marzo 12, 2011

Cementerio Moral

Héroes de Malvinas
A los que esperan,
Allá en las islas,
El reencuentro con sus compañeros.

A  los que volvieron,
Y viven en el heroísmo del silencio,
Soñando con regresar.
 
“Olvidar las Malvinas
es olvidar a los que murieron por ellas” 
Adentrándose

La primera vez que encendí un televisor a mis cuatro años me encontré con la imagen de los soldados argentinos que regresaban de las Islas Malvinas. La mirada de uno de ellos la sentí personalizada hacia mí como si pudiese verme a través de la pantalla. Creo que la angustia de ese soldado me contagió el corazón inundándome de miedo.
         Debido a mi corta edad evidentemente no alcanzaba a comprender completamente lo que sucedía, aunque la palabra muerte y tragedia estremecieron mi inocencia con un golpe de realidad inesperado. Desde ese entonces todo lo concerniente a las Islas lo vi reflejado en las pupilas de ese hombre que con ellas me habló de la guerra.
         Con el tiempo incursioné en ese oculto episodio de luces y sombras que la gente parecería querer olvidar. Recorrí la historia desde la usurpación pirata de 1 833 y las burlas diplomáticas hasta abril de 1 982 cuando La Argentina recuperó sus tierras, aunque por breve tiempo, debido a la furia necia del imperialismo mundial. Porque no se peleó contra Inglaterra solamente, se enfrentó a un bloque de países que hacen de la fuerza razón.      
         La guerra siempre es un fracaso, pero la defensa de una causa justa es eternamente noble. Lamentablemente quienes tuvieron la responsabilidad histórica de conducir tan añorado ideal fueron unos cobardes e inmorales generales. A ellos no van estas letras, la poesía es de quienes pelearon en la tierra, el agua y el aire por el sueño de ver flamear la bandera soberana en sus hijas secuestradas: Soledad y Gran Malvina.
         Sé que soy argentino y muchos sospecharán una parcialidad en mí. Les diré a esos desconfiados que la causa de Malvinas debe seducir a cualquier hombre justo del mundo entero porque los valores no reconocen fronteras. De haber nacido en London y haber alcanzado la misma comprensión del ideal de justicia escribiría, aunque en inglés, este mismo homenaje.
         Aquellos hombres que dieron sus vidas por los demás en las Islas atormentan la conducta de quienes no participaron, porque ninguna acción será tan generosa, idealista, ni más auténtica que la de esos verdaderos valientes que creyeron en un mundo diferente y justo, convirtiendo a las nubes celestiales, a las olas sentenciosas y a las tierras firmes en un cementerio moral.
Tierras de Adrogué, 2001
Avgvstinvs Eliyahu
Héroe del Aire
A mi hermano Andrés Lucas


En las sierras
nació Andrés Lucas,
cercano a las nubes,
allá en La Falda,
amigo de la altura
y del paisaje cordobés.

Desafiaba a sus fuerzas
conquistando batallas de voluntad
por conseguir como fuera
el triunfo de las cimas,
para extender los brazos
sonriéndole a la libertad.

Las aves le miraban
con respetuosa atención
porque en sus ojos vislumbraban
a un hombre soñador,
que no claudicaría en elevarse como ellas
ingresando en la aviación.

Pasó el esfuerzo
y desestimó al sacrificio
emocionándose el día
que finalmente fue aviador,
sobrevolando los mismos cerros
en los que vivió y siempre quiso.

Fue afilando su destreza
volando cada vez más alto,
sintiéndose del cielo de la patria
no hizo otra cosa,
que entregarse a la tarea de protector
con la religiosidad de un santo.

Así llegó el día
que la historia
le pidió orgullosa,
fuera a defender las Malvinas
de los necios imperialistas
volando hacia los cerros de la gloria.

Se despidió de los suyos
con la mirada estremecida,
sabiendo que iría a pelear
al monstruo inmenso
donde se ampara la injusticia,
pero partió con el alma a Dios unida.

Cruzó el mar hasta llegar a las Islas
volando con otros pájaros de acero
emocionando al destino
por reunir muchos hombres,
con ideales semejantes,
¡el mismo deseo justiciero!

Cuando vio las tierras soñadas
las pobló con su gente
recordando a su familia y amigos,
los esparció desde el corazón
como una madre derrama su esencia,
sobre esas hijas cautivas, tan blancas y celestes.

Maravillado por la belleza
se enamoró perdidamente
de ese paisaje salvaje
y espejo cordobés,
que prometió defender
aunque la vida le cueste.

Halló al enemigo
como a un ladrón
desesperado por el arrebato
de aquello ajeno,
y en esa defensa celestial
lo hizo como un padre protector.

Se enfrentó a la bandada enemiga
penetrando las sucias conciencias,
hasta que no soportaron más
y mataron a Andrés Lucas,
como lo hace un cruel mercenario
¡con la más asquerosa indiferencia! 


Héroe del Mar

A mi hermano Alejandro Ismael


La brisa del oleaje
probablemente lo recibió,
como una necesaria presencia
de la Ciudad de Mar del Plata,
aquel día marino
que Alejandro Ismael nació.

Desde entonces se le unió encantado
a ese mar azul fortaleza,
que lo ayudó a crecer
inundándolo con una inmensidad
que le hizo ver nada era imposible,
e inalcanzable para un alma de grandeza.

Navegó mar adentro
con la intranquila prudencia juvenil
en un pequeño bote
que no resistió a su deseo,
para luego regresar
con la ayuda de un mar sin fin.

Su vida era el mar,
la marina su destino,
al decidir querer explorar las aguas
y defenderlas,
soñando profundamente,
algún día librar a las Malvinas del enemigo.

Recorrió el Atlántico Sur
escribiendo cartas a su ciudad,
en las que advertía
que llevaría la bandera
celeste y blanca
hasta la más querida libertad.

Ya no iba en una pequeña embarcación,
un crucero idealista
protegía sus emociones,
de querer llegar finalmente
hasta esas islas de su mar
donde la ilusión secuestrada habita.

Quiso acercarse a la proa
para acompañar la nave,
el frío del viento del sur
no mitigaba el calor de su pecho,
ni el orgullo argentino
de confirmar que el honor todo lo vale.

Atacó el enemigo
con una irracional violencia
hiriendo mortalmente al crucero
declarando ansiosamente la guerra,
con el fuego del odio y matando
en la joven nación a su inocencia.

El barco se hundía
mientras Alejandro Ismael observaba
ese horizonte oculto
que no le mostró a su corazón,
sus queridas Malvinas donde
sus lágrimas no desembarcaban.

El mar se hizo de muerte
como un animal amenazado,
envolviendo con furia
a la sangre, a los gritos,
y todos los reclamos de justicia
que allí mataron.
 
Buscó la orilla
como en su infancia costera
y la protección de los brazos maternos,
comprendiendo finalmente que su refugio
sería ese mar que desde que nació lo espera.

Ahora que es agua
pasea dulcemente
por las islas,
y visita Mar del Plata
cada vez que otro marino
siente que él está presente.


Héroe de la Tierra

A mi hermano Javier Matías


Frente al lago Nahuel Huapi
afirman sus padres fue concebido
un soldado llamado Javier Matías
trayendo calor a la familia,
creciendo en Bariloche
y burlándose del frío.

Su casa era inmensa
porque su lugar fue el bosque
reconociendo en cada árbol
un hermano y también él,
como un hijo de esa naturaleza
bebiendo de la nieve del monte.

Por las noches se preparaba
con su carpa, cuchillo y libros,
para ir a estudiar entre los árboles
la historia de su tierra,
a la que le juró amor
y defenderla de los enemigos.

Se forjó hombre decidido
seducido por los mártires
que soñaba emular
algún día del destino,
con su propia gesta
ansioso a sus dieciocho abriles.

Fue convocado por el Ejército
llevándose su cuchillo afilado,
algunos libros,
y un diario personal de campaña
donde escribiría sus acciones
heroicas como soldado.

El filo de su voluntad
se fue afilando día a día
queriendo alcanzar cada vez más
aquellos sueños del monte,
que requerían de su esfuerzo
y de su noble valentía.

Cuando la orden determinó
que su regimiento
iría a pelear a Malvinas
se sintió invencible,
y mejor preparado que nadie
si él era el sureño con mayor sentimiento.

Al desembarcar en las islas
Javier Matías escribió en su diario
que jamás se rendiría,
y que solamente volvería a Bariloche
si la bandera argentina
flameara por siempre en ese santuario.

Su posición estaba en Pradera del Ganso
y su mirada alta en el cielo
encomendando su vida a Dios,
enamorando a la libertad
y ruborizando a la justicia un joven combatiente
de noble espíritu sin miedo.

Histéricamente atacó el enemigo
con la fuerza que conduce al pirata
que no delimita medios,
cuando su única alegría
sucede al destruir los valores
que la moral siempre rescata.

Herido en la pelea
sintiendo cercana a la muerte
tomó su pluma y sentenció,
“Aquel joven soldado
que un otoño partió
a sellar un sueño insistente
y que no volvió”.

Ya con sangre en todo el cuerpo
quiso explicar el sacrificio,
“En las Malvinas
él confesó
que son argentinas
y por eso murió”.
  

Cementerio moral

“La moral del heroísmo vencerá a la piratería del colonialismo”.


En el cielo, en el mar, en la tierra,
hay sangre honorífica argentina
que tiñe el paisaje celeste y blanco
con el rojo herido de la guerra.

El cielo está rojo de ira
lloviendo sangre sobre el enemigo
bañando su asquerosa muerte
y su rabiosa vida sin vida.

El mar está rojo de violencia
envolviendo con lava al enemigo
instándolo a que se retire
perdiendo con el tiempo la paciencia.

La tierra está roja de injusticia
acusando con desprecio al enemigo
de crueles crímenes perversos
que serán castigados por su inmundicia.

Hay muchos héroes silenciosos en Malvinas
que siguen luchando con sus espíritus
esperando que todos juntos gritemos
¡Ustedes son el ejemplo romántico de La Argentina!

Avgvstinvs Eliyahu

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