febrero 07, 2011

La jabalina

Libro de Patricio Grinberg

La primera palabra que se me ocurre es unicidad, aunque en un sentido tan amplio que podría tener múltiples acepciones para terminar contrariando su más profundo concepto. Pero quizá sea eso, un detalle de lo indescriptible. Porque todo el texto recorre, o arroja, imágenes poéticas y furias emotivas de lo que no es tan fácil de percibir, de la misma manera que no será lectura ligera hallar las inquietudes develadas. Mejor lo dirá el autor: “Si bien no es falso decir que sólo hay lo que se ve, también hay lo que no se puede ver, eso parece evidente”.

¿Una jabalina? Un libro tiene espíritu de pájaro porque su esencia es la de volar y hacer volar a quienes comprendan su vuelo. Esta jabalina vuela precisa recorriendo distintos episodios y aires que muy probablemente sucedan todos en el mismo sitio y simultáneamente. Y una vez más es jabalina cuando clava en una primera lectura la duda del real significado, para clavar, en las posteriores visitas a esos laberintos, la sensación de quedar atrapado en alguna escena con ánimos de transformarse en libertad. Por suerte llega la promesa: “La potencia de cada cosa librada a sí misma, eso que indefectiblemente será de un momento a otro”.

Hay una suerte de inconexión perturbadora que nos sitúa en el desconcierto de sentir “todo el tiempo islas”. Pero ese sentimiento parecido a la soledad es un trabajo de introspección, que se puede compartir con el poeta, naufragando juntos en el mismo océano que nos presenta islas firmes mientras no logramos dejar de nadar a pesar de sabernos caminando por la arena.

Suele acontecer en mi entendimiento que las lecturas de los buenos libros van nutriéndose, aunque ya no vuelva a leerlos, por el descubrimiento posterior que me generan aquellos enigmas que mucho más tarde son asimilados. Así, con esa fascinación, me quedo releyéndolo en mi inconsciente intentando alcanzar, aunque no lo logre, la sutileza del concepto que se mantiene esquivo.

“Una de las mujeres se ríe desalojándose cuando se ríe en el viento que la enreda”.

A esto, llamémosle, por fin, poesía.

Tierras de Adrogué, 2005
Avgvstinvs Eliyahu

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