febrero 04, 2011

Gusto de vos

Queridos míos:

Es increíble que hayan contraído matrimonio después de las tantas incertidumbres vividas, y habría que celebrarlo doblemente porque muchos no lo logran aún planeándolo años enteros. Están protagonizando una gran sorpresa, y creo que es un buen comienzo para la vida amorosa que han elegido porque deberá nutrirse constantemente del asombro, ese que produce compartir la vida enamorados. Por ello habría que hacer oídos sordos a quienes levantan opiniones ajenas a vuestras convicciones. Los sabios y los locos se embarcan en grandiosas aventuras: si se encontraran entre los primeros aleccionarán a todos demostrando que las decisiones del corazón siempre son acertadas; y si terminaran siendo dos ilusos llenos de locura habrán vivido la vida que soñaron y yo estaré para defenderlos.

Si algún día me viera frente al altar al igual que ustedes pensaría en ciertos principios que bien podrían ayudarme. Estos consejos que los pienso para mí se los entrego a ustedes.

Es esencial conocer al otro –parte declarada de uno mismo desde el casamiento- para poder complacerlo, y no estoy hablando de su gusto preferido de helado o si elige un té o un café por la mañana. Lo que sí importa es saber en profundidad los sueños, para alentarlos y hacer todo lo necesario para cumplirlos con la misma intensidad que los propios. También habrá que intimar a las angustias, para crear un plan en pareja que las destruya e impida ataques feroces. Estoy diciendo una cosa sencilla, hablarlo todo: el diálogo desenvuelve la verdad de uno y del otro y destierra confusiones.

La vida sexual no debe transformarse en una rutina ni ser menos importante que comer o dormir. La intensidad de su goce será lo que los unirá en picardía y, luego, proveerá con el milagro de los hijos.

Hay que entender que la gente cambia, crece, se redescubre a sí misma. El arte consistirá en considerarlo todo como un enriquecimiento que aportará beneficios para ambos.

Hermano: como cómplice absoluto de tu vida estaré, como siempre, a tu lado. Aunque no me hayas dado tiempo para elaborar acabadamente este suceso sé de la magnitud que resguarda. Me quedo abrazándote lagrimeando de emoción. No estás casándote solo, también yo digo que sí ante tu compromiso para brindarme en lo que pudieras necesitar.

Hermana: que te hayan elegido por compañera en la travesía de vivir habla maravillas de tu persona. Con esto entiendo que sos capaz de hacer feliz a un hombre y, al aceptarlo, es porque también serás feliz con él, dos veces feliz. Al casarte con un hermano mío debe quedarte claro una sola cosa de mi parte, desde este instante te has transformado en una hermana.

Mis últimas palabras son VII fragmentos de mi poesía. Si alguna vez les sirviera, me sentiré cerca de ustedes...

“Sólo somos cuando vivimos
en el corazón de otra persona”.

“Enamorarse es sentir la desesperada necesidad de mirarse tierna
y eternamente con quien provoca esa pasión”.

“La felicidad no puede ser alcanzada individualmente,
pues se alcanzaría el egoísmo.
A la felicidad sólo se llega en compañía”.

“Si bien amar es estar acompañado,
porque el verdadero amor es recíproco y enemigo de la soledad,
no debe buscárselo por el deseo más egoísta de no estar solo
sino por el más altruista de brindarse amando”.

“De tu tristeza, que me la entregues,
yo te devolveré mi felicidad”.

“Cada vez que te digo que sí
estoy diciéndote te amo”.
“Si ambos nos amamos,
el amor nos amará”.

Los quiere siempre
Tierras de Adrogué, 2005
Avgvstinvs Eliyahu

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