marzo 13, 2011

Negateca

Esta mañana fui a la biblioteca de mi barrio para regalarles -como acostumbro en cada sitio donde vivo- uno de mis libros. Pero no pude realizar tan pequeño pero importante gesto para un escritor. Sucede que “la biblioteca no acepta libros por norma”. No es culpa de la empleada, que resultó muy simpática y ajena a este absurdo, y por ello, se lo regalé a ella. Más tarde intentaré con "mi absurdo" en la tintorería, en la farmacia… ¡en el bar!, ¡sí!, allí seguramente aceptarán mi poesía…

Barcelona,2008
Avgvstinvs Eliyahu

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