enero 04, 2017

“La Argentina”

A Daniel Cichero


Estuve navegando en una fragata con dos nuevos amigos, Hipólito y Daniel, y el resto de la tripulación. Poco acostumbrado al mar, aunque pertenezco a las tierras que honran al marino William Brown, me sentí perdido en la inmensidad del agua, y temí tanto a ciertas olas que hasta un joven tripulante llamado Tomás Espora se rió de mí.

Partimos de una Buenos Ayres muy diferente a la que todos conocemos y flotamos hasta Madagascar. Allí tuvimos la oportunidad de liberar a unos pobres hombres que iban a ser vendidos como esclavos y, Dios quiso, se nos sumaron. Luego, entre muchas otras cosas, cerca de Malasia, fuimos atacados por unos piratas de aquellas costas. Después de resistirlos y de arrojar al mar a los más grandes, invitamos a los menores para que se nos uniesen en la travesía. Así es como, tras persistir, llegamos a Manila y nos quedamos en el puerto impidiendo con nuestros cañones, ¡sí, la nuestra era una fragata de guerra!, que cualquier buque enemigo comercializara con Filipinas.
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Las desventuras del oleaje nos llevó a Hawai. Tuvimos la oportunidad de conocer a su rey Kamehameha I y muchas bellas hembras. Desde ese paraíso nos llevamos a buenos soldados hawaianos y al inglés Corney, convertido en compatriota y en capitán del flamante barco escolta “Santa Rosa”, para juntos golpear Alta California y que el mundo entero supiera de nuestra aventura. Combatimos fuerte al enemigo de la libertad y de nuestra bandera. Ayudamos a la guerrilla mexicana que peleaba por sus tierras… y hasta un ruso se nos unió con las ansias de compartir las nuestras. Ni siquiera en Valparaíso pudieron detenernos tras el arresto injusto de nuestro capitán, porque liberados por un bravo Mariano Necochea pudimos regresar al norte y hasta el Perú, para participar en nuestra batalla final y unirnos al más genial de nuestros generales, el glorioso de San Martín.
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Daniel Cichero dejó por escrita nuestra aventura en su libro El corsario del Plata que habla de nuestro capitán Hipólito Bouchard al timón de la fragata “La Argentina”. Este marino de origen francés con destino americano supo llevar la bandera celeste y blanca victoriosa alrededor del mundo como nadie en la actualidad se atreve a hacerla flamear, aunque tímidamente, en la mismísima Plaza de Mayo…
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Yo estaré esperándolo en el puerto de Buenos Ayres, a mi capitán, soñando con ser parte de su tripulación. Porque esta otra, La Argentina, está hundiéndose en la politiquería y necesitamos con urgencia navegar con la esperanza que sólo nos la pueden proveer los grandes hombres con verdaderos ideales.
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Avgvstinvs Eliyahu
Tierras de Adrogué, Partido de Almirante Brown, 2006
(a dos cuadras de la calle Hipólito Bouchard)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que fantástico relato!, invita a cerrar los ojos, comprometer los sentidos y navegar con el corazón teñido de celeste y blanco.. pero volviendo a la realidad, razón tenés en decir que Argentina necesita navegar en la esperanza con hombres de verdad, que lleven a nuestra patria en el corazón.
Me preocupa mucho la generación actual joven y su desinterés. Serán las próximas donde se vuelquen las esperanzas ciegamente? Nacerá algún niño/s con la valentía, entereza, humildad, decisión y garra para que finalmente se tome al toro por las astas y barrer al olvido el polvo de los politiqueros chantas y avarientos y reclamar la bella patria, que aun sigue siendo, para el pueblo??
"Actions speak louder than words", y el chamullo es lo que Argentina siempre sabe hacer mejor.
Ana xx