febrero 25, 2011

“Tenía un sentido eminentemente cristiano y de mártir, ya que toda causticidad, toda crítica, toda malicia y odio de que era capaz los desataba ante todo, y en primer término, contra su propia persona. Por lo que se refería a los demás, a cuantos lo rodeaban, no dejaba de hacer constantemente los intentos más heroicos y serios para quererlos, para hacerles justicia, para no causarles daño, pues el “ama a tu prójimo” lo tenía tan hondamente inculcado como el odio a sí mismo. Y de este modo, fue toda su vida una prueba que sin amor de la propia persona es también imposible el amor al prójimo, de que el odio de uno mismo es exactamente igual, y en fin de cuentas produce el mismo horrible aislamiento y la misma desesperación, que el egoísmo más rabioso”.
Hermann Hesse

No hay comentarios.: