marzo 25, 2011

Banco de la poesía

Don Avgvstinvs Eliyahu
Príncipe de Albanta
Mi Señor:

Nuevamente fui al Banco (Ud. en Barcelona) a fin de solicitar el libre deuda que Ud. me encargara. Un poco reticentes -aclaro que fui sólo vistiendo ropa de calle- pero cuando hablé de España, de que era el padre del Príncipe de Albanta, Poeta, la conversación se fue distendiendo de a poco. La empleada, con aspecto de poca lectura, se fue interesando cada vez más de su mundo y poniendo menos interés en su actividad específica, a tal punto que me hizo preguntas y más preguntas sobre su persona, sus actividades y, en especial, de su mundo de poeta. Ni tonto ni perezoso, la fui entusiasmando de a poco, a tal nivel que me manifestó que su vocación era la literatura y que en el banco se hablaba de cualquier cosa menos de ello. Cosa curiosa que, como yo llevaba conmigo uno de sus libros de poemas, se lo presté, y como tocada por una varita mágica comenzó a leer en voz alta y cada vez más alta. Entre poema y poema, se me ocurrió, vaya ocurrencia la idea de traer al banco el mundo de la poesía, ¿y si con el resumen de cuenta se les hace llegar a los clientes un poema del Príncipe? ¿No sería buena idea en vez de tanto cartelito anunciando créditos, la felicidad de tener un auto nuevo, anunciar que era el nuevo banco de la Poesía? Al principio se tentó de la risa, pero en ese momento se incorporó quien resultó ser la Gerenta, nada menos.

Al rato se puso ella misma a leer sus poesías. El público, que colmaba en ese momento el banco, comenzó a interiorizarse de tan original actividad.

De a poco se fue transformando en un recital, sí mi Señor, un recital en un banco, ¿fantástico, no? De repente recordé haber visto unos cuantos ejemplares, más que cuantos unos muchos, que rápido fui a retirar de mi casa y llevé al banco. Cuando llegué todo era alegría, la Gerenta parada sobre una silla leyendo poesía, la gente feliz de la novedad, los afiches típicos del banco habían sido dados vuelta, y habían escrito leyendas, vaya uno a saber quién, que rezaban: "VIVA EL PRINCIPE DE ALBANTA", "BANCO DE LA POESÍA", "MAS POESÍA Y MENOS MATERIALISMO", "BANCO DEL PRINCIPE DE ALBANTA". Ante semejante oportunidad, comencé a repartir libros suyos a cuanta persona se me acercaba, todos agradecidos. Ya nadie quería hacer ninguna actividad bancaria, es como si hubieran descubierto un mundo nuevo. Cada vez que se terminaba de leer un poema, los aplausos, que se podían escuchar desde la calle, e hicieron que más gente se incorporaba a lo que ya era un Festival de la Poesía.

Pero de repente, escucho una voz que dice: Señor… Señor… Presuroso respondí al llamado y la empleada me manifestó un poco secamente: en diez días a partir del cierre de la cuenta puede solicitar el libre deuda. En ese momento fue como que me hubieran cortado la inspiración, le di las gracias y cuando giré la cabeza para seguir disfrutando del momento, todos se habían callado, hacían cola nuevamente y los carteles ya no estaban.

No lo podía creer, como la vez que fui con el Regimiento, ¿recuerda?, y de repente no estaban más.

Sobre una mesa estaban todos sus libros, los mismos que había traído.

No sabía cómo hacer para llevar tantos al mismo tiempo, miré hacia mi alrededor por si a alguien le podría interesar, pero nada, miradas frías, indiferentes, viendo el papel que hacía con un enorme pila de libros con los cuales, en cualquier momento, terminaría en el piso.

Me volví en silencio, casi triste, todo había pasado. ¿Un sueño? ¿Una alucinación? Caminando volví a mi casa, iba pensativo hasta que de repente comprendí lo que me había sucedido. Es que pensando en Usted, mi señor, en su mundo de poesía, tan opuesto al del lugar donde me encontraba, que cual epifanía, sentí que había descubierto yo, padre de poeta, el mundo de la poesía, que me había hecho vibrar de emoción y sentirlo en ese momento, más hijo, más poeta y más conocedor de la vida.

Su seguro servidor
Don Sancho
Tierras de Adrogué

Papá

1 comentario:

Anónimo dijo...

pero que padre te mandaste!.
me mato-laura.