febrero 19, 2011

Un poquito de sol

¡Qué frío hace hoy! Tengo que irme pronto antes que vengan a abrir los negocios de la galería. Qué seca tengo la boca… Entre el frío y el dolor de las rodillas, el hormigueo de las piernas, el dolor de la panza… me parece que tengo fiebre… Entre todo eso no dormí nada. Me tomaría un café con leche calentito y lo disfrutaría como nada, lo que pase después no me importa. Qué mal huelo, ya no podré acercarme a las bellas mujeres para oler sus perfumes, a metros ya las espanto. Yo era pintón, tenía lo mío, y sonreía, yo recuerdo que sonreía. También lloraba, que ahora ya no lloro. Tengo adormecidos los sentimientos. Se me humedecen los ojos sólo cuando veo a una familia completa y recuerdo que yo también tuve la mía, pero sino, ya nada me hace llorar. Uno se acostumbra al dolor del corazón y el del cuerpo pasa desapercibido. Pero sí, yo tuve una familia. También tuve amigos. Cuando invitaba a tragos y le sonreía a las mujeres en las barras. El otro día vi a uno de mis compinches y no me reconoció o se hizo el gil para evitarme. Más me dolió cuando vi a una noviecita del brazo de otro que sí me reconoció y me esquivó la mirada. Sí, es cierto, estoy todo sucio, descuidado, pero soy el mismo aunque los demás crean que no. Yo los sigo viendo a todos aunque me intenten confundir por un fantasma. Claro que ya no me preocupan demasiado, pero yo los veo, siempre los veo. Voy a caminar poco pero tengo miedo de desmayarme. Necesito un café, puedo recordar su aroma pero no su sabor. Si hoy consigo algunas monedas me voy a tomar un café, ya no tomaré cerveza o vino, que es más barato y me calienta mejor al alma. Pero a mi alma, como a mí, ya nos da todo igual. Me duele la vista… ¿Hace cuánto ya que estoy en la calle? En verano era más fácil, sí que era más fácil. El día era insoportable, casi igual que ahora, pero a la noche en el parque podía dormir si no me encontraba la policía. Y los grupos de jóvenes, bueno, más jóvenes que yo que con treinta y nueve no puedo considerarme muy viejo, ellos me ofrecían a veces el último trago de sus botellas. Ahí tumbado mirando las estrellas y con un poco de mareo soñaba que era libre de esta pesadilla, de este mundo. Esos días no me daban ganas de suicidarme, me daban ganas de imaginar que algún día podría recobrar mi vida, o tener una vida normal. No volvería a hacer los trabajos que hice que no me sirvieron de nada pero haría algo simple, y ya está, algo que me den de comer, o te juro que hubiera cambiado todo lo malo de este mundo. Algo para pagar una pensión y comer un plato caliente una vez al día, una duchita, ¡qué hermosa era la ducha!... ¿Por qué me duelen tantos los ojos? Allí hay muchos policías, mejor pego la vuelta. Pero yo quería ir a ese parque donde van las familias para recordar la mía, recordar que yo tuve una. Me gusta recordar cuando era chico y estaba entero. Había problemas pero la vida me guiñaba el ojo, los adultos eran generalmente buenos. ¿Serán distintos con los chicos que están en la calle que conmigo? Ojalá que sí. Ahora ven mis ojos perdidos y nadie me guiña el ojo, le avergüenzo a la sociedad. Pero si yo formé parte de ellos, si yo no elegí que me echaran del trabajo, que no tuviera ahorros y que no pudiera reinsertarme en menos de una semana, el tiempo que me llevó dejar la pensión donde estaba para comenzar a deambular. ¿Cuándo fue todo eso? Hace seis o siete meses, pero me parece que fue hace mucho más. Me duelen las rodillas… Algunos que están en la calle como yo se las rebuscan mejor, a mí no me sale, yo sólo tengo… no sé lo que tengo, si no recuerdo ni mi nombre, ni tampoco me importa. Yo me digo a mí mismo Loco, ¡qué pasa Loco! Y me siento acompañado. En esta ciudad no hay perros sino me iría con ellos. Ni en la iglesia me quieren, porque dicen que apesto. Yo no quiero recordar todo lo que he leído, ni tengo fuerzas para discutir con nadie. Cuando pienso mucho, como ahora, me dan ganas de ir a la casa de gobierno y decirles que vengo a matar al presidente, que sí, lo haría, tal vez, pero en realidad lo haría para que me disparen, provocar que me maten. Pero como no quiero suicidarme no lo hago. Tampoco quiero ir preso aunque allí tendría algo de comida y techo pero sería darle la razón a ellos, ¿qué quieren que haga? Si muero, muero en mi ley. Estoy muy cansado. Quiero verme en ese escaparate… Parezco muy grande, pero es que no me reconozco, no, para nada… Quiero un poquito de sol, que hace frío. Me tiraré en ese banco, es de madera, más cómodo, y esperaré al mediodía tostándome un poco para luego volver a deambular, que hoy quiero tomarme un café. Ahí viene una familia, qué limpito se ve el nene… Me escupió y los padres no le vieron, ni yo puedo decirle nada, pero ¿por qué me escupió? No soy nada, no valgo nada, pero si soy el mismo de siempre, claro que más apagado, herido, pero veo lo mismo que veía cuando sonreía en la barra a una dama, sí, ese era yo aunque me parece un recuerdo del cine. Me quedo en este banco, no doy más… Siento que me desvanezco, me parece que me voy a desmayar. No, Dios, no permitas que me desmaye, haz que me muera de una vez. Perdón, amén.

Madrid, 2010
Avgvstinvs Eliyahu
Agradecimientos 

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