Martín en una silla enfrentada a unos dos metros de él, luego El Che entre ellos sentado en el suelo, y Gardel por detrás, apoyado en un farol escuchando la charla.
 
El Che – General, ¿no le parece que todo el esfuerzo realizado lo están despreciando con un desinterés desalmado?

San Martín – Comandante, entiendo sus apreciaciones, pero a los hombres, hay que darles tiempo.

El Che – Pronto serán ya doscientos años desde el Cruce de los Andes…

Borges – Yo digo que La Argentina es eterna, y por lo tanto, no es posible medirla o segmentarla en temporadas. Los defectos y sus virtudes convivirán por siempre en ella.

San Martín – Es que no es fácil conseguir una verdadera independencia cuando los intereses de la patria y los de las potencias extranjeras acarician el corazón de los traidores. Los hubo en mi época, es normal que aún persistan estos maturrangos.

El Che – ¡El pueblo tiene que volver a declarar la independencia!

San Martín – Correría mucha sangre, Comandante. Se debe ser duro con los traidores pero no quiero ver nuevamente tanta sangre derramándose entre mis paisanos.

Gardel – Si me permiten, caballeros, lo que es eterna es esta discusión, porque La Argentina es un país de cuento, y nosotros no hacemos más que darle vida a determinados personajes heredados de esa gran novela que es nuestra nación… En los cuentos tiene que haber drama, pasiones desatadas (abriendo los ojos). El argentino necesita de ese arrebato demencial para ser.

Borges – Carlitos, usted tiene razón, ha hecho el mejor análisis de los seres con los que me ha tocado lidiar en vida. Pero esto no es tan sorprendente, porque usted viene del tango, y al tango, se sabe, van todas las cosas.

El Che – General, permítame que insista, pero no le parece que deberíamos dar una nueva orden que desensille a estos nuevos cipayos, hayan nacido o no en nuestro país. Dígame, ¿no le duele ver que todo el esfuerzo realizado en las Guerras por la Independencia los rifen estos mamarrachos por una quintita y algunos cochecitos?

San Martín - ¡Claro que me enfada! ¡A todo argentino honrado debería provocarle hervor en la sangre ver tanta desidia y tanta traición! Les tomaría del pescuezo y llevaría a estos canallas a que vieran los pies de mis granaderos, las llagas de sus bocas, los cortes en la piel, para que entiendan a quiénes están ofendiendo. Que lo sé muy bien, hombre, que se ofende altamente a la patria y es grave el riesgo de verla finalmente rendida. ¡Que sí lo sé, joder!

El Che – Pero entonces hagamos algo, General, inspiremos a las nuevas generaciones. Usted levanta a Cuyo y yo puedo intentarlo desde el Litoral… Usted me dice dónde y sabe que me tiene dispuesto a dar pelea. Pero quedarnos así, sin hacer nada, no se puede más, ni un poquitito más, ¡coño!

Gardel – Merde…

Borges – He visto que el insulto se hace necesario, y si me permiten, también yo quiero insultar a esos traidores: ¡ignorantes, ignorantes, ignorantes! (Sacudiendo su cabeza y golpeando con su bastón).

Gardel – Compañeros, debemos distendernos un poco, que la charla está muy enfervorizada. Si me permiten, que les va a gustar, dejen que les cante… “Lejana tierra mía” (versión original)


ESCENA II

Aplaudiendo la interpretación de Carlos.

Borges – De haber yo cantado así no hubiera escrito nada en mi vida. Me hubiera dedicado a andar la noche porteña y darme nombre entre malevos.

San Martín – Durante las batallas no, porque hubiera endulzado demasiado a la tropa, pero por las noches, está claro que una voz así hubiera protegido del frío y de tantos pesares a mis granaderos.

El Che – Cuando me homenajeaban en Cuba, cada vez que ponían un tango tuyo, aunque no lo cantara ni lo bailara, estoy seguro que todos podían ver en mi ojos la emoción que me producía. La misma que me viene ahora, compañero…

Gardel - ¿Lo ven? Yo les dije, aquí faltaba un tanguito…

Evita paseándose de un extremo del escenario al otro delante de los personajes.

Gardel - ¿Han visto a esa señorita? ¡Qué elegancia! Si me disculpan, voy a ir a hablarle…

El Che – Carlos, tranquilo, que esa es una señora y tiene a su lado a otro General (largando una carcajada y volteando su cabeza hacia atrás).

Gardel – Yo soy un hombre soltero (encogiéndose de hombros)… Bueno, en fin…

Borges – Si retomáramos la conversación, ¿a qué instancia sería conveniente regresar?

San Martín – Yo entiendo, y quiero creer, que hemos brindado ejemplo. Las futuras generaciones de argentinos valorarán nuestro esfuerzo, algún día sucederá. No puedo pensar que no haya nadie allí abajo que no tenga ganas de ver flamear en alto nuevamente a nuestra bandera, ¡ay, Manuel! Los pueblos de Suramérica deben encauzarse en una decidida lucha por la libertad, ¡definitiva! Cuando me abracé con Bolívar sentimos que se podía, ¡lo habíamos logrado! Pero ya lo ven, luego nos dieron la espalda los pueblos hermanos cuando nos atacaron los ingleses en las Malvinas…

El Che – General, a eso iba. Cuando nosotros liberamos Cuba era una oportunidad para liberar a otros países, ¡el mundo entero! He visto a muchísimos delegados imperialistas, pero he visto la misma cantidad de traidores en nuestros pueblos.

San Martín – Sí, pero Comandante, había que conformar un verdadero ejército, porque los actos temerarios son funcionales sólo cuando hay batallas librándose en otros frentes (acariciándose el bigote y perdiendo la mirada en el suelo). No me interprete desentendido de su estrategia, pero sus tácticas deberán ser revisadas.

Borges – Señores, lo que hay que desterrar de La Argentina es al individualismo. Me refiero al sentimiento que cada uno tiene creyendo que está librado al azar, y que el otro no es su compañero sino a quien debe vencer. Con estos farsantes de emperadores haciendo lo que hacen es prueba constitutiva de la falencia de un concepto bien arraigado de unidad. La nuestra es una cultura hecha con la herencia de otras culturas, pero esto no es excusa de poder hacer un Estado moderno y organizado. En Suiza ha funcionado…

Gardel – Literato, ¿usted murió en Gèneve, verdad?

Borges – Así es, aunque ahora vengan con este cansancio de querer trasladarme a la Recoleta. Yo no lo entiendo muy bien. Además, si me trasladaran a otra patria deberían enterrarme en las Tierras de Adrogué, pero yo pregunto, ¿para qué tanto gasto innecesario por los restos de un hombre que escribía?

Gardel - ¿Se imaginan lo que hubiera sido conmigo si hubiera quedado un pedazo de mi piel? ¡Me hubieran subastado por pedacitos!

Borges – Fíjense ahora en este detalle morboso. Ninguno de nosotros murió en La Argentina. Este genial cantor terminó su vida en Medellín, de mi suerte ya hemos hablado… Usted, General, murió en Boulogne-sur Mer…

Gardel – Le France (murmurando)

Borges – Y a usted, Guevara, lo mataron en Bolivia. Si de nuestros restos hablamos, sólo los del General han regresado…

San Martín – Es una apreciación interesante, más para nosotros y el mundo de los muertos que para los intereses de los vivos.

Gardel - ¡Inmortales, General! (Dándole una palmadita en la espalda)…

Borges – Curiosidades... Me vienen otras a la mente. A mí me criticaban porque leí el Quijote por primera vez en inglés y cosas tan irrelevantes como esa; a Carlitos terminaron insultándolo con tanto chusmerío sobre sus orígenes franceses; con el General hablando con acento murciano y con Guevara matizado a lo cubano: señores, esa es la magia de nuestra argentina, y es quizá el terror de nuestras propias confusiones.

El Che – No lo había pensado. Es verdad. Conmigo pronto dirán que jugaba bien al fútbol y ocultarán mi pasión por el rugby.

San Martín – Poco le pedimos a la patria, todo se lo damos...

El Che – Carlos, cantale la Marcha de San Lorenzo al General, y te seguimos todos… ¡aquí no cae el ánimo de nadie!


ESCENA III

Están todos de pie al lado del farol mirando al público en situación de espera.

El Che – Carlos, ¿a qué hora te dijo que venían a buscarnos?

Gardel – Ahora mismo, ya vendrán, no hay que impacientarse, esta nube está muy alejada.

Borges – Yo no estoy muy convencido de esto, señores, y creo que deberíamos pensarlo un poco mejor.

San Martín – Si hemos decidido volver, volvemos.

Borges – Yo insisto, me da miedo volver a enfrentarlos… enfrentarme con sus acusaciones, que no me dejen leer…. ¡allá volveré a estar ciego, por Dios!

San Martín – Es normal tener miedo, hombre, pero hay que vencerlo, y la patria nos necesita.

El Che – Yo no puedo esperar. Comencemos a caminar, formemos dos grupos, porque tampoco podemos caer todos juntos desfilando, seremos diezmados…

San Martín – Si nuestro pueblo manipulado decide silenciarnos, que lo haga, muchos han muerto injustamente y son olvidados por mezquindades de la historia. Llegaremos y desfilando por la Avenida Nueve de Julio…

Gardel – Pero, muchachos, hay que estar tranquilos. Dejen de pensar en cosas feas... Llegamos, se vienen a casa en el Abasto, nos ponemos pintones y luego nos vamos por unas copas. Dejen que les preste algunos trajes de viajas funciones. Después, nos vamos a conocer a algunas mujeres que nos aviven el corazón, que eso es lo único que estamos necesitando…

El Che - ¿Esa no es Evita? Viene para acá.

         Evita se ubica a un costado y va acercándose a cada uno de ellos en el momento que interactúa.

Evita – Hola, señores, ¿cómo les va? Sé que ustedes han llenado el formulario “Retorno AR- 2010”. Es mi trabajo como Coordinadora del Instituto Celestial de Marginados y Repatriaciones, venir a advertirles algunas cosas. A mí también me gustaría verlos regresar y mucho más verlos participando por una nueva República Argentina. ¿Acaso no creen que a mí me lastima verme imitada con tanto gesto berreta? (Alzando sus brazos). Soy la primera que quisiera volver para dar más de una cachetada… Pero lo que quiero, compañeros, es que reflexionen un poco. Vamos caso por caso…

Borges - ¿Puede ocuparse primero de mí? Estoy muy impaciente. Espero sepan disculpar mis amigos. Estoy fascinado y bastante horrorizado.

Evita – Señor Borges, no hay problema, comenzaremos por usted. Si decidiera regresar, con las cosas que se han dicho y con todo el daño a la cultura realizado en los últimos tiempos… con el posible retorno de la ceguera… Tendría que pasarse realizando trámites y más trámites en el Consulado de Suiza para ver si le dejan emigrar para poder conferenciar. Creemos que lo lograría pero después de mucho sufrir, y al poco tiempo de llegar a Suiza tanta angustia lo haría otra vez morir.

Gardel - ¿De mí, señora? Permítame saludarla con un beso…

Evita – Carlos Gardel, quédese ahí, que aquí estamos resolviendo cosas y no hay tiempo para galanterías…. Si usted regresa sería para pasarla bien mal. Considero que podría invadirle el espíritu muchísimas razones de depresión. La Buenos Ayres que usted recuerda la quieren hacer parecer a los cruceros del Caribe, y se escuchan por estos días algunas melodías y otras letras que, ¡para qué contarle! Le digo que estoy segura que desearía perder la audición apenas desembarca en la Reina del Plata… Finalmente terminaría huyendo en vuelo a cualquier otro lugar para no volver.

El Che – Yo estoy preparado. Tengo muchas cosas pendientes y aclarar demasiadas acusaciones…

Evita – Ernesto Che Guevara. Si usted regresara y quisiera pelear por el pueblo, los tantos sindicalistas mercenarios de hoy en día le tenderían una emboscada y lo matarían como a un perro por orden de la mano de algún ministro oscuro actuando en defensa de los intereses del gobierno. Para peor, dirán después que usted es un indeseable piquetero… No se olvide, Comandante, que estos tienen coartada de demócratas y son unos verdaderos gorilas, ¡unos pitucos!

San Martín – General de San Martín, Jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo…

Evita – Sí, general, lo sabemos todos. Con mucho respeto debo decirle que si usted fuera a presentarse a un Regimiento no le dejarían ingresar ni siquiera como aspirante a soldado. ¿Sabe qué pasa? Usted resultaría en La Argentina actual, un sedicioso, un rebelde, un loco que quiere pelear contra los intereses extranjeros. La libertad ahora la negocian, cotiza en bolsa. Lo enviarían a una prisión militar si hubiera suerte, o lo mandarían como buen gesto de relaciones diplomáticas al Reino Unido para que capacite e instruya como buenos jinetes a los príncipes herederos…

San Martín - ¡Joder! Perdón, señora. (Perdiendo su mirada en el suelo).

El Che - ¡Coño! ¿Por qué no hubo tiempo para una Revolución en La Argentina! (Poniéndose la boina y mirando a un horizonte perdido como en la foto emblemática de Korda).

Borges - ¡Ignorantes, ignorantes, ignorantes! (Golpeando con su bastón el suelo del escenario)

Gardel – (Acercándose hasta el lugar donde está Eva, a un costado del grupo, tomándola de las manos, se pone a cantar, tema original de “Yira, yira”).

FIN
 Avgvstinvs Eliyahu

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