febrero 22, 2011

Campanitas en la noche

Dormíamos tranquilamente en las sierras del centro de Italia, Anneli y yo. Dormíamos dentro de sueños en una noche iluminada por una luna inmensamente brillante. El silencio del campo ayuda a estar relajado y poder descansar siempre mejor que en las ruidosas ciudades. Dos perras, madre e hija, Brenda y Kaya, también dormían a nuestro lado compitiendo con nuestros ronquidos. Ni ellas ni nosotros podíamos diferenciar cuáles ronquidos eran humanos, y cuáles ronquidos eran perrunos.

De pronto, comenzamos a oír el sonido de unas campanitas que parecían acercarse volando hasta nuestra habitación. Primeramente no reaccionamos, porque no asimilábamos lo que acontecía. Luego, debido a la insistencia de las bellas campanitas, y por la mayor cercanía que las oíamos, más los ladridos de las perras que parecían sorprendidas, nos percatamos que estaba sucediendo algo fuera de nuestros sueños, en la mismísima realidad.

Las perras ladraban cada vez más, y tras vernos a nosotros despiertos, parecieron envalentonarse y se decidieron a salir de la casa para ver qué ocurría, para saber qué eran esas campanitas y qué es lo que querían. Anneli, la más decidida del grupo, saltó de la cama como catapultada por la curiosidad y salió a interceder entre las campanitas y las perras, entre el sueño aún confundido con la realidad.

Yo me quedé en la cama esperando novedades. Estaba muy cansado y no me decidía a despertarme completamente. Por otra parte, las campanitas a mí no me generaban más que ternura maternal. Musicalizaban mis ronquidos y creía que habían venido a acompañarme para que yo durmiera mejor. Me parecía encantador que por la noche, campanitas de las sierras, vinieran especialmente a brindarnos un concierto.

Anneli regresó a la cama, tan dormida como cuando despertó, y quizá ni supo si lo que dijo fue durante el sueño o viviendo en la realidad. Zambulléndose de nuevo en el colchón y protegiéndose de la fresca ventana de la habitación bajo el edredón me comentó: “las campanitas son de unas cabritas perdidas, y mientras buscan regresar a su hogar corren por las sierras haciendo sonar lo que les cuelgan para que los hombres del campo las encuentren”.

Luego que me dijera eso me di cuenta que Anneli nunca se había despertado y que en sus sueños imaginó a unas cabritas, y quizá sonámbula salió de la cama para ver qué sucedía. Porque, ¿cómo es posible que las cabritas volaran en la noche haciendo sonar unas campanas en tan hermosa melodía? Las perras y yo volvimos a roncar, y felices por saber que unas bellas campanitas nocturnas vinieran a musicalizar nuestro sueño con tan gesto dulce de amistad.
Gubbio, 2010
Avgvstinvs Eliyahu

6 comentarios:

Anónimo dijo...

la ragazza sta bene, grazie!

Anónimo dijo...

no sabía que eras padre! felicitaciones!

Anónimo dijo...

padre?

Anónimo dijo...

No es padre, sino la niña que esta bien es Anneli!!!

Anónimo dijo...

ti amo! Carla

Anónimo dijo...

ti amo?