marzo 23, 2011

El gallo Mediodía

Todo gallo sabe que cuando comienza a amanecer debe esforzarse por cacaraquear lo más fuerte que pueda para que todos cerca de él se despierten para disfrutar el día. Pero aquí en Gubbio, en Italia, hay un gallo al que todos le llaman, sin que él lo sepa, Mediodía, porque se despierta siempre a la hora de almorzar y comienza a cantar creyendo que está despertándolos a todos. Nadie se atreve a explicarle a Mediodía el porqué de sus días tan cortos. Así, la gente y los animales, decidieron no decirle nada para que no se sintiera mal. Tampoco era problema para nadie, ya que no cantaba a las dos de la madrugada y, por otro lado, ofrecía el servicio de avisarle a todos, cual gallo, de una hora en especial. Aunque en este caso no dijera que había que despertarse y sí que había que comenzar a cocinar.

Un día, una gallina a la que todos le decían Pico Grande, que jamás fuera invitada para dar un paseo romántico con el gallo Mediodía, algo enfadada por esta situación, se le acercó para decirle que él no despertaba a nadie y que lo que hacía era decirle, a todos los niños, que era la hora de ir almorzar. El gallo vino a mí, vecino y amigo, a preguntarme si esto era verdad. Por amigo y porque ya no podíamos seguir engañándolo dulcemente a Mediodía, yo le contesté que eso era así nomás.

No cantó más al mediodía al despertar porque se acostumbró a preguntar siempre qué hora era antes de volver a hacer un papelón. Por supuesto, aunque lo intentara, no lograba despertase de madrugada para cumplir con su misión, como se supone que le corresponde, a todos los gallos como él. Tampoco sirvió que yo le intentara enseñar usar un reloj despertador, porque consideraba denigrante para alguien orgulloso como él valerse de un medio que ningún otro semejante usaba.

Las madres del lugar, reunidas, decidieron ir a hablar con Mediodía días después, porque todos los niños se sentaban tarde a la mesa y cuando la comida ya estaba fría. Las madres cocinaban deseando comer luego junto a sus hijos compartiendo el agua y el pan casero recién horneado. Ante este pedido, el gallo Mediodía no pudo negarse y volvió a cantar todos los días al despertar, tal como lo declara su apodo, al mediodía.

Caminando por la calle, una tarde, Mediodía se encontró con Pico Grande y se le acercó para darle un piquito. Pico Grande, sorprendida, le preguntó porqué le daba un beso si ella le había hecho quedar mal ante todos enseñándole que no cantaba a la madrugada como se suponía. Entonces Mediodía le dijo a esta gallina que, de no ser por ella, él no hubiera sabido jamás que era el único gallo de su especie que cantaba para avisar que hay que ir a almorzar. Que por ello se sentía un ejemplar único y apreciaba que ella se hubiera fijado tanto en él. Ella, sorprendida, le respondió que soñaba entonces que el gallo más original de todos fuera el único que la invitara a pasear. 

Un día, digo lo que vi, juntos estaban los dos y era ella quien le daba a él varios piquitos suspirando por el gallo Mediodía, el único de su especie en poder hacer las cosas de manera diferente y feliz por ser sentirse un gallo especial.

Gubbio, 2010
Avgvstinvs Eliyahu

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